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Viento


¿Qué es el viento?

El viento es el fenómeno meteorológico que se refiere al movimiento del aire respecto de la superficie terrestre. El término es comúnmente utilizado para denotar la componente horizontal del movimiento. Los flujos verticales suelen denominarse corrientes. Al ser una magnitud vectorial hay que considerar su dirección y velocidad.

Está generado como consecuencia de las diferencias de presión atmosférica y es un importante elemento controlador del tiempo ya que actúa como agente transportador de las masas de aire y el vapor de agua, además de efectuar los intercambios de calor.

¿Por qué se produce?

El viento se puede producir en diversas escalas: desde flujos tormentosos que duran varios minutos hasta brisas locales generadas por el distinto calentamiento de la superficie y que duran varias horas, e incluso a escala sinóptica (gran escala), fruto del distinto nivel de calentamiento entre regiones del planeta.

El calentamiento desigual del planeta provoca variaciones en la temperatura entre distintas zonas geográficas y entre distintas capas de la atmósfera. Esto se traduce en áreas con distintas presiones atmosféricas, provocando el movimiento del aire dentro de la atmósfera.

Es decir, la energía térmica del Sol se transforma en energía cinética llevando masas de aire de unas regiones a otras del planeta.

La diferencia de presiones hace que el aire se desplace (viento) desde las zonas de mayor presión (anticiclones) a las zonas con menor presión (borrascas) con el fin de intentar contrarrestar la diferencia existente entre ellas.

No obstante, esta trayectoria que recorre el viento desde las altas hacia las bajas presiones no es rectilínea, sino que sufre cierta desviación alejado del ecuador y los polos. Esto se debe a la fuerza de Coriolis provocada por la rotación terrestre, que hace que el viento se desvíe hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el hemisferio sur. Esto es lo que provoca que, en el hemisferio norte, el viento gire en sentido antihorario (opuesto al de las agujas del reloj) alrededor de las borrascas y en sentido horario (como las agujas del reloj) en el caso de los anticiclones.

En definitiva, el origen predominante del viento a gran escala (sinóptica) es la diferencia de calentamiento entre zonas del planeta de acuerdo con determinados factores geográficos y astronómicos, así como por variaciones estacionales o temporales producidas por los movimientos de rotación y traslación terrestre.

Velocidad del viento

La velocidad suele expresarse en kilómetros por hora (km/h) o en metros por segundo (m/s). En náutica suele emplearse el nudo como unidad de medida (millas por hora).

La velocidad será mayor cuanto mayor sea el gradiente de presión, es decir, la diferencia de presión entre dos puntos. En un mapa de presiones, si las isobaras están muy juntas, quiere decir que el viento será intenso. Normalmente a nivel global los vientos más fuertes se dan en altas latitudes.

Por último, también hay que tener en cuenta que la velocidad disminuye al aumentar el rozamiento, que afecta especialmente a la capa más próxima al suelo continental. Este es el motivo por el cual muchas veces se tienen vientos más intensos en la costa que en el interior.

La escala de Beaufort nos permite clasificar los vientos en función de su intensidad y de los efectos producidos en tierra y mar. Esta clasificación presenta 13 niveles (desde el 0 al 12):

  • 0.  Calma. De 0 a 1 km/h
  • 1.  Ventolina. De 2 a 5 km/h
  • 2.  Flojito (brisa muy ligera). De 6 a 11 km/h
  • 3.  Flojo (brisa ligera). De 12 a 19 km/h
  • 4.  Bonanciable (brisa moderada). De 20 a 28 km/h
  • 5.  Fresquito (brisa fresca). De 29 a 38 km/h
  • 6.  Fresco (brisa fuerte). De 39 a 49 km/h
  • 7.  Frescachón (viento fuerte). De 50 a 61 km/h
  • 8.  Temporal (viento duro). De 62 a 74 km/h
  • 9.  Temporal fuerte (muy duro). De 75 a 88 km/h
  • 10.  Temporal duro (temporal). De 89 a 102 km/h
  • 11.  Temporal muy duro (borrasca). De 103 a 117 km/h
  • 12.  Temporal huracanado (huracán). Más de 118 km/h

Los aumentos repentinos y poco duraderos (segundos) de la intensidad de viento reciben el nombre de ráfagas o rachas de viento. Por su parte, los vientos fuertes de duración intermedia (aproximadamente 1 minuto) se denominan turbonadas. Por último, los vientos de larga duración (horas o días) reciben diversos nombres en función del motivo que los origina (brisa, temporal, tormenta, huracán, etc.)

