París recupera el baño en el río Sena tras más de un siglo de prohibición

Tres zonas en pleno centro permiten por fin el baño legal, tras una inversión monumental y décadas de intentos frustrados

María Rivas

Un siglo ha tenido que pasar para que los parisinos vuelvan a sumergirse legalmente en las aguas del Sena. Y aunque parezca una escena inverosímil —cuerpos al sol, risas en la orilla, salvavidas amarillos ondeando entre corrientes suaves— ya es real.

Desde el 5 de julio, bañarse en el Sena vuelve a estar permitido en tres tramos bien definidos. El río, durante décadas símbolo de contaminación y tráfico fluvial, cambia ahora de papel: de canal industrial a zona de ocio urbano.

La transformación no es casual. Ni barata. 1.400 millones de euros de inversión pública han servido para darle la vuelta al estado del agua.

Una parte significativa del presupuesto se destinó a infraestructuras poco visibles pero cruciales: una cuenca de almacenamiento con capacidad para 50.000 m³, conexión obligatoria al alcantarillado de casas flotantes y redireccionamiento de aguas residuales de barrios río arriba hacia plantas de tratamiento.

Todo, para reducir los vertidos directos al Sena, especialmente tras las lluvias, cuando las bacterias tienden a dispararse.

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Bañarse en el río Sena: De sueño olímpico a herencia urbana

En realidad, la reapertura del baño en el Sena no nace como un proyecto recreativo. Su origen está en los Juegos Olímpicos de 2024, cuando París se propuso acoger pruebas de triatlón y maratón acuático en el propio río. Entonces, la prioridad era una: que los atletas no enfermasen.

Y, pese a episodios puntuales de contaminación que obligaron a suspender algunas competiciones, el balance técnico fue positivo.

Aquel verano dejó una estampa poco habitual: deportistas sumergidos junto a Notre Dame y barcas oficiales rodeando las zonas delimitadas. Ahora, un año después, son los ciudadanos quienes recogen el testigo.

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Una apertura vigilada (y vigilante)

Frente a la Torre Eiffel, en la isla de Saint-Louis y junto al parque de Bercy, las tres zonas habilitadas cuentan con estructuras flotantes de madera, plataformas, escaleras y presencia constante de socorristas.

Cada punto tiene capacidad para más de un centenar de personas. Se puede acceder de forma gratuita, pero los horarios están regulados, y no está permitido el baño fuera de estos espacios.

La seguridad se gestiona también con un sistema de banderas similares al de las playas: verde si el agua es apta, roja si las condiciones no lo permiten, ya sea por bacterias o por la intensidad de la corriente. Desde principios de junio, los datos son mayoritariamente favorables. Aunque no todos se fían.

Un río más limpio… pero no tanto

El agua del Sena presenta niveles de E. coli y Enterococcus por debajo de los límites legales. Algunos expertos advierten que los análisis oficiales subestiman el riesgo, ya que la calidad del agua varía bruscamente de un día a otro.

Algunos vecinos comparten ese escepticismo. Otros se lanzaron al agua a primera hora, cuando apenas se habían retirado las últimas algas.

Río Sena
Fuente: Banco de imágenes Canva

Devolver el río Sena a la ciudad

La actual administración municipal ha hecho realidad un plan que comenzó a gestarse hace más de tres décadas. Más allá del simbolismo, la ciudad considera este proyecto como parte de su adaptación al cambio climático.

Ofrecer espacios frescos en verano, sin necesidad de desplazarse, y hacerlo con criterios sostenibles, es una estrategia que podría replicarse en otras capitales europeas. Aunque no todas tienen las mismas condiciones.