La quema de combustibles fósiles agrava las olas de calor en Europa
El estudio de atribución realizado para la ola de calor de junio muestra una clara relación con la quema de combustibles fósiles.
Mario Picazo
Europa está viviendo una nueva realidad climática. Lasolas de calor que hace solo unas décadas habrían sido excepcionales, e incluso prácticamente imposibles en junio, se están convirtiendo en episodios cada vez más probables, intensos y peligrosos.
El último análisis de World Weather Attribution confirma que las emisiones procedentes de los combustibles fósiles han acelerado de forma clara el calentamiento extremo en Europa occidental, hasta el punto de que una situación atmosférica similar a la de los años setenta o principios de este siglo produce ahora temperaturas mucho más altas.
Una ola de calor histórica en pleno mes de junio
La ola de calor de junio de 2026 ha afectado a amplias zonas de Francia, Alemania, Italia, España y el sur de Inglaterra, con temperaturas entre 5ºC y 12ºC por encima de los valores habituales para la época. Lo más llamativo es que se ha producido en junio, un mes que tradicionalmente no era el más caluroso del verano en Europa occidental.
El episodio ha estado impulsado por una situación persistente de altas presiones, cielos despejados, fuerte insolación y entrada de aire muy cálido desde el norte de África.
Este tipo de patrón atmosférico no es nuevo, pero sí lo es la respuesta térmica actual: con una atmósfera de base más cálida, el mismo escenario meteorológico genera temperaturas mucho más extremas que en el pasado.

El cambio climático amplifica la intensidad del calor
Según el análisis, una ola de calor similar habría sido alrededor de 3,5 ºC más fresca durante el día en 1976 y unos 2 ºC más fresca en 2003. Durante la noche, las diferencias también son muy importantes: las mínimas habrían sido unos 2,4 ºC más bajas en 1976 y cerca de 1,3 ºC más bajas en 2003.
Este dato es clave porque las noches tropicales y tórridas reducen la capacidad del cuerpo para recuperarse del estrés térmico diurno.
Cuando las temperaturas nocturnas se mantienen elevadas durante varios días seguidos, aumenta el riesgo para personas mayores, enfermos crónicos, niños pequeños, trabajadores al aire libre y población vulnerable que vive en viviendas mal aisladas o sin sistemas adecuados de refrigeración.
Junio se calienta más rápido en gran parte de Europa occidental
Una de las conclusiones más relevantes del estudio es que junio se está calentando con especial rapidez en amplias zonas de Europa occidental.
Las temperaturas máximas extremas aumentan aproximadamente al triple del ritmo del calentamiento global medio, mientras que las mínimas nocturnas lo hacen alrededor del doble.
Esto significa que el calentamiento no se reparte de forma uniforme. Europa, y en particular el entorno mediterráneo y occidental, se está calentando más rápido que la media del planeta. En la práctica, esto se traduce en olas de calor más tempranas, más largas y con valores que baten récords antes de que llegue el corazón del verano.

Calor extremo, salud y mortalidad en Europa
Las olas de calor son el fenómeno meteorológico extremo que más muertes causa en Europa. En el verano de 2022 se atribuyeron más de 60.000 fallecimientos al calor extremo en el continente, y en 2023, pese a ser un verano menos extremo, se estimaron más de 47.000 muertes relacionadas con las altas temperaturas.
El calor afecta al organismo de forma silenciosa pero muy eficaz. Uno de los principales problemas es que agrava enfermedades cardiovasculares y respiratorias. También favorece la deshidratación, aumenta el riesgo de golpe de calor y dispara la presión sobre los sistemas sanitarios.
Por otra parte, el envejecimiento de la población europea incrementa la exposición al riesgo, especialmente en ciudades densas y con viviendas poco adaptadas al calor prolongado.
Las ciudades, el punto más vulnerable
El riesgo térmico se concentra de forma especial en las áreas urbanas. El efecto isla de calor, el asfalto, la falta de sombra, la escasez de zonas verdes y los edificios antiguos elevan las temperaturas respecto al entorno rural.
Durante los episodios extremos, muchas ciudades no solo sufren máximas muy altas durante el día, sino también noches muy cálidas que dificultan el descanso.
El estudio de atribución resalta que una parte muy elevada de las regiones urbanas europeas ha registrado o se ha acercado a récords de estrés térmico.
El indicador empleado combina datos de temperatura y humedad, dos factores decisivos para la capacidad del cuerpo humano de refrigerarse mediante la sudoración.
En situaciones en las que el ambiente es cálido y húmedo, el calor se vuelve más peligroso, incluso cuando los valores de temperatura no alcanzan valores aparentemente extremos.

