Meteopedia

Líridas

La lluvia de estrellas Líridas se deja ver cada mes de abril, cuando la Tierra cruza la órbita del cometa C/1861 G1 Thatcher. Es entonces cuando partículas minúsculas, restos de ese cometa, entran en la atmósfera a gran velocidad y producen destellos que conocemos como meteoros.

El fenómeno, aunque no el más intenso del año, sí figura entre los más antiguos documentados. El punto del cielo desde donde parecen surgir estos meteoros —lo que se conoce como radiante— se encuentra en la constelación de Lyra, de ahí el nombre.

Pero no hay que fijar la mirada allí: los meteoros pueden aparecer en cualquier parte del firmamento. Lo esencial es que se trata de un espectáculo natural que ocurre, sin interrupción, desde hace más de 2.600 años.

Un fenómeno con siglos de historia… y algunas sorpresas

Las Líridas están entre las primeras lluvias de meteoros que se registraron por escrito. Algunos textos chinos ya hablaban de ellas en el siglo VII antes de Cristo. Desde entonces, se las ha observado año tras año, aunque su intensidad varía. En ocasiones, pueden alcanzar tasas sorprendentes —como sucedió en 1982— y otras veces apenas superan los 10 meteoros por hora.

El número de meteoros visibles depende de muchos factores. Entre ellos, la fase lunar tiene un peso importante. Si hay luna llena cerca del pico de actividad, su luz puede eclipsar buena parte del espectáculo. En cambio, en años de luna nueva o cuarto menguante, el cielo oscuro permite ver hasta los trazos más tenues.

Y, como sucede con otros fenómenos astronómicos, no todos los años son iguales. Hay lluvias más activas que otras. Incluso cuando se espera un pico modesto, la atmósfera puede darnos sorpresas: ráfagas repentinas, bólidos brillantes, o simplemente una noche especialmente clara y serena que hace de lo ordinario algo memorable.

El 'radiante' de las líridas.
El ‘radiante’ de las líridas. Fuente: Observatorio Astronómico Nacional

Qué hace especiales a los meteoros de las Líridas

Al entrar en la atmósfera, estas partículas alcanzan velocidades próximas a los 49 kilómetros por segundo. Son pequeñas —del tamaño de un grano de arena, en muchos casos— pero esa velocidad basta para que se calienten por fricción y se desintegren emitiendo luz. El destello dura apenas un segundo, a veces menos. Pero hay excepciones.

Los bólidos líridos, aunque raros, son espectaculares. Son meteoros más grandes o que entran en la atmósfera con una inclinación determinada, generando trazos persistentes, incluso con tonos azulados o verdosos. No son lo más común, pero cuando aparecen, cuesta olvidarlos. Algunos dejan una estela visible durante varios segundos.

No es algo que dependa de telescopios ni de tecnología. De hecho, cuanto menos equipamiento, mejor. La vista desnuda es más que suficiente, siempre que el cielo esté despejado, y a ser posible, libre de luces urbanas. No se necesita más. Solo algo de paciencia y la disposición a dejarse sorprender.

Cuándo y dónde observar las Líridas en España

La lluvia de estrellas Líridas suele estar activa entre el 16 y el 25 de abril, aunque su pico se concentra en torno a la noche del 21 al 22. Durante esas horas, y sobre todo después de medianoche, es cuando el número de meteoros tiende a aumentar. Eso sí, no hay un instante exacto. La actividad puede alargarse o adelantarse ligeramente según el año.

Desde España, las condiciones suelen ser favorables, especialmente en zonas de interior, lejos de núcleos urbanos. El radiante comienza a asomar por el noreste a última hora de la noche y va ganando altura hacia el amanecer. Cuanto más alto se sitúe en el cielo, mayor será la posibilidad de ver meteoros.

Según datos del Observatorio Astronómico Nacional, la media ronda los 18 meteoros por hora en los mejores momentos. Sin embargo, estos valores son estimaciones. A veces, en lugares oscuros y con cielos limpios, puede parecer que son muchos más. O al menos, esa ha sido la impresión de muchos observadores en los últimos años.

Por qué abril marca el regreso de las lluvias meteóricas

Aunque no tan populares como las Perseidas de agosto, las Líridas tienen algo simbólico. Son la primera gran lluvia de estrellas tras los meses de invierno.

De algún modo, anuncian el regreso de la actividad astronómica al aire libre. Las noches empiezan a ser más suaves, los cielos más estables, y la espera por nuevos fenómenos —como las Eta Acuáridas, las Delta Acuáridas o las propias Perseidas— se hace más llevadera.

Además, hay un punto impredecible en su comportamiento. Algunas lluvias como las Gemínidas ofrecen cifras muy estables año tras año. Las Líridas no. Cada aparición es ligeramente distinta, como si el cometa Thatcher nos enviara señales con intensidad variable. No hay forma de saber con certeza si un año será discreto o extraordinario. Eso forma parte del encanto.