El aparato que se emplea para medir la velocidad del viento es el anemómetro. Estos aparatos miden la velocidad instantánea del viento y también las rachas (viento más fuertes que la media). El viento es muy variable, por lo que suele tomar un valor medio en intervalos de 10 minutos para ofrecer un valor de viento medio.

Los anemómetros más comunes son los anemómetros de cazoletas, que son una especie de molinillo de 3 aspas con cazoletas sobre las que incide el aire en movimiento, y que miden la intensidad del viento en función del número de vueltas de las aspas del molinillo.

Muchas veces están integrados en una estación meteorológica y asociados con una veleta, que mide la dirección del viento.

Dirección del viento

En meteorología, cuando hablamos de la dirección del viento se indica de dónde viene, no hacia dónde se dirige. Por ejemplo, el viento de norte es aquel que sopla desde el norte hacia el sur; en este caso, también sería común decir que el viento es de componente norte.

Se mide en grados, desde 0° hasta 360°, girando en el sentido de las agujas del reloj, a partir del norte geográfico. De esta forma, valores cercanos a 0° o 360° indican viento del norte, valores alrededor de 90° indican viento del este, alrededor de 180° del sur, y de 270° del oeste. Entre medias de estos valores tendremos las componentes noreste, sureste, suroeste y noroeste.

La dirección del viento suele considerarse casi paralela a las isobaras (líneas de igual presión atmosférica), dejando (en el hemisferio norte) a su derecha las altas presiones y a su izquierda las bajas presiones. No obstante, el rozamiento con la superficie en la baja troposfera hace que las cruce ligeramente.

La dirección del viento se mide con una veleta. Se trata de un dispositivo giratorio que consta de una placa que gira libremente, un señalador con forma de flecha en su punta, y una cruz horizontal que refleja los puntos cardinales. Cuando sopla el viento, el aparato se coloca en la posición de mínima resistencia, de manera que la fecha refleja la dirección del viento.

En los aeropuertos suelen emplearse las mangas de viento, diseñados para medir la dirección y, en algunos casos, la fuerza del viento respecto a la horizontal del suelo. También pueden verse en los laterales de algunas carreteras, donde el viento lateral puede ser peligroso.

Tanto la dirección como la velocidad del viento suelen medirse a una cierta altura respecto del suelo, normalmente de 10 metros o, en algunos casos, 2 metros de altura.

Fuerzas determinantes en el viento

Las dos fuerzas principales que determinan mayoritariamente el viento en la escala global son el gradiente de presión y la fuerza de Coriolis. La primera provoca que el viento adquiera una dirección desde las altas presiones hacia las bajas presiones, mientras que la segunda desvía esta trayectoria hacia la derecha en el hemisferio norte y hacia la izquierda en el hemisferio sur.

La aproximación de que el viento sea paralelo a las isobaras se conoce como aproximación geostrófica, y considera que se consigue el equilibrio entre la fuerza generada por el gradiente de presión y la fuerza de Coriolis. Se desprecian otras fuerzas menores, como el rozamiento y la fuerza centrífuga.

Esta hipótesis geostrófica resulta una aproximación aceptable sobre el océano donde el rozamiento es menor. También en niveles medios y altos de la atmósfera. Sin embargo, se ajusta menos a la realidad en latitudes bajas, ya que en el ecuador la fuerza de Coriolis es nula, siendo máxima en los polos.

Además, aunque a gran escala no tiene un rol determinante, la fuerza centrífuga (debida a la rotación terrestre y a la curvatura de las isobaras alrededor de los centros de acción) debilita la circulación creada por el viento geostrófico alrededor de las borrascas y la refuerza en el caso de los anticiclones. Esta fuerza se dirige hacia fuera del núcleo de bajas o altas presiones.

