La sequía que está dejando a Estados Unidos sin margen frente al agua, el fuego y el calor
Más del 60% de Estados Unidos sufre sequía, con impactos crecientes en cultivos, incendios forestales y recursos hídricos.
Mario Picazo
Estados Unidos atraviesa uno de los episodios de sequía más extensos e intensos de las últimas décadas.
Según los últimos datos recopilados, más del 60% del territorio estadounidense presenta condiciones de sequía, mientras que más del 20% ya se encuentra en situación de sequía extrema, una combinación poco frecuente por su intensidad y la enorme extensión geográfica afectada.
Los expertos que monitorean este tipo de fenómenos advierten que no se trata de un episodio aislado.
Es una situación especialmente preocupante porque afecta simultáneamente a regiones muy distintas del país y amenaza con agravar los problemas de abastecimiento de agua, los incendios forestales y las pérdidas agrícolas.
La sequía es especialmente notable en los estados del oeste, al sur de las Grandes Llanuras y en buena parte del sureste del país. Una de las anomalías que más preocupan a los expertos es que incluso zonas del noroeste, que normalmente escapan a estos patrones más secos, también registran déficits importantes de precipitación.
Por eso, y aunque el país americano ha vivido episodios de sequía muy severos, especialmente en estados como California, la amplitud territorial convierte este episodio en uno de los más destacados de las últimas décadas.

La Niña, fenómeno clave para agravar la sequía
Uno de los factores meteorológicos que ha contribuido a esta sequía ha sido el comportamiento de La Niña durante el otoño y el invierno pasados.
Este fenómeno oceánico-atmosférico suele favorecer patrones más secos en buena parte del sur de Estados Unidos, pero en esta ocasión los climatólogos destacan que su comportamiento ha sido especialmente anómalo por la persistencia y la amplitud del déficit de lluvias.
Las aguas más frías del Pacífico ecuatorial han alterado la circulación atmosférica,reduciendo la llegada de sistemas lluviosos y prolongando la falta de precipitaciones en amplias regiones del país.
A este patrón natural se suma, además, el trasfondo del calentamiento global, que favorece temperaturas más altas y una mayor evaporación del suelo. Cuando coinciden ambos factores, el terreno pierde humedad con rapidez, los embalses se resienten y la vegetación se convierte en combustible potencial para incendios.
Incendios y escasez de agua para la agricultura
La escasez de agua desde hace meses ha tenido un impacto considerable en la agricultura estadounidense.
Los cultivos de secano y muchas explotaciones ganaderas sufren el impacto directo de la escasez de humedad del suelo, mientras que en algunas regiones agrícolas los rendimientos ya muestran señales de deterioro.
En estados agrícolas clave como Kansas, las previsiones apuntan a una de las peores campañas de las últimas décadas, con cosechas muy por debajo de lo habitual debido a la combinación de sequía, calor y otros fenómenos meteorológicos extremos. No es la primera vez, aunque parece que las sequías son cada vez más intensas y duraderas.
El riesgo de incendios forestales también ha aumentado con el paso del tiempo. En varios estados ya se han registrado miles de incendios en lo que va de año. Se han visto favorecidos por el calor, la falta de lluvias y la sequedad acumulada en la vegetación. Los expertos advierten de que, sin lluvias persistentes, el riesgo seguirá siendo elevado durante semanas o incluso meses.
La presión sobre los recursos hídricos es otra de las principales preocupaciones. En algunas cuencas clave del oeste, como la del río Colorado, las autoridades estudian nuevos recortes en el suministro de agua ante la persistencia de la sequía y el descenso de las reservas disponibles.
La situación vuelve a poner sobre la mesa el enorme reto de gestionar el agua en un país cada vez más expuesto a periodos prolongados de escasez.

¿Cuándo volverán las tan ansiadas precipitaciones?
Los climatólogos insisten, al ver las predicciones mensuales y estacionales, en que el alivio no llegará de inmediato.
Aunque algunos cambios en la circulación atmosférica podrían provocar precipitaciones puntuales en determinadas zonas, la recuperación tras una sequía de esta magnitud requiere lluvias persistentes durante semanas o incluso meses.
Además, cuando los suelos están extremadamente secos, parte de esa lluvia inicial no siempre se traduce en una recuperación rápida de los embalses ni de los acuíferos. Hace falta que caiga agua de forma continua durante semanas o meses para que el suelo se recupere.
Otro riesgo añadido es que el final de una sequía severa no siempre llega de forma gradual.
A veces el patrón puede cambiar bruscamente y dar paso a lluvias torrenciales, inundaciones repentinas o tormentas severas, lo que complica aún más la gestión del territorio. Los extremos hidrológicos son cada vez más frecuentes en un clima más cálido.

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Un aviso del clima extremo que puede repetirse
Los expertos recuerdan que Estados Unidos no es ajeno a las sequías, pero la combinación actual de extensión geográfica, intensidad y duración convierte este episodio en uno de los más preocupantes de las últimas décadas.
Es un escenario que preocupa cada vez más a la comunidad científica. En un planeta más cálido, las sequías pueden volverse más frecuentes e intensas, con impactos económicos y ambientales mucho mayores.
La sequía que ahora afecta a Estados Unidos es, en realidad, mucho más que un problema de falta de lluvia: es una señal de cómo el clima extremo puede alterar la agricultura, el suministro de agua, los ecosistemas y la economía de todo un país cuando la atmósfera se encuentra en desequilibrio durante demasiado tiempo.