Un meteorito hallado en el Sáhara pone en duda la historia del sistema solar

El meteorito Northwest Africa 12774 contiene minerales que no encajan con un asteroide y apuntan a un planeta desaparecido.

Sergio Delgado Martorell

La ciencia, afortunadamente, nunca va a dejar de sorprendernos. De hecho, hay hallazgos científicos que aportan una pieza más a cualquier puzle del que se tiene conocimiento. Y luego están los que obligan a revisar el dibujo por completo.

Eso es exactamente lo que puede estar ocurriendo con un más que extraño meteorito encontrado en el desierto del Sáhara. La roca, recuperada en 2019, recibió el nombre de Northwest Africa 12774.

Y aunque a simple vista parece otro de los miles de fragmentos espaciales que llegan de tanto en tanto a la Tierra. Al analizarlo, los científicos han visto algo que no encaja con las teorías actuales sobre los inicios de nuestro sistema solar.

Los resultados, publicados en Earth and Planetary Science Letters, apuntan a una posibilidad sorprendente pero no imposible: parte de este meteorito podría proceder de un gran mundo desaparecido del que ya no queda nada salvo algunos fragmentos aún dispersos por el espacio.

Una pieza muy rara entre miles de meteoritos

Los científicos calculan que esta roca tiene la friolera de unos 4.560 millones de años. Es decir, nació prácticamente al mismo tiempo que el sistema solar.

Además, pertenece a una familia muy exclusiva conocida como angritas. Es decir, meteoritos volcánicos extremadamente escasos. De hecho, entre los cerca de 80.000 meteoritos catalogados en todo el mundo, apenas hay unas pocas decenas que forman parte de este grupo.

Durante años se creyó que las angritas procedían de pequeños cuerpos rocosos. Y nada hacía pensar que estuvieran relacionadas con objetos de gran tamaño.

El grupo de científicos ha descubierto en la muestra una composición mineral que no debería existir si el cuerpo original hubiera sido un simple asteroide.

El detalle del meteorito que ha hecho cambiar toda la investigación

Todo gira alrededor de un mineral llamado clinopiroxeno rico en aluminio. Según los investigadores, este material solo puede formarse bajo presiones enormes. Mucho mayores de las que se esperan en un asteroide convencional.

Las simulaciones realizadas por el equipo indican que la roca estuvo sometida a presiones mínimas de 17,5 kilobars durante su formación.

Para hacerse una idea, la presión existente en el punto más profundo de los océanos terrestres es una pequeñísima fracción de esa cifra.

meteorito
Fuente de la imagen: Beat Booz

También ha llamado la atención la forma de los cristales presentes en la muestra. Y es que, conservan bordes muy definidos y angulosos, una señal de que el material se enfrió rápidamente cuando todavía estaba cerca de la superficie de su cuerpo original.

Y he ahí la duda: si en una zona relativamente superficial ya existían esas condiciones extremas, ¿cómo debía ser el interior de aquel objeto?

Un planeta que desapareció hace miles de millones de años

Los expertos creen que el cuerpo del que procedía este material habría tenido entre 1.000 y 3.300 kilómetros de radio.

Es decir, no se trataría de un asteroide especialmente grande, sino de algo mucho más parecido a un planeta en formación y más o menos del tamaño de Marte.

Aaron Bell, uno de los autores del trabajo, declaró: «Es increíble pensar que alguna vez existió un mundo tan grande. Solo sabemos que existió porque algunos fragmentos suyos cayeron en la Tierra. Estos meteoritos conservaron evidencia de una vía completamente diferente a través de la cual se desarrollaron los primeros planetas».

Los años más violentos del sistema solar

Solemos pensar que el sistema solar tiene una estructura estable de ocho planetas girando alrededor del Sol y poco más. Pero la realidad de hace 4.500 millones de años era muy distinta.

Aquella época estuvo marcada por choques constantes. Había numerosos cuerpos planetarios compitiendo por materia y espacio. Y algunos de ellos crecieron hasta convertirse en los planetas actuales, mientras que otros desaparecieron para siempre.

Los investigadores creen que el objeto del que surgió Northwest Africa 12774 pertenece a este segundo grupo. Y que tuvo lugar una colisión gigantesca que lo destrozó por completo, quedando sus restos dispersos por el espacio durante miles de millones de años.

Una historia, ¿todavía no está cerrada?

El estudio plantea otra cuestión más que interesante. La composición química de este antiguo mundo no coincide con la de la Tierra, Marte o la Luna.

Es decir, los primeros planetas no siguieron todos el mismo camino evolutivo. Existieron más variedades de las que los modelos actuales contemplan.

¿Estamos ante una especie de «eslabón perdido» de nuestro sistema solar?

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