El rozamiento juega un papel importante en las capas más superficiales de la troposfera, de forma que desvía ligeramente la dirección hacia las bajas presiones. Este rozamiento es despreciable en capas medias y altas, y es menos importante sobre el mar que sobre tierra.

Además, en los continentes existen numerosos accidentes geográficos e influencias térmicas de menor escala que modifican el viento señalado por las isobaras.

Por tanto, a escala local, es necesario considerar otras fuerzas menores para la determinación de la dirección y la velocidad del viento. Es lo que se conoce como aproximación ageostrófica.

Tipos de vientos

Existen diversas formas de clasificación del viento. Ya hemos visto la clasificación en función de su intensidad (escala de Beaufort) y en función de su dirección de avance (las componentes mencionadas).

De acuerdo con su escala o magnitud de recorrido tenemos tres tipos de viento: los vientos globales o planetarios (circulaciones primarias), los vientos regionales (circulaciones secundarias) y los vientos locales (circulaciones terciarias). No obstante, los dos últimos muchas veces son difíciles de diferenciar, por lo que se pueden agrupar en una única categoría.

Vientos planetarios y circulación general

Los vientos globales o planetarios son aquellos que tienen grandes recorridos (cientos o miles de kilómetros) sobre el planeta, y que son los responsables de transportar grandes cantidades de energía térmica, ayudando a regular la temperatura global. En superficie, tenemos los siguientes:

  • Alisios

Vientos del noreste (hemisferio norte) y sureste (hemisferio sur) que soplan en las regiones intertropicales (entre el ecuador y los 30° de latitud, aproximadamente), más constantes en verano.

Son típicos, por ejemplo, en las Islas Canarias, siendo los responsables del gran contraste en el clima y los paisajes del norte de las islas de mayor relieve respecto al sur de éstas.

Históricamente han tenido una gran importancia, pues permitieron la existencia de importantes rutas comerciales marítimas.

  • Vientos del oeste

Se mueven hacia el este en las latitudes situadas entre los 30° y los 60° de ambos hemisferios.

Pueden llegar a ser muy intensos, especialmente en el hemisferio austral, debido a la mayor superficie oceánica (menos obstáculos que frenen al viento). Alcanzan su máxima intensidad entre los 40° y los 50° de latitud.

Se debilitan en la estación cálida debido al menor gradiente térmico y de presión existente entre el Polo y el ecuador.

Regulan el clima de Europa, provocando que, en general, la fachada atlántica (a barlovento) sea más lluviosa.

  • Vientos polares del este

Se dan entre los 60° y los 90° de latitud. Estos vientos son mayoritariamente fríos y secos que soplan desde las regiones de altas presiones en los polos hacia las bajas presiones situadas más al sur, y que por efecto de Coriolis se desvían hacia la derecha.

Son más débiles e irregulares que los intensos vientos del oeste.

Para comprender la existencia de estos vientos planetarios es necesario explicar el comportamiento de la Circulación General de la Atmósfera. Para entenderla en su totalidad hay que considerar lo que ocurre junto al suelo y también lo que sucede en las capas más altas de la atmósfera.

Ésta se define como el conjunto de movimientos que caracterizan el flujo atmosférico a escala global producido por la diferencia de energía solar recibida entre los polos y las regiones tropicales. Esta descompensación se equilibra mediante la transferencia de energía desde el Ecuador a los Polos a través de la atmósfera (vientos) y de los océanos (corrientes oceánicas).

La circulación global se explica a partir del modelo simplificado de las tres células o celdas. Este modelo establece tres grandes células de circulación atmosférica (Hadley, Ferrel y Polar) en cada hemisferio, y que son las encargadas de transportar el calor entre la región ecuatorial y las polares.

Su presencia justifica los principales vientos planetarios mencionados, así como la aparición de los grandes centros de acción (anticiclones y borrascas): bajas tropicales, altas subtropicales, bajas de latitudes medias y altas polares.

La célula de Hadley se sitúa entre el Ecuador y los 30°, y es la responsable de los vientos alisios y del movimiento de masas de aire tropicales. Delimita las regiones tropical y extratropical.

