La ola de calor que ha asfixiado Europa habría sido “prácticamente imposible” sin el cambio climátic
El calor extremo de junio en Europa occidental es ya una señal clara del calentamiento global. El 45% de las ciudades analizadas en 30 países ha batido, o se espera que bata, su récord histórico de estrés térmico.
Mar Gómez
Europa ha vivido una ola de calor que no puede explicarse solo por la variabilidad natural del clima. detrás está el cambio climático.
Según un análisis rápido realizado por World Weather Attribution, la ola de calor que está batiendo récords en Europa occidental durante este mes de junio habría sido prácticamente imposible hace solo unas décadas sin el calentamiento global provocado por la actividad humana.
El dato más llamativo es este: de las 854 ciudades analizadas en 30 países europeos, el 45% ya ha batido, o se espera que bata, su récord histórico de estrés térmico.

¿Qué es el estrés térmico y por qué es tan peligroso?
Cuando hablamos de calor extremo no basta con mirar el termómetro. También importan la humedad, el viento, la radiación solar y la capacidad del cuerpo para enfriarse mediante el sudor.
Por eso los científicos han utilizado un indicador llamado WBGT, siglas en inglés de Wet Bulb Globe Temperature. Es una medida del estrés térmico que ayuda a entender cuánto sufre realmente el cuerpo humano ante el calor.

La clave es sencilla: cuando hace mucho calor y además hay humedad, el sudor se evapora peor. Y si el sudor no se evapora bien, el cuerpo pierde una de sus principales formas de enfriarse. Por eso el calor húmedo puede ser mucho más peligroso que el calor seco.
Este tipo de situación afecta especialmente a personas mayores, niños, embarazadas, personas con enfermedades crónicas, trabajadores al aire libre y quienes viven en viviendas mal aisladas o sin acceso a espacios frescos.
El calor mata más en Europa que cualquier otro riesgo natural
Las olas de calor son el fenómeno natural que más muertes provoca en Europa, por encima de inundaciones, tormentas u otros eventos extremos. En el verano de 2022, uno de los más duros registrados en el continente, se contabilizaron más de 60.000 muertes relacionadas con el calor.
Por eso los expertos advierten de que este episodio no debe verse solo como “unos días de mucho calor”. Las temperaturas extremas sostenidas, especialmente cuando las noches no refrescan, aumentan el riesgo de golpes de calor, deshidratación, problemas cardiovasculares, agotamiento térmico y complicaciones respiratorias.
Un domo de calor sobre Europa: la ola de calor extrema
La causa meteorológica inmediata de este episodio es un patrón de altas presiones bloqueado sobre Europa. Esta situación actúa como una especie de domo de calor.
Bajo ese domo, el aire caliente queda atrapado durante varios días. El aire desciende, se comprime y se recalienta. Además, la configuración atmosférica favorece la llegada de aire muy cálido desde el Sáhara hacia Europa.
El resultado es una combinación peligrosa: calor intenso durante el día, noches sofocantes y una sensación térmica elevada por la humedad en muchas zonas.

Los científicos de World Weather Attribution analizaron datos observados y previstos para estudiar el periodo de tres días más cálido dentro de una amplia región europea situada bajo este domo de calor. Su conclusión es contundente: el cambio climático es el factor que está impulsando la gravedad de este episodio.
Lo que antes era imposible, ahora ocurre por el cambio climático
El análisis compara el clima actual, con aproximadamente 1,4 ºC de calentamiento global, con climas más frescos del pasado: el de 2003, unos 0,6 ºC más frío, y el de 1976, unos 1,1 ºC más frío.
La conclusión principal es que tanto las máximas diurnas como las temperaturas nocturnas observadas durante esta ola de calor habrían sido virtualmente imposibles en esta época del año en un clima como el de 1976, hace solo 50 años.
En aquel clima, una ola de calor similar habría sido alrededor de 3,5 ºC más fresca.
Dicho de otra forma: el mismo patrón meteorológico que hoy dispara las temperaturas habría producido un calor mucho menos extremo hace unas décadas.
Las noches cálidas son ahora 100 veces más probables que en 2003
Otro dato muy relevante tiene que ver con las temperaturas nocturnas. Las noches extremadamente cálidas que están impidiendo descansar a millones de personas en Europa son hoy unas 100 veces más probables que durante el clima de 2003, el año de una de las olas de calor más mortíferas del continente.
Los picos de calor durante el día también se han vuelto mucho más probables: según el análisis, son ahora unas 10 veces más probables que en el clima de 2003.

Esto significa que el cambio climático no solo aumenta las temperaturas máximas. También está transformando las noches, que cada vez refrescan menos durante los episodios de calor. Y eso es especialmente peligroso para la salud, porque el cuerpo necesita que la temperatura baje durante la noche para recuperarse.
Una nueva realidad climática para Europa
El análisis de World Weather Attribution deja una conclusión clara: Europa ya está viviendo una realidad climática distinta.
Las olas de calor son más frecuentes, más intensas y más peligrosas que hace unas décadas. Episodios que antes habrían sido prácticamente imposibles se están convirtiendo en eventos cada vez más probables.
Y el riesgo no termina cuando baja la temperatura máxima. Las noches cálidas, la humedad, la falta de descanso y la exposición prolongada al calor son factores que multiplican el impacto sobre la salud.
El calor extremo ya no es una amenaza futura. Está ocurriendo ahora. Y cada décima adicional de calentamiento hará que episodios como este sean todavía más duros.