Más de 160.000 hectáreas quemadas en España en una ola de incendios marcada por el cambio climático

Los fuegos de sexta generación avanzan sin control en Ourense, León y Cáceres, alteran la meteorología y dejan una huella profunda en los ecosistemas.

Redacción

Los incendios forestales que golpean estos días al noroeste de España están marcando un antes y un después en la lucha contra el fuego. Con más de 160.000 hectáreas calcinadas, decenas de localidades evacuadas y una presión sin precedentes sobre los servicios de emergencia, expertos en gestión forestal alertan de que el país se enfrenta ya a lo que se conoce como incendios de sexta generación.

Estos incendios son diferentes. No se limitan a consumir vegetación, sino que generan una atmósfera propia capaz de modificar el comportamiento del fuego.

El mapa de los incendios activos en España. Fecha: 18 de agosto. Google Maps.

Su violencia puede originar tormentas de fuego, nubes pirocumulonimbus que alcanzan varios kilómetros de altura y columnas de humo visibles a cientos de kilómetros. En ocasiones, llegan a alterar incluso la meteorología local. Durante estos días hemos llegado a ver lluvia de cenizas cayendo sobre varias zonas del norte peninsular, además de impactantes remolinos de fuego.

En Ourense, donde el fuego ha devorado ya 50.000 hectáreas, y en León, con focos descontrolados que obligan a evacuaciones masivas, las llamas avanzan con una intensidad que hace muy difícil su contención.

En Cáceres, el incendio de Jarilla continúa desbocado, obligando a desalojar a poblaciones enteras. Así como en el Bierzo, en Ponferrada.

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La magnitud de estos episodios no se entiende sin el contexto del cambio climático. Las sequías prolongadas, las olas de calor extremo y la acumulación de combustible vegetal en los montes han creado un escenario en el que los incendios son más grandes, más rápidos y más destructivos que nunca.

VÍDEO: ¿QUÉ SON LOS INCENDIOS DE SEXTA GENERACIÓN?

La consecuencia es un círculo vicioso: las emisiones de dióxido de carbono liberadas por estos grandes fuegos contribuyen al calentamiento global, lo que a su vez aumenta el riesgo de nuevos incendios.

La huella que dejan no se limita a lo inmediato. Tras el paso de las llamas, los suelos pierden su fertilidad y capacidad de retener agua, lo que facilita la erosión y la desertificación. Los ecosistemas afectados tardan décadas en recuperarse, y algunas especies vegetales y animales desaparecen para siempre de las zonas quemadas.

Evolución e intensificación de los incendios en los últimos año. Fuente: WWF

Además, las comunidades locales ven alteradas sus formas de vida, con pérdidas económicas y sociales difíciles de cuantificar.

Los incendios de sexta generación plantean un desafío mayúsculo a las políticas de prevención y gestión forestal. Las infraestructuras, los planes de extinción y la cooperación internacional se enfrentan a fenómenos que superan la capacidad de respuesta habitual. En este contexto, la adaptación al nuevo escenario climático se convierte en una prioridad urgente.

La oleada de incendios que atraviesa España es un recordatorio de la fragilidad del equilibrio natural y de cómo el fuego, cuando se desata en estas condiciones, se convierte en una fuerza con impacto global.