Marzo de 2026 dispara todas las alarmas climáticas y roza el umbral crítico de 1,5°C

El planeta vuelve a acercarse a 1,5°C. Marzo de 2026 deja océanos muy cálidos, hielo en mínimos y un clima bajo presión creciente.

Mar Gómez

Marzo de 2026 se ha convertido en el cuarto mes más cálido jamás registrado a nivel global, según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S).

La temperatura media del planeta se situó 1,48°C por encima de los niveles preindustriales. Esta cifra vuelve a acercarnos peligrosamente al umbral de 1,5°C fijado en el Acuerdo de París. En términos absolutos, la temperatura media del aire en superficie alcanzó los 13,94°C, 0,53°C por encima de la media del periodo 1991-2020.

Anomalía de la temperatura del aire en superficie en marzo de 2026 con respecto a la media de marzo para el periodo 1991-2020. Fuente de datos: ERA5. Crédito: C3S/CEPMPM.

Pero no solo la atmósfera está dando señales claras. Los océanos también están respondiendo. La temperatura media de la superficie del mar alcanzó los 20,97 °C, el segundo valor más alto registrado para un mes de marzo. Esta anomalía apunta a una posible transición hacia condiciones de El Niño en los próximos meses, un fenómeno que podría intensificar aún más el calor global.

Europa tampoco escapa a esta tendencia. El continente registró su segundo marzo más cálido, con temperaturas 2,27 °C por encima de la media. Este calor vino acompañado, en gran parte del territorio, de condiciones más secas de lo habitual.

Un contraste notable tras un febrero excepcionalmente húmedo y más frío, que dejó inundaciones en varias regiones. A escala global, también se observaron episodios extremos. Por ejemplo, una ola de calor temprana en el oeste de Estados Unidos y condiciones secas en zonas de México.

El Ártico vuelve a ser uno de los grandes termómetros del cambio climático. En marzo, la extensión del hielo marino fue la más baja jamás registrada para este mes, un 5,7 % por debajo de la media.

Además, el máximo invernal del hielo ártico igualó el mínimo histórico alcanzado en 2025. En la Antártida, aunque la anomalía fue menor que en años anteriores, la extensión de hielo también se mantuvo por debajo de lo normal.

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Fuente de imagen: Universidad de Waterloo

En cuanto a las precipitaciones, marzo dejó un mapa de contrastes. Mientras gran parte de Europa continental vivió un mes más seco, regiones como Escandinavia, el norte del Reino Unido o el Mediterráneo registraron lluvias intensas, en algunos casos con inundaciones.

A nivel global, se repite este patrón desigual: zonas con exceso de precipitaciones frente a otras con déficit acusado.

Para Carlo Buontempo, director del C3S, los datos son claros: “Cada cifra es impactante por sí sola. Juntas, dibujan un sistema climático sometido a una presión creciente”. Y es precisamente esa combinación de señales —calor atmosférico, océanos en máximos, hielo en mínimos— la que confirma que el cambio climático no es una proyección futura, sino una realidad presente que sigue intensificándose.

Los datos, obtenidos a partir de miles de millones de mediciones de satélites, estaciones meteorológicas, barcos y aeronaves, refuerzan una idea clave: entender el clima ya no es solo una cuestión científica, sino una herramienta imprescindible para adaptarnos a un planeta que está cambiando a gran velocidad.