Los pantanos tropicales pasan de ser aliados a grandes emisores de gases de efecto invernadero

Los pantanos tropicales emiten gases de efecto invernadero a un ritmo superior al inicialmente pensado y su impacto podría ser notable

Mario Picazo

Siempre que se hace referencia a los gases de efecto invernadero como detonante del cambio climático antropogénico, es más habitual pensar en el dióxido de carbono (CO₂) procedente de automóviles o fábricas. Pero hay otras fuentes menos conocidas que también influyen de manera notable en el balance de gases de efecto invernadero de la atmósfera terrestre.

Una de las principales son los llamados pantanos o turberas tropicales, que constituyen ecosistemas húmedos distribuidos en diferentes zonas tropicales del planeta.

Predominan sobre todo en las regiones tropicales del sudeste asiático y, según estudios recientes, son una fuente importante de gases que calientan la atmósfera en proporciones mayores a las inicialmente calculadas.

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¿Qué son los pantanos tropicales?

Las turberas tropicales son grandes extensiones de tierra anegada por el agua. En ellos, la vegetación muerta se acumula, pero no llega a descomponerse por completo debido a la falta de oxígeno. Con el paso del tiempo, la materia vegetal se compacta y acaba formando turba, un material orgánico que hace que este tipo de suelo sea muy rico en carbono, acumulado a lo largo de milenios.

Ahora sabemos que estos pantanos, que antes creíamos que actuaban como sumideros de carbono, ahora son como chimeneas de gases de efecto invernadero. En los últimos años, expertos en la materia se han centrado en estudiar el comportamiento de estas zonas saturadas de agua y su aporte al calentamiento global del planeta.

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Nuevo método para medir emisiones

Los expertos que han realizado el estudio han combinado datos de satélite con observaciones en superficie para obtener una estimación más precisa de la concentración de gases. La idea es cuantificar y medir los gases que emiten estos suelos saturados de agua.

Con ello, se han creado mapas mensuales que muestran cómo varían las emisiones de gases de efecto invernadero en función del nivel del agua y de la estación del año.

Gracias a esta técnica, se ha observado que incluso cuando están intactos y anegados, los pantanos tropicales de regiones como Sumatra, Borneo o la península de Malaca emiten más gases de efecto invernadero (CO₂ y metano) de los que captan.

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El uso del suelo y la incesante actividad humana

Como en muchos otros lugares del mundo, el problema de las emisiones de gases de efecto invernadero se agrava cuando estos terrenos se modifican para actividades humanas. Muchos de estos campos se drenan para prácticas agrícolas o para la explotación forestal. Estas prácticas hacen que el nivel freático baje y que la turba se oxide rápidamente, liberando grandes cantidades de dióxido de carbono.

En los últimos estudios realizados se ha observado el impacto de las emisiones de los pantanos en zonas tropicales. De hecho, el drenaje de estos terrenos puede triplicar las emisiones respecto a su estado natural.

Convertirlos en tierras agrícolas puede multiplicar esas emisiones por más de seis veces. Además, fenómenos climáticos como las sequías asociadas a El Niño pueden aumentar aún más estas emisiones.

¿Qué papel desempeñan en el clima de la Tierra?

Aunque las extensiones de turberas tropicales ocupan solo una pequeña parte del planeta, su aportación debe cuantificarse y las emisiones calculadas son considerables. En las zonas estudiadas, las emisiones son altas, ya que equivalen aproximadamente al 30 % de las emisiones anuales de un país como Japón.

Esto indica que estos ecosistemas, lejos de ser simples reservas de carbono, pueden convertirse en fuentes de gases de efecto invernadero, especialmente cuando se alteran o cambian las condiciones hídricas.

¿Qué llega en el futuro?

Los modelos climáticos sugieren que, en las próximas décadas, podría aumentar la cantidad de lluvia en algunas de estas regiones. Esto podría mantener los niveles de agua elevados. Con más agua, se ralentizaría la descomposición de la turba y disminuirían las emisiones en ciertas condiciones.

Son múltiples los factores, y cómo evolucionen las precipitaciones y cómo se gestionen estos terrenos serán clave para su impacto climático en el futuro.