Big Bang es el nombre que recibe el modelo cosmológico que explica el origen del universo observable a partir de una expansión súbita, extremadamente caliente y densa, ocurrida hace aproximadamente 13.800 millones de años.
Contrariamente a lo que sugiere el nombre, no se trató de una explosión en un punto del espacio, sino de una expansión del propio espacio en todas las direcciones. Desde ese instante inicial, el universo no ha dejado de crecer, enfriarse y evolucionar, formando las estructuras que hoy conocemos: galaxias, cúmulos, estrellas y planetas.
El universo en expansión y la idea original del Big Bang
La noción de un universo que tuvo un comienzo concreto no siempre fue evidente. Hasta bien entrado el siglo XX, la visión dominante era la de un cosmos estático, sin principio ni fin.
Sin embargo, a partir de las observaciones de Edwin Hubble en los años 20, se descubrió que las galaxias se alejan unas de otras: cuanto más lejos están, más rápido se alejan. Esta relación —conocida como ley de Hubble— solo podía interpretarse como un universo en expansión.
Si el universo se expande, al proyectar esa expansión hacia atrás en el tiempo, todo debió estar concentrado en un estado inicial de densidad y temperatura infinitas. Aquel momento primigenio es lo que hoy denominamos Big Bang, un término acuñado originalmente por el físico Fred Hoyle en tono irónico durante una entrevista radiofónica en 1949.
Curiosamente, Hoyle defendía un modelo alternativo, el del universo estacionario, que fue descartado por la acumulación de evidencias a favor del Big Bang.

Evidencias observacionales: del fondo cósmico a los elementos ligeros
El modelo del Big Bang se apoya en tres pilares observacionales sólidos. El primero, la ya mencionada expansión del universo, confirmada desde hace un siglo. El segundo, el descubrimiento en 1965 del fondo cósmico de microondas: una tenue radiación homogénea que llena el cosmos y que se interpreta como el eco térmico del universo cuando tenía apenas 380.000 años.
Esta radiación, medida con gran precisión por misiones como COBE, WMAP o Planck, muestra diminutas fluctuaciones que se corresponden con las semillas de las futuras galaxias. Su temperatura actual es de 2,7 K, un frío cercano al cero absoluto, pero compatible con un origen caliente.
El tercer pilar lo constituyen las abundancias de los elementos ligeros. Según el modelo, en los primeros minutos del universo se formaron los núcleos de hidrógeno, helio y pequeñas cantidades de litio. Las proporciones calculadas teóricamente coinciden con las que se observan en el universo actual, algo que respalda la validez del escenario primigenio.
Qué ocurrió durante los primeros instantes del tiempo
Los primeros segundos tras el Big Bang escapan todavía a una comprensión total. Se sospecha que, en la primera fracción infinitesimal de segundo —lo que se conoce como época de inflación—, el universo experimentó una expansión exponencial que multiplicó su tamaño de forma descomunal. Esta fase explicaría por qué el cosmos es tan homogéneo y plano a gran escala.
Después, conforme la temperatura bajaba, las partículas fundamentales fueron apareciendo y combinándose. Se formaron protones, neutrones y electrones. Pero no fue hasta pasados unos 380.000 años cuando los primeros átomos estables se unieron y la luz pudo comenzar a viajar libremente por el espacio, dando lugar al fondo cósmico de microondas que aún hoy se detecta.
Las estrellas, en cambio, no surgieron hasta cientos de millones de años después, iniciando lo que se conoce como la época de reionización, en la que la luz volvió a inundar el universo de forma progresiva.
El Big Bang no lo explica todo: límites y preguntas abiertas
Aunque el modelo del Big Bang describe con éxito la evolución temprana del universo, no responde a todas las cuestiones. No explica qué causó el inicio de la expansión, ni qué había —si es que había algo— antes de ese instante.
Tampoco aclara del todo la naturaleza de la energía oscura, responsable de acelerar la expansión en las últimas etapas, ni de la materia oscura, cuya presencia se infiere por su influencia gravitatoria pero cuya composición sigue siendo un misterio.
Tampoco puede ignorarse el hecho de que algunos de sus aspectos más primitivos —como la inflación cósmica— aún carecen de una confirmación experimental directa, aunque sus consecuencias encajan con lo que se observa.
En las últimas décadas, se han propuesto teorías alternativas o complementarias, como los modelos cíclicos, los universos burbuja o incluso un multiverso, pero ninguna ha logrado el consenso que sí ha alcanzado el modelo estándar del Big Bang, reforzado por observaciones acumuladas durante más de medio siglo.