Los vientos alisios de ambos hemisferios convergen en el entorno del ecuador, en lo que se llama Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) que está cercana al ecuador en el hemisferio norte. Esta convergencia provoca que el aire cálido ascienda por convección, provocando un enfriamiento y condensación. Esta formación de nubes favorece la aparición de lluvias y tormentas intensas en la ZCIT.

La ZCIT se mueve hacia el norte en verano y hacia el sur en invierno (al revés en el hemisferio austral).

En altura, los vientos se dirigen hacia el norte (hemisferio norte) y sur (hemisferio sur), de forma que el aire se va enfriando en su recorrido. Al enfriarse, se hace más denso y desciende en el entorno de los 30°. Se forma una subsidencia de aire muy seco que ocasiona las altas presiones subtropicales (como el anticiclón de las Azores). Son regiones de calma, con escasas precipitaciones y viento muy débil. En estas latitudes aparecen la mayor parte de los grandes desiertos.

En la región subtropical, los vientos en superficie se bifurcan (divergen) hacia el norte y hacia el sur. Estos vientos que se dirigen hacia el sur son desviados por Coriolis provocando los vientos alisios. Estos alisios vuelven a converger en superficie en la ZCIT, de forma que se cierra la célula de Hadley.

La célula de Ferrel se sitúa entre los 30° y los 60°, y es la responsable de los vientos del oeste (westerlies) y del transporte de masas de aire templadas.

Como hemos dicho, no todo el aire que subside en el alta subtropical vuelve hacia el ecuador. Parte continúa hacia el norte (hacia el sur en el hemisferio austral), donde gracias a la fuerza de Coriolis, se dan los vientos del oeste en las latitudes medias.

Alrededor de los 60° de latitud, los vientos que se dirigen hacia el norte en superficie (por el gradiente de presiones) se encuentran con el aire de la célula Polar y se produce una zona de convergencia llamada Frente Polar. Es la frontera entre el aire frío polar y el aire más templado de latitudes medias.

En esta región se originan las borrascas que afectan al continente europeo, sobre todo en invierno. El aire es forzado a ascender, favoreciendo la formación nubosa y de precipitaciones. Este aire en altura se divide hacia el polo y hacia la zona de subsidencia subtropical, donde nuevamente desciende, de forma que se cierra la célula de Ferrel.

Por último, como ya se ha mencionado, tenemos la célula Polar. Se sitúa entre los 60° y los 90° de latitud, y es la responsable de los vientos polares del este, así como del transporte de masas de aire polar. Es la circulación más débil de las tres.

En la región del Frente Polar, el aire asciende y la divergencia en altura provoca que parte de ese aire se dirija hacia el Polo, enfriándose. Este aire frío subside (desciende) en los polos, formando las altas polares, con aire muy frío y muy seco.

Los vientos en superficie soplan desde las altas polares hacia las bajas subpolares, y por el efecto de Coriolis, se producen los vientos del este polares.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la Circulación General de la Atmósfera no es simétrica. Se ve alterada por la presencia de continentes, montañas y la cubierta de hielo. En latitudes superiores a los 30° en el hemisferio sur tenemos océano muy mayoritariamente, mientras que en el hemisferio boreal hay mayor superficie continental. Además, el Polo Norte es una gran capa de hielo, mientras que el Polo Sur es superficie continental (permafrost).

Vientos regionales y locales

Los vientos regionales son determinados por la distribución de continentes y mares u océanos, así como por los grandes relieves continentales. También son debidos a los contrastes térmicos.

Son periódicos y estacionales, y su dirección puede variar a lo largo del año e incluso del día.  Pueden abarcar regiones más o menos amplias, pudiéndose denominar también como vientos locales si son de menor escala.

  • Monzón

El monzón es un viento estacional que se da en el sur de Asia, y que se debe al contraste térmico entre el océano Índico y el continente asiático. En menor medida, se da en otras regiones del planeta como Australia, zonas de África y de América.

Se puede diferenciar entre el monzón de invierno y el monzón de verano, según la dirección del viento. Además, debido a su gran escala, puede llegar a considerarse como un viento cuasi planetario.

En verano, la tierra alcanza una temperatura mayor que el océano. El aire que está en contacto con la superficie continental también se calienta y asciende, provocando un área de baja presión sobre el continente, de forma que se tienen presiones mayores sobre el océano.

