La niebla levanta un nuevo Dubái: una ciudad partida en dos entre nubes y asfalto

Un manto de niebla transforma Dubái en una ciudad flotante mientras 19 vuelos son desviados y Emiratos impulsa nuevas operaciones de siembra de nubes.

Javier Castaño

La ciudad amaneció envuelta en un escenario que parecía obra de un director con exceso de imaginación. Una niebla densa y muy bajita transformó el perfil urbano en un mosaico de torres flotantes, como si la urbe hubiese quedado atrapada entre el sueño y la superficie del mar.

Las imágenes, captadas desde aviones y compartidas sin tregua en redes, mostraban una capital casi suspendida en otro plano.

En paralelo a esta postal tan comentada, la realidad operativa se volvió menos amable. El Aeropuerto Internacional de Dubái confirmó el desvío de 19 vuelos tras una caída brusca de visibilidad. Flydubai reconoció retrasos y cancelaciones, mientras Sharjah pedía a los viajeros que confirmaran sus rutas antes de acercarse a la terminal.

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El Centro Nacional de Meteorología activó alertas rojas en varios emiratos por visibilidad inferior a 500 metros. Un episodio intenso, aunque típico del invierno: humedad alta, noches frías y viento casi inexistente.

Entre nubes reales y nubes sembradas: la atmósfera como laboratorio

La mañana de niebla coincidió con otro frente de trabajo meteorológico. Emiratos continúa ampliando sus operaciones de siembra de nubes, una técnica con cierto aire futurista que busca producir más lluvia en un país con escasa precipitación.

El NCM suma ya más de 180 vuelos dedicados a estas misiones, que liberan partículas capaces de estimular la formación de gotas de agua.
Un esfuerzo costoso, sí, pero clave para la gestión hídrica en una región donde cada litro cuenta.

Y así quedó la jornada: una ciudad difuminada bajo un manto blanco, una operativa aérea tensionada y un país que combina fenómenos naturales con intervenciones tecnológicas para entender —y redibujar— su propia atmósfera.