Los «halcones sagrados» vuelven a la Sagrada Familia: tres huevos y una vida invisible

A 85 metros de altura, una pareja de halcones peregrinos ha convertido la Sagrada Familia en su refugio. La incubación de tres huevos ya puede verse en directo.

Natalia Marqués

En la parte más alta de la Sagrada Familia, donde el ruido de la ciudad apenas llega, hay movimiento constante. No se ve desde la calle. Pero está ocurriendo.

Una pareja de halcones peregrinos vuelve a criar en una de sus torres. No es algo puntual. Lleva pasando más de veinte años.

Desde 2003, estas rapaces utilizan el templo como punto de nidificación dentro de un proyecto de reintroducción impulsado en Barcelona a finales de los años noventa. La elección no fue casual. Fue uno de los últimos lugares donde la especie consiguió reproducirse antes de desaparecer del entorno urbano.

El balance es claro. Entre 2005 y 2025 se han registrado 54 nacimientos de polluelos en este enclave. Una cifra sostenida en el tiempo, sin picos llamativos, pero constante.

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Tres huevos, turnos de incubación y una cámara que no se apaga

El nido se sitúa en una de las torres de los Evangelistas, a unos 85 metros de altura. Allí, la actividad no se detiene. Actualmente, la pareja se encuentra en fase de incubación. Macho y hembra se alternan en turnos regulares para mantener la temperatura de tres huevos, en un proceso que apenas cambia día a día.

La diferencia ahora es que todo puede observarse. Una cámara instalada junto al nido retransmite de forma continua, las 24 horas. También durante la noche, gracias a un sistema de visión infrarroja que no interfiere en el comportamiento de las aves.

No hay intervención. Solo registro. Si se cumplen los plazos habituales, los polluelos podrían nacer durante la primera semana de abril.

Un depredador urbano que ya forma parte del paisaje

Lo que ocurre en la Sagrada Familia no es una excepción aislada. Responde a una adaptación progresiva del halcón peregrino a los entornos urbanos.

Las grandes estructuras verticales funcionan como sustituto de los acantilados naturales. La disponibilidad de presas —especialmente palomas— hace el resto.

El resultado es un depredador plenamente integrado en la ciudad.

Además de su papel ecológico, el halcón tiene presencia en otros ámbitos. España es uno de los principales referentes en la cría de estas rapaces, especialmente en el ámbito de la cetrería.

Los ejemplares, en muchos casos híbridos, se exportan a países como Emiratos Árabes Unidos, donde se utilizan en competiciones de velocidad y actividades tradicionales de caza.

En ese contexto, el ciclo que se repite cada año en Barcelona no es solo un caso local. Es una muestra de cómo una especie desaparecida de la ciudad ha logrado volver y mantenerse. Sin ruido. Pero con continuidad.