Como el viento se desplaza desde las altas a las bajas presiones, se producen vientos en dirección sur-norte desde el océano hacia el interior continental. Este viento, cargado de humedad, “choca” con la cordillera del Himalaya y otras áreas montañosas, originando precipitaciones muy intensas y continuas sobre la India y otras áreas del sur asiático.

Esto es el fenómeno del monzón de verano o monzón húmedo. Como el calentamiento es un proceso gradual y que puede adelantarse o atrasarse en función del año, la temporada del monzón de verano en la India puede comenzar entre abril y junio, y acabar entre septiembre y noviembre.

Por el contrario, en invierno la temperatura del océano es mayor a la del continente, por lo que la situación se invierte, con la formación de altas presiones sobre el continente y bajas presiones en el océano.

En este caso, los vientos soplan en dirección norte-sur, es decir, desde el interior asiático hacia el Índico. Es un viento mucho más frío y seco, desplazando las lluvias a las islas del sudeste asiático, y predominando las sequías en la India.

Esto es el monzón de invierno o monzón seco, que abarca, aproximadamente, entre octubre y abril.

De los monzones depende gran parte de la economía de la India y otras zonas del sur asiático, ya que los cultivos de arroz y algodón viven de las lluvias del monzón de verano.

Sin embargo, en ocasiones las lluvias torrenciales y persistentes originan graves inundaciones y corrimientos de tierras.

Otros monzones menos significativos pueden ser el monzón de África subsahariana occidental, o el monzón del Golfo de México y del Golfo de California.

  • Borrascas y anticiclones

En el hemisferio norte, los vientos giran en sentido antihorario alrededor del núcleo de bajas presiones de las borrascas, y en sentido horario alrededor de las altas presiones de los anticiclones. En el hemisferio sur, se invierte el sentido de giro.

En la parte delantera de las borrascas (en el oeste, según su trayectoria habitual en nuestras latitudes) se tienen vientos templados y cargados de humedad, que pueden ser más o menos intensos en función de la profundidad de la misma. Con la proximidad de la borrasca, los vientos van rolando desde el sur hacia el oeste, para acabar entrando vientos del norte más fríos tras su paso.

Los anticiclones suelen ser más estáticos, con vientos del norte al este del núcleo central de altas presiones y vientos del sur al oeste (es decir, al revés que en las borrascas), en el hemisferio norte. En general, los vientos asociados son más débiles y con escasas o nulas precipitaciones, a excepción de las que puedan producirse por factores orográficos.

  • Tormentas

Las nubes que generan tormentas, llamadas cumulonimbos, se desarrollan por convección, debido al ascenso de masas de aire caliente y húmedo. Cuando hay diferencia de temperatura entre distintos niveles de la atmósfera, el gran contraste térmico genera fuertes corrientes de aire ascendentes y descendentes en el seno de los cumulonimbos. Estas condiciones pueden desembocar en fuertes precipitaciones con aparato eléctrico y con intensas rachas de viento en superficie.

Las tormentas pueden llevar asociados dos fenómenos característicos que son parecidos, pero no iguales: los reventones y los frentes de racha.

Un reventón consiste en una corriente de aire descendente asociada a una nube de tormenta. Tras bajar rápidamente, se desplaza horizontalmente sobre el suelo a gran velocidad a lo largo de unos pocos kilómetros, en todas direcciones. En tierra lo sentimos como un viento intenso repentino que nos viene desde la tormenta.

Se puede distinguir entre reventón húmedo o reventón seco en función de si la precipitación llega al suelo o se evapora antes (virgas).

Un frente de racha es un fenómeno que forma parte del ciclo de vida normal de una tormenta. Consiste en una ráfaga fuerte que se produce en la parte delantera de la tormenta, en la frontera entre el aire frío de ésta y el aire más cálido del entorno.

Se identifica con un aumento brusco de la presión atmosférica, una bajada de la temperatura y el giro en la dirección del viento.

