«Nuestra tierra no está en venta»: la protesta indígena que irrumpe en la COP30 de Belém

Indígenas y activistas accedieron al recinto de la COP30 en Belém para reclamar la protección de la Amazonia y denunciar los proyectos petroleros y mineros.

Javier Castaño

La segunda jornada de la COP30, en Belém do Pará, quedó marcada por la entrada de decenas de manifestantes indígenas y jóvenes activistas. Reclamaban mayor participación en las negociaciones. Llevaban pancartas con el lema «Nuestra tierra no está en venta». Denunciaron la agroindustria, la minería ilegal y la exploración petrolera en la Amazonia.

Los manifestantes llegaron hasta la zona azul, el espacio con mayores controles. Naciones Unidas gestiona la seguridad en este perímetro. Hubo momentos de tensión y accesos bloqueados. Al menos un guardia resultó herido. Tras unos minutos, la seguridad contuvo el avance y las sesiones siguieron.

Quién habla por la selva: representación, negocios y una silla vacía

Voces indígenas cuestionaron que la COP30 refleje sus prioridades. Señalaron la asimetría en las salas de decisión. «Queremos nuestras tierras libres de petróleo, minería y tala ilegal», reclamó un representante Tupinambá citado por medios presentes. La activista Helen Cristine, del movimiento Juntos, denunció que la cumbre «está hecha para los empresarios».

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El foco de las críticas: los proyectos extractivos en la cuenca amazónica y el diseño de los fondos climáticos. Organizaciones sobre el terreno pidieron consultas reales y consentimiento libre, previo e informado. Exigieron que los beneficios lleguen a quienes protegen la biodiversidad y no se diluyan en intermediarios.

La CMNUCC afirmó que el recinto es seguro y que se aplicaron los protocolos previstos. El Gobierno brasileño confirmó la investigación de lo ocurrido.

Cuando el clima enferma: dengue, humo y derechos en la Amazonia

Profesionales sanitarios y colectivos indígenas unieron diagnósticos. La crisis climática también es sanitaria. El aumento de temperaturas ha agravado las enfermedades respiratorias. El dengue se expande en áreas urbanas de la región. «Nunca lo tuve; ahora es común», explicó una médica que participó en la protesta.

Desde Survival International alertaron del riesgo de “mercantilizar los bosques” con determinados créditos de carbono. Advirtieron de impactos sobre comunidades aisladas y de beneficios que no alcanzan a las poblaciones locales. Reclamaron derechos territoriales efectivos como base de la protección forestal.

La COP30, conocida como la cumbre de la selva, sitúa por primera vez el debate global en el corazón amazónico. El escenario es simbólico. También expone las fracturas entre los compromisos de reducción de emisiones y la defensa de los territorios indígenas. La protesta lo ha hecho visible. Con fuerza. Con un mensaje claro: la Amazonia no es moneda de cambio.

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