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Permahielo (Gelisuelo)


¿Qué es el permahielo y cuáles son sus características?

El permahielo, también conocido como permafrost, hace referencia a la capa de suelo terrestre que permanece congelada permanentemente, aunque no tiene por qué estar siempre cubierta de nieve o hielo. Aparece en altas latitudes, cerca de los polos, y también alrededor de los glaciares.

Por definición, se considera permafrost a todo terreno que haya aguantado congelado de forma ininterrumpida durante al menos dos años y que está constituido por tierra, rocas y sedimentos conglomerados por el hielo.

Sin embargo, la mayor parte del permafrost actual se formó a partir de la Edad de Hielo (hace más de 10.000 años) y, gracias a su longevidad, ha ido acumulando grandes cantidades de carbono y metano (los principales gases de efecto invernadero) provenientes de la descomposición de materia orgánica en su interior.

Esta capa puede extenderse desde apenas unos centímetros hasta cientos de metros de profundidad, y podemos distinguir dos estratos en ella: el pergelisol y el molisol.

El pergelisol constituye la capa helada de mayor profundidad, completa y permanentemente congelada, mientras que el molisol se encuentra por encima, alcanzando la superficie, y tiene facilidad para descongelarse durante ciertos periodos cálidos.

Aunque pueda parecer lo contrario, sobre este tipo de suelo puede llegar a desarrollarse vida, concretamente la tundra.

¿Cuál es su función?

El permafrost actúa como un almacén de carbono y metano, evitando que estos compuestos escapen a la atmósfera en forma de dióxido de carbono y metano.

Con el suelo congelado, el carbono (procedente de la descomposición de materia orgánica) se muestra inactivo. Sin embargo, si se derrite, puede volverse muy activo, convirtiéndose en dióxido de carbono. Esto es gracias a la presencia de bacterias. Cuando esto sucede, el CO2 emitido desde estos almacenes de carbono es liberado hacia la atmósfera en cantidades importantes, contribuyendo al aumento del efecto invernadero y, por tanto, al calentamiento global.

De hecho, se calcula que la cantidad de carbono depositada debajo del permafrost representa alrededor del doble del contenido de carbono que existe en la atmósfera.

El permafrost actúa, por tanto, como un gran termostato regulador del clima terrestre.

¿Dónde lo podemos encontrar?

Como se ha mencionado, el permafrost aparece en zonas cercanas a los polos, en áreas de Canadá, Alaska, Siberia, Groelandia o el extremo norte de los países escandinavos.

De igual forma, lo podemos encontrar en zonas de alta montaña, en los alrededores de los glaciares, especialmente en el Himalaya.

También aparece en el subsuelo marino del Océano Ártico alrededor del Polo Norte.

Todos los lugares mencionados corresponden al hemisferio norte, ya que es muy mayoritario respecto al presente en el hemisferio sur (aunque también aparece en algunas islas del Atlántico Sur y en los Andes). De hecho, se calcula que en el hemisferio norte este tipo de suelo constituye alrededor del 25% de la superficie continental.

Por otro lado, dentro de las regiones con permafrost, podemos distinguir entre zonas con cobertura total de hielo (permafrost continuo) y zonas donde no hay un 100% de suelo con permafrost (permafrost discontinuo). La cubierta discontinua se da generalmente en zonas donde la temperatura media anual se mueve entre 0 y -5°C, mientras que en aquellas regiones con temperaturas inferiores a los -5°C, tenemos permafrost continuo.

No obstante, como veremos más adelante, su extensión actual está en claro retroceso debido al calentamiento global.

Influencia del cambio climático en el permahielo

El calentamiento global que estamos padeciendo como una de las características principales del cambio climático, contribuye a una reducción de la extensión de permafrost en el mundo.

Además, hay que tener en cuenta, que el mayor aumento de temperatura se está dando en latitudes altas, donde se encuentra el permafrost. Por ello, en las últimas décadas ya se viene observando una disminución del permafrost del planeta.

Se estima que un aumento de la temperatura media global de 2°C sobre los niveles preindustriales (valor límite máximo fijado en el Acuerdo de París) implicaría la pérdida de alrededor del 40% de la extensión total de permafrost.

Consecuencias de la pérdida de permahielo

Como ya hemos mencionado, el permafrost actúa como un depósito de carbono que evita emisiones aún mayores de CO2 a la atmósfera. Por tanto, un deshielo de esta cubierta de hielo implica la liberación de enormes cantidades de gases de efecto invernadero.

Estas emisiones incrementarían el efecto invernadero, y por tanto, mayor calentamiento del planeta, y una aceleración en el derretimiento de permahielo. Estamos, por tanto, ante una retroalimentación positiva.

Por otro lado, debajo de esta capa de hielo perenne se encuentran numerosos virus y bacterias, y se especula que el derretimiento podría provocar su liberación, pudiendo llegar a suponer un problema de salud global.

Por último, el derretimiento del permafrost también tiene consecuencias negativas en la flora y fauna. Un ejemplo lo encontramos en Siberia, donde en muchas zonas la tundra está dando paso a paisajes donde predomina en lodo, provocando la desaparición de la flora y fauna local.