Por último, un fenómeno extremo que puede aparecer en algunas tormentas severas son los tornados, torbellinos que se descuelgan de la base de un cumulonimbo hasta la superficie, y que pueden generar rachas de viento extraordinarias, pudiendo superar los 300 km/h.

  • Viento foehn

Son vientos secos y cálidos, y en ocasiones, fuertes, que soplan a sotavento de las grandes cordilleras, es decir, en las laderas del lado contrario de donde sopla el viento.

Es un nombre genérico, que proviene del alemán, y que se ha adoptado del viento sur típico que sopla sobre la vertiente norte de los Alpes.

El fenómeno se produce cuando el viento sopla perpendicular a una barrera montañosa, de manera que la masa de aire se ve obligada a ascender, enfriándose en su camino. Si el enfriamiento es suficiente, se forman nubes y precipitaciones (lluvias por forzamiento orográfico) en la ladera expuesta al viento o de barlovento.

Cuando el aire desciende hacia la otra ladera ha perdido gran parte de su humedad, calentándose y acelerándose a medida que aumenta la presión al descender.

En consecuencia, se tiene un ambiente mucho más seco y cálido a sotavento de la barrera montañosa. Desde este lado se puede observar como las nubes quedan “atrapadas” en la barrera montañosa, evaporándose al descender hacia sotavento.

Este efecto foehn puede darse en todas las cordilleras del mundo, a mayor o menor escala. En España, un ejemplo típico se da en la Cordillera Cantábrica con el viento del sur, propiciando un ambiente cálido y seco en las costas del Cantábrico. Otro ejemplo lo tenemos en Sierra Nevada, donde a sotavento de los vientos de poniente predominantes tenemos el desierto de Tabernas.

  • Brisas marina y terrestre

Consisten en un flujo de viento que se establece en las zonas costeras entre la tierra y el mar y que cambia de dirección entre el día y la noche. Se debe al contraste térmico entre ambas superficies (continental y oceánica).

Durante el día, se produce un mayor calentamiento del suelo continental que de la superficie del mar. El aire más cercano al suelo se calienta y asciende, haciendo que disminuya la presión en esta zona. Para compensar este gradiente de presión, se crea una brisa de aire fresco procedente del mar hacia a costa. Se conoce como brisa de mar. Por ello, las temperaturas máximas costeras no son tan elevadas como en otras zonas próximas en verano.

Durante la noche, la tierra se enfría más que el mar, por lo que se genera el efecto contrario. Se tiene la brisa de tierra, en dirección hacia el mar. Generalmente es más débil (sobre todo en verano) que la de mar, ya que el gradiente térmico (y por tanto, de presiones) es menor que durante el día.

Realmente, el origen del fenómeno es el mismo que el de los monzones, pero a pequeña escala temporal y espacial.

  • Brisas de montaña y de valle

Al igual que las brisas de tierra y mar, son flujos de viento cíclicos y que cambian de dirección entre el día y la noche. Se dan en periodos de calma, anticiclónicos.

Durante la noche, el aire más superficial se enfría por radiación, volviéndose más denso que el aire que lo rodea. Por gravedad, se ve obligado a descender por las laderas de las montañas hacia los valles. Es lo que se conoce como brisa de montaña o viento catabático.

En general es débil y se produce durante la noche y las primeras horas de la mañana, antes de que comience el calentamiento diurno.

Durante el día, se produce el movimiento contrario. Se tiene un flujo de aire ascendente desde los valles hasta las cimas, por las laderas. Es la brisa de valle o viento anabático, y en general suele ser débil, aunque en días calurosos puede reforzarse y llegar a forzar la formación de nubes (cúmulos) por convección.

Vientos en España

En nuestro país, existen algunos tipos de viento característicos que reciben un nombre propio en las regiones donde soplan. Los más importantes son los siguientes:

  • Ábregos

Son uno de los vientos más preciados por los amantes de la lluvia, ya que suelen regar gran parte de nuestra geografía. Son vientos de componente suroeste, templados y cargados de humedad (por su procedencia atlántica).

Se hacen notar en gran parte de la vertiente atlántica, dejando abundantes precipitaciones en Extremadura, Andalucía Occidental, ambas mesetas y Galicia, especialmente en los sistemas montañosos orientados hacia el sur.

