Llega la primavera 2026: más luz, cambio de hora y una atmósfera que se transforma
La primavera de 2026 comienza el 20 de marzo con el equinoccio. Más horas de luz, cambio de hora y un tiempo muy variable marcarán la estación.
Javier Castaño
El invierno entra en su recta final y la atmósfera comienza a cambiar de ritmo. La primavera de 2026 en el hemisferio norte comenzará el 20 de marzo a las 15:46 (hora oficial peninsular), según los cálculos del Observatorio Astronómico Nacional.
Desde ese momento se abrirá una estación que se prolongará durante algo más de 92 días, hasta el 21 de junio, cuando el solsticio marcará el inicio del verano.
Ese instante no es simplemente una referencia del calendario. Corresponde al equinoccio de primavera, un fenómeno astronómico que ocurre cuando el Sol cruza el ecuador celeste en su movimiento aparente hacia el norte.
Durante ese momento el planeta experimenta un breve equilibrio: la duración del día y de la noche es prácticamente la misma en todo el mundo.
Sin embargo, ese equilibrio apenas dura unas horas. A partir de ese instante, en el hemisferio norte el día empieza a ganar terreno de forma progresiva. Cada jornada trae un poco más de luz que la anterior, un cambio que se vuelve especialmente evidente durante las primeras semanas de la estación.

La primavera comienza con un rápido aumento de las horas de luz
Uno de los rasgos más llamativos del inicio de la primavera es la rapidez con la que se alarga el día. En las latitudes de la península ibérica, el Sol sale cada mañana más de un minuto antes que el día anterior y se pone más de un minuto más tarde por la tarde.
Este doble desplazamiento provoca que la duración del día aumente casi tres minutos diarios al inicio de la estación. En apenas unas semanas, el cambio resulta muy perceptible: las tardes se alargan, la luz natural se prolonga y el ritmo de la vida cotidiana empieza a adaptarse a jornadas cada vez más luminosas.
Ese aumento de la radiación solar es también el motor de muchos procesos naturales. La vegetación comienza a activarse tras el invierno, las plantas inician la floración y numerosas especies animales reanudan sus ciclos reproductivos o regresan de sus migraciones.
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Una estación de transición marcada por la variabilidad del tiempo
Desde el punto de vista meteorológico, la primavera es la gran estación de transición entre el invierno y el verano. En España, esta condición se traduce en una característica muy conocida: la variabilidad.
Las temperaturas suelen experimentar un ascenso progresivo a medida que avanza la estación, impulsadas por el aumento de la insolación y por la mayor duración de los días. Sin embargo, ese ascenso no es lineal ni uniforme. Es habitual que los primeros episodios cálidos convivan con situaciones todavía invernales, especialmente durante el mes de marzo.
En muchos puntos del interior peninsular se observa además una amplitud térmica notable. Las primeras horas del día pueden seguir siendo frías, mientras que al mediodía el ambiente resulta claramente templado. En algunas jornadas la diferencia entre la temperatura mínima y la máxima puede alcanzar cerca de 20 ºC.
Lluvias irregulares y las primeras tormentas de la temporada
La primavera también es una estación de contrastes geográficos. Mientras en zonas de montaña todavía pueden registrarse nevadas tardías, en regiones del sur o del litoral mediterráneo empiezan a aparecer días plenamente primaverales e incluso episodios puntualmente cálidos.
Las precipitaciones en primavera presentan un comportamiento irregular. En el conjunto de España, la media ronda los 173 mm, aunque con diferencias muy marcadas según la región.
Las áreas más lluviosas suelen situarse en la vertiente cantábrica y en zonas montañosas del norte, donde los acumulados pueden alcanzar hasta 400 mm. En el extremo opuesto aparecen las zonas más secas del país, especialmente el sureste peninsular y las islas orientales de Canarias.
A medida que avanza la estación, el patrón atmosférico también evoluciona. Las grandes borrascas atlánticas comienzan a ser menos frecuentes y ganan protagonismo otras configuraciones atmosféricas. Entre ellas destacan los embolsamientos de aire frío en altura o las DANAs, capaces de generar episodios de chubascos intensos y tormentas.
Estas precipitaciones suelen ser más breves y localizadas que las asociadas a los frentes invernales, pero también pueden resultar más intensas y repentinas, especialmente durante las horas centrales del día y en zonas de montaña.
Las tormentas, las granizadas y los descensos bruscos de temperatura tras un chaparrón forman parte de esa dinámica atmosférica tan característica de la primavera.
EN VÍDEO: ¿Qué diferencia hay entre equinoccio y solsticio?
Por qué la primavera complica la previsión meteorológica
Precisamente esa atmósfera en transición explica por qué la previsión del tiempo puede resultar más complicada en primavera.
Tras el invierno, todavía persiste aire frío en capas medias y altas de la atmósfera. Al mismo tiempo, el aumento de la radiación solar calienta cada vez más la superficie terrestre. Esa combinación favorece la aparición de procesos convectivos, responsables de muchas tormentas.
El problema es que estos fenómenos suelen desarrollarse a pequeña escala y evolucionar con rapidez. Pueden afectar a áreas muy concretas y cambiar en cuestión de pocas horas, lo que dificulta su predicción con muchos días de antelación.
Por eso, en primavera es relativamente habitual que los pronósticos experimenten ajustes a medida que se acerca la fecha prevista de un episodio de lluvias o tormentas.

