Ni restos de vida alienígena ni ingeniería secreta: el cometa 3I/ATLAS es un objeto natural
El cometa 3I/ATLAS sigue siendo objeto de estudio, y ahora un grupo de investigadores españoles ha proporcionado más información sobre sus particularidades.
Alejandro Riveiro
No debería ser sorprendente escribir que el cometa 3I/ATLAS es, como se había dicho desde un principio, un objeto natural. Todas sus señales apuntaban al comportamiento típico de un cometa, con anomalías por el hecho de ser un objeto interestelar.
Un cometa que sigue siendo objeto de estudio
3I/ATLAS se formó en un sistema diferente al nuestro y, presumiblemente, es miles de millones de años más viejo. Su composición es diferente a la del Sistema Solar y, además, ha pasado cerca de nuestra estrella a mucha más velocidad de lo habitual en un cometa.
Todo esto son solo algunos de los matices que hay que tener en cuenta al hablar de 3I/ATLAS. Ahora, Josep Trigo, Investigador principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del CSIC, ha publicado un artículo en el que desgrana los últimos hallazgos de su equipo.
Es un nuevo trabajo que está disponible en la plataforma arXiv y que el propio Josep explica que corroboran su parecido con los objetos transneptunianos. Es decir, con los objetos que podemos encontrar en el Sistema Solar más allá de la órbita de Neptuno.
Este trabajo le ha permitido (a él y su equipo) entender cómo es el cometa 3I/ATLAS. Es un objeto que se ha mantenido intacto, sin haber sido alterado. Uno de los aspectos más interesantes es su actividad provocada por criovulcanismo.
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3I/ATLAS ha mostrado mucha capacidad de expulsar gases y partículas energéticamente incluso a una gran distancia del Sol. Lo interesante es que destaca que este cometa, a pesar de formarse en otro sistema, los materiales que lo componen no son tan diferentes a los del Sistema Solar.
Dicho de otra manera, parece que la química que participa en la formación de planetas es común en otros lugares del universo. Del mismo modo, también llamó la atención la emisión de monóxido y dióxido de carbono a gran distancia.
La gran envoltura gaseosa de 3I/ATLAS
Esto es algo que lo diferencia de los cometas del Sistema Solar que, generalmente, muestran señales de elementos como el metano o amoniaco. Algunos de los datos son fascinantes, como el hecho de que su análisis desvela que a 378 millones de kilómetros del Sol, su temperatura era de unos -71ºC.
Es decir, era lo suficientemente alta para provocar la sublimación del dióxido de carbono (a lo que conocemos como hielo seco). En aquel entonces, se activaron diferentes regiones de la superficie, multiplicando la producción de gas y polvo.
Esto provocó que la coma aumentase su brillo de una manera muy destacada. Fue en aquel momento cuando comenzó el criovulcanismo. El equipo de Josep Trigo también ha determinado que el cometa tarda unas 16 horas en rotar sobre sí mismo.

Uno de los aspectos que más ha llamado la atención es la abundancia de níquel en la coma de 3I/ATLAS. Algo que se explica por procesos que provocan que el agua interaccione con granos metálicos y genere compuestos orgánicos complejos.
Estas reacciones, explica, suelen favorecer la emisión de compuestos de níquel frente a los de hierro. El pasado 29 de octubre, en su perihelio, 3I/ATLAS alcanzó su temperatura más alta, de 4ºC. Esto provocó que incluso más agua participase en el proceso y crease más criovolcanes.
Es decir, el hecho de que 3I/ATLAS sea un objeto que se ha mantenido prácticamente inalterado desde su formación, es lo que ha permitido que se haya observado tanta actividad. Curiosamente, para entender sus procesos, se han fijado en el pasado del Sistema Solar.
Las observaciones del cometa 3I/ATLAS seguirán
Josep Trigo explica que su equipo se ha fijado en los procesos que sufrieron un tipo de asteroide (llamado asteroide transicional) hace 4550 millones de años. De ellos procede un tipo de meteorito muy común: la condrita carbonácea.
¿Qué interés tienen? Las condritas carbonáceas han permitido entender que algunos minerales tienen un papel muy importante para la formación de compuestos orgánicos complejos. Es decir, en la materia orgánica.
También explica que si 3I/ATLAS tiene un diámetro que sea de kilómetros, y su composición es similar a la de esas condritas carbonáceas, su masa debería estar en torno a los 600 millones de toneladas. Podría ser un vehículo fantástico de la vida.
Por su alto contenido en hielo, materia orgánica, metales y la capacidad que tiene para generar compuestos orgánicos complejos (por esos procesos), tiene todo lo necesario para que pudiese ayudar a que un planeta llegue a desarrollar vida.
¿Cómo? Colisionando con él y entregándole su material. Por suerte para nosotros, 3I/ATLAS no va a acercarse a nuestro planeta a menos de 200 millones de kilómetros. Pero, en las próximas semanas, el estudio seguirá con diferentes observatorios.
Entre ellos, instalaciones como el telescopio James Webb centrarán su atención en este cometa interestelar. No será el último que descubramos, porque la llegada de observatorios como Vera Rubin permitirán descubrir muchos más.