La Concha, sala de espera del Cantábrico: una cría de foca gris se tumba en plena playa a descansar
La presencia de una cría de foca gris en La Concha obligó a activar el protocolo de vigilancia para fauna marina en pleno centro de San Sebastián.
María Rivas
La mañana del viernes 6 de febrero rompió la rutina en la playa de La Concha. Sobre la arena, a la altura de Alderdi Eder, apareció una cría de foca gris tumbada, inmóvil, ajena al tráfico de corredores, paseantes y turistas. No era una escena de auxilio ni de rescate urgente. Era otra cosa: una pausa.
El avistamiento se produjo en torno a las 9:45 horas. Poco después, el animal seguía descansando cerca de la orilla mientras se acumulaban miradas y cámaras al otro lado de la barandilla. En playas urbanas como esta, el problema no suele ser la fauna. Es el entorno. Por eso, desde primera hora se activó el protocolo de vigilancia para fauna marina.
Agentes de la Ertzaintza y personal del Servicio de Fauna y Flora de la Diputación de Gipuzkoa acordonaron la zona. La consigna era clara: distancia. No por dramatismo, sino por prevención. Una foca joven puede reaccionar de forma defensiva si se siente rodeada, y el estrés es uno de los principales factores que complican estos episodios.
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No estaba perdida: estaba cansada
La evaluación de los especialistas fue tranquilizadora. El ejemplar se encontraba en buen estado de salud, aunque visiblemente agotado. Un comportamiento coherente con lo que ocurre cada invierno en el Cantábrico. Cuando el mar se vuelve más duro, algunas focas —especialmente juveniles— buscan zonas resguardadas para descansar del oleaje y recuperar fuerzas.
No es una anomalía ni una desorientación. Es una estrategia natural. En esta época del año, estos animales pueden desplazarse hacia el sur desde latitudes más septentrionales, como Francia o el entorno británico, y detenerse puntualmente en la costa. La arena es solo una estación intermedia.
El objetivo del dispositivo era permitir que la cría regresara al agua por sus propios medios, aprovechando la subida de la marea. Mientras tanto, el seguimiento continuó activo para evitar acercamientos innecesarios, ruidos o intentos de “ayuda” improvisada.
Desde la red vasca Sareus se repitieron las recomendaciones habituales: no tocar, no gritar, atar a las mascotas y no intervenir si el animal está vivo. En caso de detectar un ejemplar varado o con signos de lesión, el aviso debe hacerse siempre al 112. A veces, la mejor forma de proteger la vida salvaje no es actuar, sino saber cuándo hacerse a un lado.