Porcentaje de agua en la Tierra: cómo se distribuye y cuánta es potable

¿Sabes cuánta agua hay en la Tierra? ¿Y cuánta podemos consumir? Te cuento por qué, si nuestro planeta es en su mayoría «azul», decimos que el agua es un recurso escaso.

Elisabeth Lahoz

Gran parte de nuestro «planeta azul» está cubierto de agua, lo que nos da una falsa sensación de abundancia. Sin embargo, hay menos de la que piensas. Te explicamos qué porcentaje de agua tiene la Tierra, dónde se encuentra y cómo está distribuida.

Además, ante la situación de sequía en España, comprobamos cuánta de esta agua es apta para el consumo humano.

Cuánta agua hay en la Tierra: porcentaje

La mayor parte de la superficie del planeta está cubierta de agua. Se estima que la Tierra contiene el equivalente a 1386 millones de kilómetros cúbicos.

Esta «capa de agua» ocupa tres cuartos de la superficie terrestre. Es decir, que el agua líquida cubre en torno al 70 %. El 30 % restante corresponde a la masa continental, o en otras palabras, es tierra.

Distribución del agua en la Tierra

El agua presente en nuestro planeta, ya sea superficial o en el subsuelo y en cualquiera de sus tres estados (sólido, líquido y gaseoso), conforma la hidrosfera. ¿Cómo se distribuye toda esta agua? ¿Cuáles son los porcentajes de agua salada, dulce y potable?

Agua salada vs. Agua dulce (potable)

De toda el agua existente en la Tierra, más del 97 % se encuentra en los mares y océanos. Por tanto, es agua salada que a priori no podemos beber. La desalación es una opción disponible, aunque muy costosa. Apenas el 2,5 % corresponde a agua dulce.

Los grandes reservorios de agua

¿Dónde está almacenada esta agua dulce? En torno al 70 % de los recursos de agua dulce disponibles en el mundo son agua congelada en glaciares y casquetes polares. Un 30 % está presente en los depósitos subterráneos o acuíferos y solo el 1 % discurre por ríos, arroyos, lagos y embalses.

El pequeño porcentaje restante se reparte entre la humedad del suelo, la atmósfera y la contenida en los seres vivos que habitamos el planeta.

Agua accesible para el consumo

Solo un bajo porcentaje del agua dulce está disponible para la utilización por el ser humano. Del total del agua en nuestro planeta Tierra, únicamente el 0,025 % es potable.

Algunas cifras oficiales apuntan a que este porcentaje podría ser incluso inferior si tenemos en cuenta el agua contaminada, cuyo consumo entraña un riesgo para la salud.

La mayoría del agua de la Tierra se encuentra en los océanos; solo una pequeña proporción es agua dulce y potable que podemos beber. Fuente: Pexels.

El ciclo del agua: el motor de la distribución global

El volumen total de agua, esos casi 1400 millones de km3, se mantiene constante desde hace miles de millones de años gracias a una serie de procesos que conocemos como ciclo hidrológico. No obstante, su calidad ha disminuido.

El agua circula entre los distintos compartimentos que forman la hidrosfera. Se traslada de unos lugares a otros y cambia de estado físico. Lo hace impulsada por la energía del sol, que calienta la superficie del océano y evapora el agua hacia la atmósfera, para después precipitar en forma de lluvia. Y vuelta a empezar.

Cambio climático y su impacto en el agua de la Tierra

El uso de agua ha aumentado considerablemente en las últimas décadas, debido sobre todo al crecimiento de la población mundial y las prácticas agrícolas e industriales insostenibles. Otro de los factores que agudiza la escasez de agua potable en el mundo es el cambio climático.

El hecho de que el planeta se caliente repercute en la disponibilidad de agua. A esto se suma que casi la mitad de las plataformas de hielo marino han perdido volumen en las últimas décadas debido al calentamiento global. Lo que implica que billones de toneladas de agua dulce de deshielo se viertan al océano.

En el contexto de la crisis climática, «la disponibilidad de agua es cada vez menos previsible», señalan desde Naciones Unidas. «En algunas regiones, las sequías agravan la escasez de agua y repercuten negativamente en la salud y la productividad de las personas, lo que a su vez amenaza el desarrollo sostenible y la biodiversidad».

Podemos reducir nuestra huella hídrica con gestos cotidianos sencillos como reutilizar el agua de la ducha o evitar el desperdicio de alimentos y su consumo de agua asociado para producirlos. Fuente: Pexels.

Conservación del agua: ¿qué podemos hacer?

La sequía meteorológica (precipitaciones por debajo de lo normal durante un periodo prolongado) puede derivar en una insuficiencia de recursos hídricos para abastecer la demanda (sequía hidrológica). Además, se prevé que el consumo de agua en el mundo siga aumentando en los próximos años.

Según las previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la demanda mundial se incrementará en un 55 % para 2050 respecto al año 2000.

Considerando este escenario, se pueden llevar a cabo acciones para mitigar las sequías hidrológicas. Entre las más destacadas están la optimización del consumo de los recursos hídricos, tanto superficiales como subterráneos, o la reutilización de las aguas residuales mediante su tratamiento.

Otras medidas individuales para reducir nuestra huella hídrica incluyen:

  • Ahorrar agua en el hogar. Reduce tu consumo de agua en casa con duchas más cortas, utilizando cabezales de ducha ecológicos o poniendo la lavadora siempre a carga completa.
  • – Evitar caer en el consumismo y apostar por la reutilización y el reciclaje.
  • Minimizar el desperdicio de comida, ya que el agua también se desperdicia en forma de alimentos. Junto a la comida tiramos agua, la cantidad de agua dulce empleada para producirlos.
  • – Apoyar la agricultura sostenible. Los usos agrícolas suponen alrededor del 70 % del consumo mundial de agua dulce. Apuesta por una agricultura respetuosa con el medioambiente y que haga un uso eficiente de los recursos.
  • – Participar en las campañas por el Día Mundial del Agua.

El agua es un bien indispensable pero, como hemos comprobado, muy limitado. Conocer la cantidad exacta de agua dulce que hay en la Tierra y cuánta de ella podemos realmente consumir nos da idea de la escasez de este recurso, así como de la necesidad de protegerlo. Pues de su preservación depende el futuro de la vida en nuestro planeta.