Los satélites son piezas clave para medir cómo nos adaptamos al cambio climático

Más de mil satélites surcan el espacio a diario observando la Tierra y aportando constante informacion sobre la superfcie del planeta

Mario Picazo

Los satélites que surcan nuestro espacio se han convertido en instrumentos esenciales para entender mejor el clima del planeta. La adaptación al nuevo clima que estamos experimentando en la Tierra ya no es una situación lejana, es una necesidad urgente.

Las sequías cada vez más duraderas, el calor extremo, los cambios en la producción agrícola y el desplazamiento de muchos ecosistemas son una realidad que observamos a diario.

Para saber si las políticas que ponemos en marcha y las medidas correspondientes que aplicamos realmente funcionan, necesitamos vigilar el planeta continuamente. Por eso los satélites se han convertido en una herramienta fundamental a la hora de monitorizar todos esos cambios y tomar decisiones óptimas.

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¿Por qué los satélites permiten la adaptación al clima?

Muchas zonas vulnerables del planeta no tienen redes meteorológicas en superficie ni sistemas de monitoreo. Hay grandes vacíos de información y ahí es donde los satélites que surcan el espacio pueden ayudar. Observan las zonas vulnerables con la misma precisión que los lugares más equipados.

Además, los programas satelitales guardan los datos de muchas décadas. Con ellos, los científicos pueden analizar cómo cambian los principales parámetros que usamos para hacer predicciones meteorológicas y climáticas: humedad del suelo, temperatura de la superficie, extensión de la vegetación, frecuencia de eventos extremos, entre otros.

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Versión reducida de las imágenes mensuales de Sentinel 2 en formato RGB de 8 bits e IRC. La imgen muestra un día casi libre de nubes sobre Cataluña y parte de Aragón con la nieve acumulada en los Pirineos. fuente: ESA (European Space Agency).

La importancia de monitorizar los sectores más sensibles

  • Agricultura: seguimiento de estrés hídrico, eficiencia del riego y productividad.
  • Eventos extremos: mapeo de inundaciones, olas de calor, incendios o sequías.
  • Salud humana: estimación de riesgos por calor extremo o contaminación del aire.
  • Biodiversidad: detección de cambios en los ecosistemas, fragmentación de hábitats y pérdida de bosques, factores que amenazan la biodiversidad.

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Versión reducida de las imágenes mensuales de Sentinel 2. La imagen muestra un día casi libre de nubes sobre Cataluña y Aragón con la nieve acumulada en los Pirineos. Fuente: ESA.

Cobertura global, incluso donde no hay estaciones

Un análisis realizado en 2023 contabilizaba 1.192 satélites activos cuyo propósito principal era monitorear la superficie terrestre, los océanos o la atmósfera. La Organización Meteorológica Mundial indica además que entre los satélites operativos hay 23 geoestacionarios y 223 en órbita polar dedicados a observación.

Si ampliamos la mirada al total de objetos en órbita, incluyendo telecomunicaciones, navegación y defensa, actualmente circulan casi 15.000 satélites, aunque solo una parte pertenece al ámbito de la observación terrestre. Aun así, la mayoría de estudios destaca el gran valor de la información satelital.

Un estudio reciente de la Agencia Espacial Europea y la Universidad de Galway subraya que sin la observación de la Tierra no se puede medir el progreso real de la adaptación al cambio climático. Los satélites proporcionan series de datos muy largas y una cobertura global única.

Básicamente, pueden medir variables no disponibles desde la superficie. Uno de los mayores avances es la observación de los océanos, que ha mejorado enormemente desde los años 70.

Las imágenes de satelite como esta de Sentinel 2 tambien sirven para monitorerar el estado de la vegetacion entre otros muchos parámetros. fuente: ESA

Zonas con menos datos en superficie hoy más observadas desde el aire

Las zonas del mundo con menos observaciones se concentran en África Central, donde la densidad de estaciones es muy baja.

También faltan datos en la Antártida, cuyo interior casi no cuenta con mediciones regulares. A esto se suman los océanos, que ocupan la mayor parte del planeta y solo disponen de boyas y buques como fuentes puntuales.

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Las imágenes de satélite, como esta de Sentinel 2, también sirven para monitorizar la vegetación entre otros muchos parámetros. Fuente: ESA.

Las regiones desérticas como el Sahara, la Península Arábiga o el interior de Australia están muy poco instrumentadas, al igual que las grandes cordilleras como los Andes o el Himalaya, donde las condiciones extremas dificultan mantener estaciones operativas.

Vastas áreas de América Latina, incluida la Amazonia y la Patagonia, así como zonas remotas del norte de Asia como Siberia o Mongolia, presentan también importantes vacíos de observación.

Satélites más relevantes para monitorizar la adaptación climática

Sentinel-2 (ESA): el “fotógrafo” de la vegetación. Mide cobertura vegetal, humedad relativa, cambios en el uso del suelo y productividad agrícola.

Sentinel-3 (ESA): termómetro y altímetro global. Mide la temperatura de la superficie del mar, la temperatura terrestre, los niveles del océano, el color del agua y los incendios activos.

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Imagen del satélite Sentinel 3. Fuente: ESA.

Sentinel-5P (ESA): vigilante de la calidad del aire. Mide dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, ozono, metano y aerosoles.

Landsat (NASA/USGS): posee la serie histórica más larga de datos. Ofrece información sobre vegetación, cambios de uso del suelo, humedad superficial, incendios y procesos como sequías, deforestación o desertificación.

MODIS (NASA): recorrido global diario con datos de vegetación, aerosoles, incendios, temperatura y nubes. Detecta anomalías climáticas e impactos de olas de calor y contaminantes.

SMAP (NASA): mide la humedad del suelo desde el espacio, clave para evaluar sequías agrícolas y la retención de agua de los ecosistemas.

ICESat-2 (NASA): sensor clave del hielo global. Permite estudiar la pérdida de hielo y su impacto en el nivel del mar y en los ecosistemas polares.

GOES / Meteosat (NOAA / EUMETSAT): guardianes del tiempo severo, miden nubes, radiación, temperatura, tormentas y ciclones.

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Imágen reproducida del satélite Sentinel 3. fuente: ESA

Por qué son tan importantes para la meteorología

La meteorología no se limita a predecir el tiempo. El clima cambia los patrones de temperatura, humedad, vegetación y dinámica atmosférica. Ahí los satélites integran toda su información en el sistema global.

Además, los expertos miden si nuestras políticas medioambientales funcionan realmente. Revisan desde las infraestructuras resistentes al calor hasta las nuevas prácticas agrícolas asociadas a las nuevas condiciones climáticas.

No se puede evaluar la adaptación climática a ciegas. Para hacerlo bien, hay que tomar el pulso del planeta desde el espacio y lograr que esa adaptación sea rigurosa y se optimicen recursos al máximo.

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