España, en primera línea del nuevo calor europeo
España es uno de los países más expuestos a esta nueva generación de olas de calor. En nuestro país se junta el aire africano, con suelos secos, elevados valores de insolación, la presencia de noches tropicales y un Mediterráneo que cada vez es más cálido.
Todo eso favorece episodios de calor más intensos y persistentes. Además, la presión sobre los recursos hídricos y el riesgo de incendios aumentan cuando las altas temperaturas coinciden con sequedad acumulada.
El calentamiento del mar Mediterráneo amplifica esta situación al incorporar un factor adicional. Con el agua más cálida, las noches son más húmedas y bochornosas en zonas costeras. Es una situación recurrente que dificulta la recuperación térmica.
En el interior peninsular, las masas de aire muy cálido y la falta de humedad favorecen máximas extremas, especialmente en valles, depresiones y grandes áreas urbanas.
Infraestructuras y energía bajo presión
Pero el calor extremo no solo afecta la salud, sino que también impacta en el transporte, la energía, la agricultura, la educación y la vida cotidiana. Las vías del tren pueden sufrir dilataciones, los tendidos eléctricos trabajan al límite; aumenta la demanda de refrigeración y se dispara el consumo energético en los picos de calor.
En otras zonas de Europa, este problema también se agrava cuando los ríos registran caudales bajos y temperaturas elevadas, ya que algunas centrales eléctricas dependen del agua para sus sistemas de refrigeración.
Simultáneamente, millones de hogares vulnerables enfrentan una nueva forma de pobreza energética. El no poder mantener una temperatura de confort en casa durante los episodios de calor extremo.
La señal de los combustibles fósiles es clara
La conclusión de fondo es clara: las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes del carbón, el petróleo y el gas han hecho que estas olas de calor sean mucho más probables y más intensas. Lo que antes era una rareza climática se está integrando en la normalidad del verano europeo.
El estudio subraya que, con aproximadamente 1,4 ºC de calentamiento global respecto a la era preindustrial, Europa ya está experimentando episodios que ponen al límite la capacidad de adaptación de ciudades, hospitales, viviendas, redes eléctricas y sistemas de transporte.
Si las emisiones continúan, el calor extremo seguirá escalando.

La adaptación al calor extremo es hoy una necesidad
Reducir la quema de combustibles fósiles y así las emisiones sigue siendo esencial para evitar escenarios mucho más severos, pero Europa también necesita adaptarse con rapidez al calor que ya forma parte del presente.
Las ciudades deben ganar sombra, vegetación, agua, refugios climáticos, pavimentos menos absorbentes y edificios mejor aislados.
También hacen falta planes de salud pública más eficaces, alertas tempranas comprensibles y protección específica para trabajadores al aire libre, personas mayores y población con menos recursos.
La ola de calor de junio de 2026 no debe interpretarse como un episodio aislado, sino como una advertencia. El clima europeo ha cambiado en muy poco tiempo y las olas de calor actuales ya no son comparables a las de hace unas décadas.
La atmósfera es más cálida, las noches son más difíciles de soportar y los récords caen cada vez antes. Europa entra en una etapa en la que prepararse para el calor extremo será tan importante como reducir las emisiones que lo están alimentando.