La actividad solar crece. ¿Cuáles son los riesgos que entraña?

La actividad solar está en aumento, a medida que nos acercamos al máximo del ciclo solar 25. Pero ¿qué riesgos supone?

Alejandro Riveiro

Alejandro Riveiro

La actividad solar crece. Después de llegar al mínimo solar en 2019, el Sol está ya de lleno en el ciclo solar 25. La actividad máxima llegará entre 2025 y 2026. Será cuando podamos observar la mayor cantidad de manchas solares, y cuando podamos esperar más actividad. Pero ¿qué supone esto?

El ciclo solar y las tormentas solares

Aunque el Sol es una estrella que podemos considerar constante (en comparación a lo que popularmente se conocen como estrellas variables), lo cierto es que su actividad varía de forma muy ligera. Lo hace a lo largo de 11 años, en un período conocido como ciclo solar.

A diferencia de una estrella variable, el Sol cambia su producción de energía en apenas un 0,1% a lo largo de 11 años. Las estrellas que se consideran variables varían su producción en valores mucho más grandes y llamativos.

Pero esa pequeña diferencia es perfectamente observable, y perceptible, desde la Tierra. A lo largo del ciclo solar, la actividad de nuestra estrella varía. Durante el mínimo solar (que, además, marca el cambio de un ciclo solar a otro), hay más calma.

actividad solar crece riesgos

Nuestra estrella muestra menos manchas solares. Puede tener largos períodos, incluso, sin mostrar mancha solar alguna en su superficie. Sin embargo, durante el máximo solar, ocurre lo contrario. Las manchas solares pueden ser abundantes y frecuentes.

El estudio de la actividad solar resulta crucial para las estaciones espaciales

Esas regiones son, precisamente, las que provocan las eyecciones de masa coronal y las llamaradas solares. La monitorización de la actividad solar es cada vez más importante, porque puede afectar a la actividad en la Tierra y su entorno.

Cada vez tenemos más presencia en el espacio, en forma de satélites y hasta estaciones espaciales. En los próximos años, esa tendencia va a ir a más. Así que el estudio y monitorización de la actividad solar será cada vez más importante.

El impacto de la actividad solar en el espacio

Las llamaradas solares particularmente intensas (de clase X, la mayor), pueden afectar seriamente al funcionamiento de los satélites e, incluso, dejarlos fuera de servicio. En el caso de la Estación Espacial Internacional, es posible que se tome alguna medida.

Si la tormenta solar se considera suficientemente intensa, se puede pedir a la tripulación que se desplace a la sección de la estación que tiene mejor protección contra la radiación.

Por otro lado, no todas las llamaradas y tormentas nos afectan.

Las llamaradas solares que pueden afectar a la Tierra son aquellas que suceden en el lado del Sol que podemos ver desde el planeta. En el caso de las eyecciones de masa coronal, tienen que ser emitidas en la dirección de la Tierra.

actividad solar crece riesgos

Con el paso del tiempo, los satélites que se despliegan están cada vez mejor preparados para enfrentarse a las inclemencias de la meteorología espacial.

Una tormenta solar suficientemente fuerte podría afectar al GPS

Pueden hacerlo, incluso, de forma indirecta. Las tormentas solares afectan a las capas altas de la atmósfera y la ionosfera, causando problemas en las comunicaciones de radio y, también, afectando a la órbita de los satélites más cercanos al planeta.

Esto se debe, simplemente, a que se encuentran con una mayor fricción con la atmósfera, de lo planeado inicialmente. Como consecuencia, su velocidad orbital se reduce y el tiempo que pueden permanecer en órbita (si no reciben un impulso) disminuye.

El impacto de la actividad solar en la superficie

¿Y qué hay de las tormentas solares y su impacto en la Tierra en sí? Lo cierto es que la atmósfera nos protege de las tormentas solares. Así que, desde el punto de vista de la vida, son fenómenos que resultan completamente inofensivos.

La atmósfera nos protege de las tormentas solares

Una consecuencia muy espectacular, de las tormentas solares, es la aparición de auroras en las regiones cercanas a los polos terrestres. Es, probablemente, el mejor recordatorio de que nuestro planeta es parte de un sistema mucho más grande.

Si la tormenta solar es lo suficientemente fuerte, puede llegar a producir apagones y cortes de suministro en ciertas regiones del mundo. Sucedió así en Quebec (Canadá) en marzo de 1989. Una potente tormenta solar sobrecargó la red eléctrica de la región.

Riesgos actuales de la actividad solar

El suministro eléctrico se vio interrumpido durante varias horas. Más lejano en el tiempo es el Evento Carrington, que tuvo lugar en 1859. Una potente tormenta solar afectó a la Tierra, provocando auroras que fueron visibles muy lejos de lo habitual.

En 1859, una potente tormenta solar provocó auroras boreales visibles muy lejos de lo habitual

Llegaron a observarse en el Caribe, Colombia o el sur de España. En aquella época, la instalación eléctrica apenas daba sus primeros pasos. Se produjeron incendios del tendido eléctrico y los operadores de telégrafo informaban de calambrazos con el equipo desconectado.

En el presente, algo como el Evento Carrington, de no tomar las medidas adecuadas, tendría consecuencias catastróficas. En los escenarios más pesimistas, podría dejarnos sin electricidad durante meses. Pero desde hace años se están tomando medidas para mitigar su impacto.

A fin de cuentas, tarde o temprano llegará alguna tormenta solar así de potente. Lo importante, en este caso, es tener presente que las tormentas solares son un problema más para nuestra tecnología que para nosotros. Y cada vez estamos mejor preparados para hacerles frente.

NOTICIAS RELACIONADAS