Mascotas y fuegos de San Juan: cómo reducir el estrés y evitar escapes

El ruido de los petardos puede provocar miedo, ansiedad y escapes en mascotas durante San Juan. La prevención es clave.

María Rivas

La noche de San Juan es una de las celebraciones más esperadas del año en muchos puntos de España. Las hogueras, los petardos y los fuegos artificiales forman parte del ambiente festivo, pero para muchas mascotas ese mismo escenario puede convertirse en una fuente intensa de miedo.

El problema no es menor: el ruido repentino puede provocar estrés, desorientación, intentos de huida y accidentes.

Los perros son especialmente sensibles a estos estímulos. Su oído capta los sonidos con mayor intensidad que el de las personas y, además, no pueden entender de dónde procede cada explosión ni cuándo va a terminar.

Por eso, los fuegos de San Juan pueden desencadenar temblores, jadeos, taquicardias, ladridos, salivación excesiva, conductas destructivas o necesidad urgente de esconderse.

En los casos más graves, el miedo puede transformarse en una reacción de fuga. Un portal abierto, una terraza sin supervisión, una ventana mal cerrada o un paseo en una zona con petardos pueden acabar en un escape.

Durante estas fechas, muchos animales se pierden precisamente por esa respuesta de pánico ante un ruido inesperado.

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Por qué los fuegos de San Juan pueden provocar tanto estrés en las mascotas

Para una persona, un petardo puede ser un sonido molesto o inesperado. Para una mascota, en cambio, puede percibirse como una amenaza real. Los estallidos son bruscos, imprevisibles y difíciles de localizar, lo que aumenta la sensación de inseguridad.

A ello se suman otros estímulos asociados a la pirotecnia, como los destellos, las vibraciones o el olor a pólvora.

En conjunto, pueden activar una respuesta de alarma muy intensa, sobre todo en animales con miedo previo a los ruidos fuertes, experiencias negativas anteriores o una socialización insuficiente durante sus primeros meses de vida.

No todas las mascotas reaccionan igual. Algunas buscan refugio y permanecen escondidas hasta que pasa el ruido. Otras se muestran inquietas, vocalizan, no aceptan comida o intentan escapar. En cualquier caso, no se trata de un simple susto, sino de una reacción de estrés que puede afectar a su bienestar.

Imagen generada con IA.

Cómo preparar la casa para reducir el ruido

La mejor medida es anticiparse. Antes de que empiecen los fuegos de San Juan, conviene preparar un espacio seguro dentro de casa. Puede ser una habitación interior, una zona alejada de ventanas, el baño, un transportín abierto o cualquier rincón donde la mascota ya tienda a refugiarse de forma natural.

Ese espacio debe ser tranquilo, accesible y cómodo. Una cama, una manta, agua, juguetes conocidos y algún objeto con olor familiar pueden ayudar a que el animal lo perciba como un lugar seguro.

No se debe encerrar a la mascota a la fuerza ni impedirle moverse por la casa, pero sí facilitarle una zona donde pueda protegerse si lo necesita.

Durante las horas de mayor ruido, es recomendable cerrar ventanas, bajar persianas y correr cortinas. También puede ayudar poner música suave, ruido blanco, la radio o la televisión a un volumen moderado.

La idea no es tapar por completo los petardos, sino amortiguar el contraste y reducir la intensidad con la que llegan desde la calle.

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Evitar escapes: paseos antes del ruido y máxima precaución

Uno de los principales riesgos de San Juan son los escapes. Un perro asustado puede reaccionar en segundos, tirar de la correa, salir corriendo o aprovechar cualquier puerta abierta para huir.

Por eso, los paseos deberían hacerse antes de las horas de mayor actividad pirotécnica, preferiblemente durante la tarde y en zonas tranquilas.

En esos días, incluso los perros que suelen pasear sueltos deben ir siempre con correa. Un estallido inesperado puede provocar una reacción muy rápida. También conviene evitar plazas, parques o calles donde se estén lanzando petardos.

Dentro de casa, la prevención también es importante. Puertas, ventanas, balcones y terrazas deben permanecer bien cerrados. Si la mascota tiende a asustarse, no debería quedarse sola en espacios exteriores, aunque sean conocidos.

Además, es fundamental comprobar que lleva microchip actualizado y, si es posible, una placa identificativa con un teléfono visible.

Qué hacer si la mascota tiene miedo

Cuando una mascota se asusta, reñirla o castigarla solo aumenta su angustia. Tampoco conviene obligarla a salir de su escondite ni exponerla directamente al ruido para que «se acostumbre». Esa exposición brusca puede reforzar el miedo y empeorar el problema.

Lo más adecuado es mantener una actitud tranquila. La persona que acompaña al animal debe transmitir seguridad, hablar con suavidad y evitar movimientos bruscos.

Si la mascota busca contacto, se le puede acompañar de forma calmada. Si prefiere esconderse, es mejor respetar su refugio.

También pueden utilizarse distracciones suaves, como juguetes interactivos, mordedores o juegos de búsqueda dentro de casa.

Sin embargo, si el miedo es muy intenso, es posible que el animal no responda a esos estímulos. En ese caso, lo prioritario es reducir el ruido, evitar riesgos y permitirle permanecer en un lugar seguro.

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Cuándo consultar al veterinario

Si el miedo a los petardos se repite cada año o provoca una reacción muy intensa, conviene consultar con un veterinario antes de la noche de San Juan.

Algunos animales pueden beneficiarse de feromonas, suplementos calmantes o pautas específicas de manejo, pero muchas de estas medidas deben iniciarse con días de antelación.

En casos de fobia severa, el profesional puede valorar si es necesario un tratamiento temporal. La medicación nunca debe administrarse sin supervisión veterinaria, ya que cada animal necesita una valoración individual según su edad, peso, estado de salud y nivel de ansiedad.

Buscar soluciones el mismo día de la celebración suele ser tarde. La prevención permite preparar el entorno, ajustar rutinas y reducir los riesgos antes de que empiecen los fuegos.

La noche de San Juan puede ser una celebración para muchas personas, pero para numerosas mascotas supone una situación difícil de gestionar.

Reducir el estrés y evitar escapes depende, en gran parte, de medidas sencillas: anticiparse al ruido, preparar un refugio, adelantar los paseos, cerrar bien la vivienda y acompañar al animal con calma. Ahí está la diferencia entre una noche incómoda y una situación de verdadero riesgo.

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