Aurora boreal

La aurora boreal es un fenómeno astronómico y luminiscente que aparece en el cielo nocturno, principalmente de la región polar, del hemisferio norte. Aunque con menor frecuencia e intensidad, también se produce en las regiones polares del hemisferio sur, conociéndose en este caso como aurora austral.

Constituye uno de los electrometeoros, es decir, aquellos fenómenos meteorológicos en los que la electricidad de la atmósfera se manifiesta de forma visible o audible. Otros ejemplos son los relámpagos o los truenos.

¿Cómo se forman las auroras boreales?

El fenómeno es el resultado visual de las partículas solares que se ionizan al entrar en contacto con el campo magnético de la Tierra en la atmósfera alta (magnetosfera). Su intensidad depende de la actividad solar y de la velocidad de aceleración de estas partículas.

El Sol emite continuamente un flujo de partículas cargadas (radiación cósmica). Cuando estas partículas chocan con el campo magnético terrestre, son arrastradas por la magnetosfera hacia los polos (que actúan como imanes), y al alcanzarse un punto en el que hay mucha energía, se producen las auroras boreales.

Debido a que las partículas descienden por las líneas invisibles de campo magnético que desembocan en los polos, se forman anillos o haces de color alrededor del globo terrestre en latitudes altas. La aurora que se ve es el resultado de millones de átomos excitados que emiten pequeños destellos de luz en lo alto del cielo nocturno polar.

La actividad solar es la responsable de la emisión de estas partículas, las cuales viajan desde el Sol por el espacio a gran velocidad, a través del viento solar. Cuando mayor sea la actividad solar, mayor probabilidad de que puedan observarse auroras boreales más intensas.

La actividad solar no es regular. Por tanto, aunque sea una noche despejada y oscura, si no hay apenas actividad solar, y por muy al norte que nos encontremos, es probable que no se vean auroras boreales.

Los colores y formas de las auroras boreales

Las auroras aparecen en forma de luces que “bailan” en el cielo y que van cambiando de forma y color. Por lo general son verdes, aunque también pueden verse tonalidades violetas, rojas, azules, rosas o naranjas.

Los colores que muestran dependen de las especies gaseosas atmosféricas que son excitadas por las partículas del viento solar, así como del nivel de energía que estas especies alcanzan.

El color más común de la aurora, el verde, es consecuencia del impacto de las partículas solares con átomos de oxígeno a altitudes de entre 120 y 250 kilómetros. A mayor altitud, donde los átomos de oxígeno están más dispersos, la luz que emiten tiene una longitud de onda mayor, lo que hace que sea de color rojo.

A menor altitud (< 120 kilómetros), las partículas entrantes pueden impactar con átomos de nitrógeno, creando luces de tonos azulados, con menor longitud de onda. Si la actividad solar es fuerte, las colisiones pueden ser lo suficientemente bajas en la atmósfera terrestre como para crear tonos púrpuras.

No obstante, hay que tener en cuenta que muchas veces el ojo humano no es capaz de distinguir a simple vista los distintos tonos que presentan las auroras boreales. Habitualmente lo que observamos es un haz de luz blanquecino más o menos nítido, y solamente en un pequeño porcentaje de las ocasiones la intensidad del fenómeno y las condiciones atmosféricas son tales como para distinguir el color a la perfección.

Las formas de las auroras boreales

Por otro lado, la forma de la aurora boreal depende de la actividad solar. Cuando la actividad es baja, lo más común es que se presente como un resplandor similar a una nube delgada. Otras veces aparecen en forma de arcos o espirales, siguiendo las líneas del campo magnético de la Tierra, y que pueden volverse más irregulares a medida que aumenta la actividad solar.

Otras formas comunes de la aurora son las bandas, rayas y agujas. Por último, el tipo más raro de aurora boreal es la corona. Por lo general, ocurre durante periodos de alta actividad solar (tormentas solares), y muestra diferentes colores y largas líneas.

¿Cuándo es la mejor época para ver auroras boreales?

Aunque cualquier fecha comprendida entre septiembre y abril es buena para ver auroras boreales, son los meses de invierno y de otoño. En verano no pueden verse debido a que en latitudes tan altas apenas hay oscuridad nocturna o directamente no existe. No obstante, en latitudes algo inferiores, en condiciones de intensas tormentas solares, pueden llegar a verse de forma tenue en los meses veraniegos.

Además, la actividad solar está directamente relacionada con los ciclos solares. El más conocido, relacionado con las manchassolares, es un ciclo de 11 años, con un periodo de mayor actividad en el medio (máximo solar) y un periodo de menor actividad al principio y al final (mínimo solar).

El mejor pronóstico de la aurora boreal a corto y medio plazo es el índice geomagnético KP (rango de 0 a 9). Aun así, al tratarse de un fenómeno natural, las auroras boreales no pueden predecirse con un 100% de fiabilidad.

En contra de lo que muchos creen, la mayor actividad de auroras boreales no se da en los polos, sino en una franja ovalada que los rodea a latitudes ligeramente inferiores (en torno a unos 60 grados), coincidiendo aproximadamente con los círculos polares.

En el hemisferio norte, esta franja se extiende por Alaska, norte de Canadá, Groenlandia, Islandia, Escandinavia y Rusia.

Generalmente, las auroras boreales aparecen desde el norte, aunque con alta actividad también pueden aparecer desde el sur, llegando a cubrir todo el cielo.

¿Por qué se llama aurora boreal?

Fue Galileo Galilei quien las denominó así en 1619, tomando los nombres de la diosa romana del amanecer (Aurora) y del dios griego de los vientos del norte (Bóreas).