La Gran Muralla China se congela y convierte sus escalones en una trampa de hielo para turistas
La llegada del invierno a Pekín deja imágenes poco habituales en la Gran Muralla, con hielo persistente, escalones impracticables y turistas avanzando con extrema cautela.
Javier Castaño
El invierno ha entrado con fuerza en el norte de China. Y lo ha hecho dejando imágenes tan llamativas como incómodas en uno de los enclaves más visitados del planeta. La primera gran nevada de finales de diciembre ha cubierto de hielo amplios tramos de la Gran Muralla China, alterando por completo la experiencia de quienes se encontraban recorriéndola.
No fue solo nieve. Las temperaturas muy bajas, sostenidas durante horas, favorecieron la formación de una capa de hielo casi invisible sobre la piedra. Pulida por siglos de uso. Traicionera. En especial en los tramos más empinados y expuestos al viento.
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Los vídeos que se han viralizado en redes sociales lo muestran con claridad. Turistas avanzando despacio. Demasiado despacio. Manos aferradas a las barandillas metálicas. Pasos cortos. Dudas constantes. Y, aun así, resbalones inevitables.
En algunos puntos, la prudencia dejó paso a soluciones improvisadas. Hubo quienes optaron por bajar sentados, deslizándose escalón a escalón como si la muralla se hubiera convertido, por unas horas, en un tobogán helado. Una escena poco habitual en un monumento con más de dos mil años de historia.
La nevada también redujo la visibilidad durante parte de la jornada. El paisaje cambió. Piedra oscura, cielo plomizo, nieve acumulada. Un contraste potente que atrajo a fotógrafos y curiosos, pese a las condiciones claramente adversas.
Cuando el frío reescribe el recorrido de la Gran Muralla China
Construida entre el siglo V a. C. y el siglo XVI, la Gran Muralla se extiende a lo largo de más de 21.000 kilómetros y atraviesa zonas donde el invierno es especialmente duro. No es extraño que la nieve haga acto de presencia. Lo singular fue la persistencia del hielo, incluso durante las horas centrales del día.
El viento, frecuente en las cotas más altas, acentuó la sensación térmica y complicó aún más el tránsito. El resultado: un recorrido exigente convertido en un desafío real.

Los equipos de mantenimiento actuaron desde primeras horas, retirando nieve y aplicando sal en los tramos más transitados. Aun así, la intensidad del episodio superó por momentos la capacidad de respuesta. La muralla seguía resbalando.
La vigilancia se reforzó en los puntos más delicados. Las recomendaciones fueron claras: evitar las zonas altas, extremar la precaución y contar con calzado adecuado. Especial atención a personas mayores y a familias con niños.