Por el contrario, al norte de los sistemas montañosos (especialmente en la costa cantábrica),cuando soplan los vientos ábregos y debido al efecto foehn, se produce un recalentamiento y mayor sequedad del ambiente.

  • Tramuntana

Es el viento del norte característico de la costa norte catalana, en la zona del Ampurdán, y en las Islas Baleares, sobre todo en Menorca y Mallorca. Es un viento frío y, muchas veces, intenso, que se acelera en el Golfo de León, tras cruzar el Macizo Central francés y los Pirineos. Suele conllevar duros temporales marítimos en el Mediterráneo noroccidental.

  • Cierzo

Es un viento muy frecuente de componente noroeste que se canaliza a través del Valle del Ebro. Es un viento fuerte, fresco y seco debido a la diferencia de presión entre el mar cantábrico y el mar mediterráneo, con altas presiones en el primero y bajas en el segundo.

Su opuesto (viento del sureste) es el bochorno, que suele provocar un ambiente muy húmedo a lo largo del Valle del Ebro.

  • Galerna

Por su carácter súbito y violento, es un fenómeno muy conocido en la costa del Cantábrico y el Golfo de Vizcaya.

Consiste en un giro repentino de la dirección del viento (pasa de sur a norte) por el paso de un frente frío, provocando un descenso brusco de la temperatura, un aumento de la humedad y viento racheado de gran intensidad.

  • Levante

Nombre con el que se conoce al viento del este en la costa mediterránea, alcanzando las mayores velocidades en la zona del Estrecho de Gibraltar.

Los grandes temporales de levante pueden dejar lluvias muy eficientes en áreas de la costa mediterránea. Se producen por un gradiente de presión entre el norte y el sur, con bajas presiones en el sur peninsular o en el norte de África.

  • Poniente

Es el viento opuesto al levante, de componente oeste, que sopla sobre la costa mediterránea. Es un viento seco en estas regiones y que puede ocasionar altísimas temperaturas en verano, especialmente en la Comunidad Valenciana, por su procedencia terrestre.

  • Alisios

Estos vientos del noreste y de escala planetaria son comunes en las Islas Canarias, provocando grandes contrastes en el clima y los paisajes entre la vertiente de barlovento (húmeda) y de sotavento (seca).

Efectos del viento

El viento actúa como agente transportador en la atmósfera. En primer lugar, permite el desplazamiento de las nubes y, por ende, de las precipitaciones. También facilita la dispersión de los contaminantes, permitiendo la renovación del aire. Trasporta partículas a gran escala, como cuando llega calima desde África a Europa o incluso a América. Además, la polinización de las plantas es posible gracias al transporte de las semillas por el viento.

Ayuda a modelar el relieve, siendo un poderoso agente erosivo, en especial en zonas desérticas, al arrastrar los granos de arena y el polvo de los desiertos. De igual forma, actúa como agente de sedimentación, ya que cuando el viento pierde velocidad, deposita los materiales que transporta. Es el caso de las dunas, que se forman gracias a acumulaciones de arena que se desplazan en la dirección del viento.

Por otro lado, el viento es la base para varias actividades humanas. Gracias a él se mueven los veleros en el mar, y los globos y planeadores en el aire. Es también esencial para algunos deportes como el surf, el windsurf (las olas son generadas por el viento), o el parapente.

Por último, el viento también puede convertirse en un poderoso agente destructivo, en especial en el caso de los tornados y los ciclones tropicales (huracanes o tifones).

Aprovechamiento de los vientos

El aprovechamiento de la energía cinética del viento permite obtener energía. Es lo que conocemos como energía eólica.

Es una fuente de energía renovable, comprometida con la conservación del medio ambiente, que permite obtener energía eléctrica a partir del movimiento de las masas de aire.

Esta fuente de energía se consigue mediante la instalación de aerogeneradores en emplazamientos adecuados, con presencia habitual de vientos relativamente intensos. Estos emplazamientos se denominan parques eólicos.

Sus principales inconvenientes son, por un lado, el impacto visual que generan, y por otro, que todavía no se han diseñado sistemas suficientemente grandes como para poder almacenar energía en cantidades considerables y de forma eficiente.

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