En las capas altas de la atmósfera hay un auténtico río de aire que viaja a velocidades que pueden superar los 300 kilómetros por hora. No se ve ni se oye, pero determina el rumbo de las borrascas, las lluvias y hasta las olas de frío y de calor. Se trata de la corriente en chorro, también conocida como jet stream o chorro polar, uno de los motores más importantes de la dinámica atmosférica de nuestro planeta.
Qué es la corriente en chorro (o chorro polar)
La corriente en chorro es una franja estrecha de vientos muy intensos que soplan de oeste a este en la tropopausa, la zona de transición entre la troposfera (donde se desarrolla el tiempo meteorológico) y la estratosfera.
Se forma como consecuencia de los contrastes térmicos entre las masas de aire cálido y frío, y actúa como una especie de frontera que separa ambos.
Existen varios chorros principales en el planeta, pero el más conocido es el chorro polar, situado entre los 8.000 y los 12.000 metros de altitud, y el chorro subtropical, algo más al sur y a mayor altura. Ambos rodean la Tierra formando grandes ondulaciones que cambian constantemente de forma y posición.
VÍDEO: ¿Qué es el chorro polar?
Cómo se forma el chorro polar
La formación de la corriente en chorro está ligada a la diferencia de temperatura entre el ecuador y los polos.
El aire cálido tiende a ascender en las zonas tropicales y a desplazarse hacia el norte en altura, mientras que el aire frío de las regiones polares se mueve hacia el sur. Este contraste genera un fuerte gradiente de presión en las capas altas de la atmósfera.
Debido al efecto Coriolis, que desvía los movimientos hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el sur, el aire no se mueve directamente de norte a sur, sino que acaba fluyendo de oeste a este. El resultado es un potente chorro de viento que serpentea alrededor del planeta.
Cuando la diferencia térmica entre el Ártico y el ecuador es grande, por ejemplo, en invierno, el chorro polar se vuelve más fuerte y recto. En cambio, cuando el contraste disminuye, como ocurre en verano o en periodos de calentamiento del Ártico, la corriente se debilita y ondula más, generando patrones meteorológicos más persistentes.
Un río de aire que mueve el tiempo
El chorro polar actúa como una autopista para las borrascas y los frentes. Su posición y forma determinan si una región vivirá días de lluvia y viento o, por el contrario, cielos despejados bajo la influencia de un anticiclón.
Cuando el chorro se sitúa al norte de la península Ibérica, las borrascas atlánticas se desplazan hacia el Reino Unido y el norte de Europa, dejando un tiempo estable y seco en España. En cambio, si desciende hacia el sur, abre la puerta a la llegada de frentes fríos, lluvias y temporales.
Su importancia es tal que pequeños desplazamientos pueden tener consecuencias notables: basta con que la corriente se mueva unos centenares de kilómetros para que una zona pase de sufrir una sequía prolongada a registrar precipitaciones abundantes.
Ondulaciones y bloqueos
La corriente en chorro no es una línea recta: se ondula formando meandros, conocidos como ondas de Rossby. Estas ondulaciones permiten que el aire frío descienda hacia el sur en unas zonas, mientras que el aire cálido asciende hacia el norte en otras.
Cuando estas ondas se intensifican, pueden llegar a bloquear el movimiento normal de los sistemas meteorológicos. Es entonces cuando aparecen los denominados bloqueos atmosféricos, que pueden mantener un mismo tipo de tiempo durante días o semanas.
Por ejemplo, un chorro polar muy ondulado puede situar a España bajo un anticiclón persistente, provocando periodos secos en invierno, mientras en el norte de Europa se registran lluvias y temporales continuos. En otras ocasiones, el bloqueo se produce al revés, con el norte estabilizado y el sur bajo lluvias constantes.
El chorro polar y las olas de frío o de calor
La posición del chorro polar tiene un papel decisivo en los episodios extremos de temperatura.
Cuando una gran ondulación permite que el aire ártico se desplace hacia el sur, se producen olas de frío intensas, como las que afectaron a Europa en 1956 o 2021.
Del mismo modo, si una dorsal cálida del chorro impulsa aire africano hacia el norte, pueden desencadenarse olas de calor duraderas y severas. De hecho, los meteorólogos han observado que en los últimos años el chorro polar muestra un comportamiento más errático y ondulado.
Algunos estudios relacionan este fenómeno con el rápido calentamiento del Ártico, que está reduciendo el contraste térmico con las latitudes medias y, en consecuencia, debilitando el chorro. Esto podría favorecer situaciones meteorológicas más bloqueadas y extremas.
Cómo se estudia la corriente en chorro
Para observar y analizar el chorro polar, los meteorólogos utilizan una combinación de datos de satélite, globos meteorológicos y modelos numéricos. Los satélites permiten seguir su evolución casi en tiempo real, detectando las zonas donde el viento sopla con más fuerza en la alta atmósfera.
Además, los aviones comerciales, que vuelan precisamente en la franja donde se ubica el chorro, también aportan información valiosa sobre la velocidad y la dirección del viento.
De hecho, las aerolíneas aprovechan este fenómeno: cuando un avión vuela hacia el este, se beneficia del empuje del chorro, reduciendo el tiempo de vuelo y el consumo de combustible.
El chorro polar y el cambio climático
El cambio climático está alterando el equilibrio térmico entre el ecuador y el Ártico, y esto puede tener consecuencias directas sobre la corriente en chorro. Un Ártico más cálido significa un gradiente de temperatura más débil, lo que tiende a ralentizar y ondular la corriente. Como resultado, los sistemas de altas y bajas presiones permanecen más tiempo en la misma región, generando periodos prolongados de calor, sequía o frío intenso.
Este comportamiento “perezoso” del chorro polar podría explicar algunos de los patrones meteorológicos recientes: veranos extremadamente calurosos en el sur de Europa, inviernos muy fríos en América del Norte o lluvias torrenciales en el Mediterráneo.
Un fenómeno esencial para entender el clima
La corriente en chorro es, en definitiva, una pieza clave del engranaje atmosférico. Regula el movimiento de las masas de aire, marca la trayectoria de las borrascas y define, en gran medida, el tiempo que experimentamos cada día.
Aunque invisible a simple vista, su influencia es enorme: una ligera variación en su velocidad o posición puede transformar el clima de medio continente. Por eso, comprender cómo funciona y cómo está cambiando es fundamental para anticipar los desafíos que traerá el clima del futuro.