La Amazonia se seca: el pulmón verde empieza a fallar y cambia incluso el tiempo en España
La Amazonia recibe cada vez menos lluvia y ese cambio está afectando el clima de la región pero tambien de otras zonas del planeta
Mario Picazo
Durante décadas, la selva amazónica ha funcionado como uno de los grandes reguladores del clima en Sudamérica. Pero los cambios que experimenta el principal pulmón del planeta se dejan sentir en muchos rincones de la Tierra.
No solo almacena carbono o alberga millones de especies, también mantiene activo un complejo sistema de lluvias que afecta a regiones muy alejadas de la propia selva.
Sin embargo, las señales de alerta sobre su metamorfosis son cada vez más claras, ya que la Amazonía recibe menos lluvia que antes y este proceso se acelera.

Un descenso de lluvias que se puede cuantificar y monitorear
Desde principios de los años 80, las precipitaciones han disminuido de forma constante en amplias zonas del sur de la cuenca amazónica. Los registros climáticos muestran una reducción acumulada de entre el 8 % y el 11 %. Es una cifra significativa para un ecosistema que depende de lluvias frecuentes y regulares
Los datos de lluvia acumulada muestran una reduccion de entre el 8 y 11% o entre 4 y 5 milímétros al año
Este descenso equivale a perder, de media, entre 4 y 5 milímetros de lluvia al año. Puede parecer poco en un solo ejercicio, pero tras casi cuatro décadas, el déficit hídrico se vuelve evidente y empieza a afectar tanto a la vegetación como al clima regional. Una vez la vegetación se ve afectada, el impacto se extiende a muchas especies animales de la región.
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Menos árboles, menos humedad en el aire
Según recientes estudios, el motivo principal de estos cambios está en la deforestación. Los árboles amazónicos liberan grandes cantidades de vapor de agua a la atmósfera mediante la evapotranspiración. Ese vapor de agua resulta esencial para el ciclo hidrológico de la región.
Aproximadamente tres cuartas partes del agua que cae como lluvia vuelve al aire gracias a este proceso, alimentando nuevas nubes y manteniendo la humedad ambiental.
Pero cuando el bosque desaparece, este mecanismo se rompe. El suelo desnudo absorbe menos agua, aumenta la escorrentía y se pierde la capacidad natural de reciclar la humedad. El resultado es un ambiente más seco y con menos formación de nubes.

El debilitamiento de los flujos de humedad
La Amazonía no solo produce lluvia local, también genera enormes corrientes de vapor de agua que viajan por la atmósfera desde el Atlántico hacia el interior del continente. Estos flujos de humedad son fundamentales para que llueva en zonas agrícolas y urbanas situadas a cientos o incluso miles de kilómetros del corazón de la selva.
A medida que ha ido aumentando la deforestación, estos corredores de humedad se han ido debilitando.
La cantidad de vapor disponible disminuye y, en muchos casos, la humedad acaba saliendo de la cuenca amazónica sin transformarse en lluvia. Esto contribuye a estaciones más secas, más largas y menos predecibles.
Más sequías, más calor y más incendios
La reducción de las lluvias tiene efectos directos sobre el tiempo y el clima en la región. Las estaciones secas se alargan cada vez más, las temperaturas medias aumentan y el riesgo de incendios forestales crece de forma notable.
Cada incendio destruye más vegetación, lo que a su vez reduce aún más la humedad disponible, creando un círculo difícil de frenar.
Los modelos climáticos indican que, si esta tendencia continúa, algunas zonas podrían dejar de comportarse como selva húmeda y evolucionar hacia paisajes más secos. Con una vegetación degradada y menor capacidad de recuperación, sería como desencadenar una cascada de eventos que podrían convertir la región en un punto de no retorno.

Un problema regional con impacto global
El deterioro del régimen de lluvias amazónico no es solo un asunto local. La selva influye en el clima de gran parte de Sudamérica y actúa como un importante regulador del carbono atmosférico. Su degradación favorece el calentamiento global y contribuye a la alteración de los patrones meteorológicos a escala planetaria.
Cada hectárea de bosque que se pierde no solo reduce la biodiversidad, sino que debilita uno de los sistemas climáticos más importantes del planeta. De hecho, hay estudios que relacionan los cambios que se están produciendo en la región con alteraciones en la dinámica atmosférica que afecta a zonas de Europa y África al otro lado del Atlántico.
La región del Amazonas libera grandes cantidades de vapor de agua que influyen en la circulación general de la atmósfera. A menor cantidad de vapor se altera el gradiente térmico entre latitudes medias y tropicales. Al final, ese cambio de escenario afecta al régimen de vientos que cruza el Atlántico.
Impacto en el clima de España
Esos nuevos escenarios atmosféricos ayudan a que las ondas atmosféricas sean más marcadas, con bloqueos persistentes. En España, por ejemplo, estos bloqueos se traducen en olas de calor más largas en verano y en episodios secos prolongados, especialmente en la mitad sur y el Mediterráneo.
La reducción de la humedad global también afecta al comportamiento de las borrascas atlánticas. Un Atlántico más cálido y una atmósfera más cargada de energía provocan precipitaciones más irregulares. Normalmente se registran largos periodos sin lluvia seguidos de episodios muy intensos.