La isla de Navidad se tiñe de rojo con el inicio de la migración de los cangrejos
La isla de Navidad vuelve a teñirse de rojo con el inicio de la migración de millones de cangrejos hacia el océano Índico.
Mario Picazo
Cada año, cuando las primeras lluvias llegan a la isla de Navidad, el paisaje se transforma. Millones de cangrejos rojos abandonan sus madrigueras en el bosque tropical y avanzan hacia el mar, cubriendo carreteras, jardines y senderos.
No hay límites: atraviesan muros, escaleras y hasta las fachadas de las casas. Todo el territorio, un punto diminuto del océano Índico a 1.500 kilómetros del continente australiano, se convierte en un tapiz en movimiento.
La migración es la señal el inicio de la temporada húmeda además de un momento (y situación) en el que la vida humana se adapta al ritmo de estos crustáceos. De esta manera, las carreteras se cierran, los coches se detienen y la rutina se para.
Los isleños utilizan rastrillos y sopladores de hojas para despejar el paso sin dañar a los animales, que continúan su lento avance hacia las playas donde desovan cada año.
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Un evento más allá de lo animal
El fenómeno está guiado por un equilibrio natural que combina lluvias, mareas y fases lunares. La migración se sincroniza con el cuarto menguante, cuando las hembras liberan millones de huevos al mar antes del amanecer.
En cuanto los huevos tocan el agua, eclosionan y las larvas quedan a merced de las corrientes oceánicas. Solo una pequeña parte sobrevive al viaje y logra regresar semanas después a tierra firme, convertida en diminutos cangrejos de apenas cinco milímetros.
En los últimos años, el número de ejemplares ha aumentado de forma notable. La población, que a comienzos de siglo se estimaba en unos 55 millones, supera ahora los 100 millones de individuos. Este crecimiento se debe al control de las hormigas locas amarillas, una especie invasora que amenazaba a los cangrejos y cuya expansión ha sido contenida mediante una pequeña avispa introducida en el ecosistema.
El espectáculo natural atrae cada año a visitantes de todo el mundo. Flying Fish Cove y Ethel Beach son algunos de los lugares más concurridos para observar el paso de los crustáceos hacia el océano. Desde el aire, las imágenes captadas por drones muestran un paisaje casi irreal: una marea roja que serpentea entre la selva y la costa.
Se espera que el gran desove tenga lugar entre el 15 y el 16 de noviembre, con un segundo episodio posible en diciembre. Después, el silencio volverá a la isla, y el bosque retomará su calma habitual. Hasta que, un año más, la lluvia despierte de nuevo a los cangrejos y el suelo vuelva a moverse.