Julio podría arrancar con más calor de lo normal: así se muestra la primera quincena

La primera quincena de julio podría estar marcada por temperaturas superiores a lo habitual en buena parte de España.

Mar Gómez

La primera mitad de julio podría mantener el calor como protagonista en buena parte de Europa y también en España.

Los mapas de anomalías semanales muestran una señal cálida extendida y aunque este tipo de productos no permite anticipar todavía una ola de calor concreta ni las máximas exactas por ciudades, sí sirve para identificar tendencias atmosféricas de fondo: en este caso, una probabilidad mayor de temperaturas por encima de lo normal para la época del año.

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Anomalías previstas de temperatura para primera quincena de julio. Fuente: ElTiempo.es

El patrón dibujado por los mapas encaja con una configuración típica de verano: estabilidad atmosférica, subsidencia asociada a altas presiones, calentamiento acumulado del suelo y posible presencia de dorsales en niveles medios y altos de la atmósfera.

Cuando esa dorsal se refuerza, el aire desciende, se comprime y se calienta, dificultando además la renovación de masas de aire más frescas. El resultado suele ser un ambiente más cálido, más seco en superficie y con noches que pueden perder capacidad de recuperación térmica, especialmente en zonas urbanas y del litoral mediterráneo.

Calor: señal persistente, pero todavía sin concretar episodios extremos

En la semana del 6 al 13 de julio, la señal de temperaturas por encima de lo normal aparece en buena parte de Europa occidental, central y mediterránea.

En España, el escenario apunta a un ambiente más cálido de lo habitual, con especial atención a áreas del interior peninsular y al entorno mediterráneo, donde la combinación de calor acumulado, humedad y noches cálidas puede incrementar la sensación de bochorno y el estrés térmico.

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Anomalías previstas de temperatura para la semana del 6 al 12 de julio. Fuente: ElTiempo.es

Para la semana del 13 al 20 de julio, la anomalía cálida no desaparece. De hecho, los mapas mantienen un contexto favorable a temperaturas superiores a la media en amplias zonas del sur y centro de Europa.

En términos meteorológicos, esta persistencia es importante: no solo cuenta el valor máximo de un día concreto, sino la duración del episodio, la acumulación de calor y la falta de enfriamiento nocturno.

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Anomalías previstas de temperatura para la semana del 13 al 19 de julio. Fuente: ElTiempo.es

Precipitación: señal más irregular y menos robusta

La precipitación presenta una lectura más compleja que la temperatura. En verano, especialmente en la Península Ibérica, las lluvias son mucho más irregulares y dependen de mecanismos de pequeña escala: tormentas convectivas, entradas de aire algo más frío en altura, humedad disponible y convergencias locales.

Por eso, las anomalías semanales de precipitación suelen ser más difíciles de interpretar que las térmicas.

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Anomalías previstas de precipitación para primera quincena de julio. Fuente: ElTiempo.es

En los mapas analizados no aparece una señal clara de lluvias generalizadas sobre España. Predominan zonas próximas a la normalidad o con anomalías débiles y dispersas.

Esto sugiere que, si se producen precipitaciones, podrían tener un carácter irregular, más asociado a chubascos o tormentas locales que a un episodio amplio y organizado de lluvia.

Qué puede favorecer este escenario

Si la dorsal anticiclónica gana presencia sobre el suroeste de Europa, el aire cálido puede instalarse durante varios días. En superficie, el calentamiento diurno se intensifica, los suelos secos favorecen que una mayor parte de la energía solar se transforme en calor sensible y las brisas o vientos locales pueden modular el impacto en zonas costeras.

En el Mediterráneo, un mar más cálido de lo normal puede aumentar la humedad ambiental y dificultar el descanso nocturno, incluso aunque las máximas no sean extremas.

Desde el punto de vista de la precipitación, la estabilidad tiende a limitar las lluvias organizadas. Aun así, en situaciones de calor acumulado, cualquier aporte de aire frío en altura o convergencia de vientos puede disparar tormentas de evolución diurna, especialmente en áreas de montaña o del interior.

Estas tormentas pueden ser muy localizadas y dejar acumulados irregulares, de modo que una localidad registre lluvia intensa mientras otra cercana no recibe precipitación.

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