Los bosques no sólo absorben CO₂: son el escudo climático contra el calor extremo y las sequías
Los bosques tienen multiples funciones más allá de actuar como sumideros de carbono y son fundamentales para la vida en nuestro planeta.
Mario Picazo
Llevamos décadas conociendo la función que tienen los bosques de la Tierra como grandes sumideros de carbono. De hecho, cuando se habla del papel de los bosques frente al cambio climático, gran parte de nuestra atención se focaliza en la capacidad que tienen para absorber dióxido de carbono.
Esa función sigue siendo clave, y cada vez más, pero hoy los expertos insisten en que quedarse solo con esa visión no cubre el amplio espectro de la función de los bosques. Cierto que son grandes almacenes de carbono y sin ellos el clima sería otro.
Pero también hay que resaltar que actúan como sistemas vivos que regulan el clima, el agua y las condiciones ambientales de las que depende directamente la vida humana.

Los bosques clave de las condiciones ambientales
En términos meteorológicos, la presencia de masas forestales afecta directamente a la temperatura del aire. De la misma manera que durante un día de calor pasamos en la ciudad por un parque arbolado y se nota más fresco, los bosques tienen ese tipo de efecto en la temperatura del aire a gran escala.
Gracias a la evapotranspiración, los árboles liberan vapor de agua y ese proceso ayuda a refrescar el ambiente. Lo más destacable es el alivio térmico que se nota en zonas boscosas, ya que se reduce la intensidad del calor. Esos datos se han medido en numerosas zonas como parte de varios estudios, sobre todo cuando se han registrado episodios de calor extremo.
Por eso, en zonas boscosas, las temperaturas suelen ser más suaves que en áreas deforestadas o urbanizadas. Este efecto no solo mejora el confort térmico, sino que puede marcar la diferencia entre una ola de calor soportable y una situación peligrosa para la salud, sobre todo en el caso de las poblaciones más vulnerables.

Los bosques grandes reguladores del ciclo hidrológico
Más allá de la temperatura del aire, un elemento fundamental que los bosques son expertos en regular es el agua. Cuánta agua sale y entra del ciclo hidrológico en una determinada zona depende, y mucho, de las condiciones de los bosques en ese entorno.
Los suelos forestales son una esponja natural, absorben agua de lluvia, posteriormente la almacenan para finalmente liberarla de forma gradual. Mediante este proceso, lo que están haciendo es mantener los ríos y acuíferos de una determinada zona en equilibrio. Así, cuando se registran periodos secos, se reduce el riesgo de inundaciones si las precipitaciones son intensas.
Dado que el clima terrestre es cada vez más irregular, la capacidad que tiene el suelo de bosque de amortiguar extremos resulta esencial. Puede ayudar a la agricultura, al abastecimiento de agua y a la estabilidad de los ecosistemas.
No solo eso, los bosques juegan un papel fundamental a la hora de formar nubes y en los patrones de lluvia a escala regional. Al liberar humedad a la atmósfera, contribuyen a mantener ciclos de precipitaciones más estables.
Cuando se deforesta y eliminamos grandes superficies forestales, se produce un desequilibrio. Los expertos han ido cuantificando ese impacto con el paso de los años y hoy sabemos que aumenta la probabilidad de que se registren sequías prolongadas o lluvias concentradas en poco tiempo. Son fenómenos que ya se están observando con mayor frecuencia en distintas regiones del mundo.

El bosque ayuda a mejorar la calidad de vida
Otro punto esencial de la función de nuestros bosques tiene que ver con cómo ayudan a mejorar la salud humana. En muchas regiones del planeta se ha observado que los entornos forestales mejoran la calidad del aire, reducen la contaminación y ayudan a mitigar problemas respiratorios.
A medida que la contaminación del aire aumenta en muchas zonas, sobre todo urbanas, la función de los bosques mejorando la calidad del aire cobra mayor importancia.
Son, además, una fuente de una enorme biodiversidad de la que dependen alimentos, medicamentos y medios de vida para millones de personas. Por eso, aparte de que ayuden a mejorar las condiciones medioambientales, su reducción es una amenaza directa a la seguridad alimentaria y al bienestar de comunidades enteras.
Se insiste, y mucho, en la importancia de preservar cada hectárea de bosque. Ya sea preservando o restaurando, sabemos que es una barrera natural frente al calor extremo, la sequía y, en general, la degradación ambiental.
Por eso, cuando hablamos de bosques y su función a escala local, regional o planetaria, tenemos que pensar en lo que nos pueden aportar no solo para amortiguar el calentamiento global, sino también para mejorar el entorno en el que vivimos.