El cambio de hora también llega con la primavera
Otro de los momentos asociados al inicio de esta estación es el cambio al horario de verano. Aunque las instituciones europeas han debatido en varias ocasiones la posibilidad de eliminar este sistema, por ahora continúa aplicándose. En 2026, el cambio tendrá lugar durante la madrugada del 29 de marzo.
Ese día, a las 2:00 de la madrugada en la península, los relojes deberán adelantarse una hora y pasarán a marcar las 3:00. En Canarias, la 1:00 pasará a ser las 2:00. Este ajuste busca aprovechar mejor las horas de luz natural durante los meses más luminosos del año.
El cielo de la primavera de 2026
La estación también traerá algunos cambios interesantes en el firmamento. Tras la puesta de Sol, la primavera comenzará con Venus y Júpiter visibles en el cielo vespertino. A finales de mayo aparecerá Mercurio, que podrá observarse durante un tiempo al anochecer.
En los amaneceres, Mercurio será visible al inicio de la estación y permanecerá en el cielo matutino hasta comienzos de mayo. Durante abril harán su aparición Marte, a principios de mes, y Saturno, desde mediados de abril.
El paisaje estelar también evolucionará progresivamente. Al comienzo de la primavera todavía será posible observar constelaciones típicas del invierno como Orión, Can Mayor o Géminis.
Con el paso de las semanas irán desapareciendo del cielo nocturno y dejarán paso a otras constelaciones características de esta época, como Leo, con su reconocible forma de interrogación invertida, Virgo, donde destaca la estrella Espiga, o el Boyero, con la brillante Arturo.
Lluvias de estrellas y lunas llenas de la estación
Aunque durante la primavera de 2026 no se producirá ningún eclipse, el calendario astronómico sí incluirá algunos fenómenos interesantes.
Entre ellos destacan dos lluvias de meteoros. La primera será las líridas, cuyo máximo de actividad se espera alrededor del 22 de abril. Más adelante llegará el turno de las eta acuáridas, con un pico previsto hacia el 6 de mayo.
Las lunas llenas de la estación tendrán lugar el 3 de abril y el 31 de mayo, ofreciendo dos oportunidades para observar nuestro satélite natural en su fase más luminosa antes de la llegada del verano.

La estación en la que la naturaleza despierta
Más allá de la meteorología o de la astronomía, la primavera también es un momento de transformación en el paisaje. Tras los meses más fríos del año, la vegetación vuelve a activarse de forma progresiva.
Las especies de hoja caduca comienzan a desarrollar nuevas hojas y flores, devolviendo el color a muchos paisajes. Este proceso suele avanzar de sur a norte y de menor a mayor altitud, siguiendo el aumento de las temperaturas.
Al mismo tiempo, muchas especies animales que permanecían en hibernación despiertan y numerosas aves migratorias regresan a sus áreas de cría.
En la cultura popular, esta estación ha sido tradicionalmente asociada al renacimiento de la naturaleza. No es casual que muchos refranes reflejen su carácter cambiante, como «En abril, aguas mil» o «Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo», recordatorios de que la primavera puede traer tanto días templados como episodios de tiempo más revuelto.
Una estación luminosa, variable y llena de contrastes que, año tras año, marca el verdadero punto de inflexión entre el frío del invierno y el calor del verano.