Las presas entran en fase de vigilancia mientras España sigue empapándose por las borrascas
La persistencia de las lluvias y la llegada de nuevas borrascas sitúan a la gestión hidráulica en el centro del episodio, con vigilancia y desembalses técnicos.
Javier Castaño
No es sólo que siga lloviendo. Es cómo está lloviendo y sobre qué terreno. Tras varios días de precipitaciones persistentes asociadas a la borrasca Leonardo, y con una nueva borrasca de alto impacto en camino, Marta, la gestión de presas y embalses ha pasado a un plano clave dentro del episodio meteorológico.
Las cuencas llegan a este nuevo envite con el suelo saturado, ríos crecidos y embalses que reciben aportes constantes. En ese contexto, la palabra que más se repite en los centros de control no es emergencia, sino anticipación. Porque cuando el sistema ya está cargado, cada milímetro cuenta.
Desembalsar antes de que llegue el pico
En varias cuencas peninsulares, especialmente del sur y el oeste, las confederaciones hidrográficas han activado un seguimiento continuo de presas estratégicas. No por un problema estructural, sino por gestión preventiva.
Los desembalses que se están realizando responden a un principio básico de seguridad hidráulica: liberar volumen antes de que lleguen los mayores aportes. Así se evita que los embalses alcancen niveles críticos justo en el momento de máximas lluvias.
Estas maniobras, técnicas y controladas, buscan laminar avenidas, reduciendo los picos de caudal aguas abajo. En grandes embalses el efecto puede ser menos perceptible. En presas más pequeñas o con cuencas de respuesta rápida, cualquier ajuste se nota casi de inmediato en los ríos.
No es una decisión aislada. Depende de previsiones meteorológicas, modelos hidrológicos y del estado real del terreno.
El suelo, el gran protagonista silencioso
Uno de los factores que explica la situación actual no es la lluvia extrema en pocas horas, sino la persistencia. Durante días, el agua ha ido empapando el terreno hasta anular su capacidad de absorción.
Cuando el suelo deja de actuar como esponja, la lluvia se convierte rápidamente en escorrentía. El agua corre hacia arroyos y ríos con mucha más facilidad, elevando los caudales incluso con precipitaciones que, en otro contexto, no serían especialmente destacables.
Este comportamiento hidrológico explica por qué algunas crecidas han sido rápidas y sostenidas. El sistema está cargado. Y sigue recibiendo aportes.
Marta complica el escenario
La llegada de la borrasca Marta no supone un simple relevo. Añade complejidad. Las precipitaciones volverán a intensificarse desde el suroeste y, además, la entrada de aire más frío abre la puerta a nieve en zonas de montaña.
Desde el punto de vista técnico, esto introduce un doble escenario. Por un lado, más aportes inmediatos por lluvia. Por otro, agua almacenada temporalmente en forma de nieve en cabeceras, que podría liberarse más adelante si suben las temperaturas.
No todo el riesgo es inmediato. Parte queda aplazado. Por eso, la gestión de embalses no se limita al fin de semana. Mira más allá.
Decisiones técnicas con la vista puesta en los próximos días
La vigilancia actual no responde a una alarma puntual, sino a un episodio prolongado. Mientras el tren de borrascas siga activo, las presas jugarán un papel clave para amortiguar los efectos del exceso de agua.
Meteorología e hidrología avanzan aquí de laneando. La previsión marca el ritmo, los modelos ajustan escenarios y la explotación de las presas se adapta casi en tiempo real. El margen existe. Pero es estrecho. Y depende, en gran medida, de lo que todavía está por caer.