¿Qué impacto tendrá en España un Mar Mediterráneo tan cálido este verano 2025?
El calentamiento del Mediterráneo puede aumentar los fenómenos meteorológicos extremos en la región a la vez que impacta en los ecosistemas.
Mario Picazo
A estas alturas de la primavera las temperaturas del agua del mar Mediterráneo están bien por encima de la media habitual sobre todo en el sector occidental. Lo mismo se observa en las aguas del Atlántico que rodean la península Ibérica. Hay zonas donde la superficie del mar ya está entre 26 y 28 grados en pleno mes de junio.
El mar Mediterráneo es uno de los mares del planeta que más rápidamente se están calentando. Ese aumento está relacionado al cambio climático y el aumento de las temperaturas globales. De hecho, sus aguas están registrando incrementos térmicos por encima del promedio mundial.
El aumento de la temperatura del mar influye en fenómenos meteorológicos extremos y en la subida del nivel del mar, lo que pone en riesgo a las poblaciones costeras. Su condición de mar semi-cerrado y su alta densidad de población en las zonas ribereñas lo hacen especialmente vulnerable a estos cambios. Clima aparte, el calentamiento está afectando también a ecosistemas enteros.

Un Mediterráneo excepcionalmente cálido este verano de 2025
Si miramos las anomalías de la superficie del mar, los datos son llamativos. Hay muchas zonas sobre todo del Mediterráneo más occidental donde el agua está entre 3 y 5 grados por encima de los valores promedios. Eso se traduce en mucha energía para amplificar fenómenos meteorológicos que afectan a España y otras zonas próximas.
Ese escenario de anomalías de temperatura positivas es cada vez más frecuente. Año tras año observamos como el agua está más cálida y este siglo prácticamente no se han detectado anomalías negativas de temperatura en toda la cuenca. Está última década se ha observado que las anomalías positivas son mayores antes incluso de que llegue la estación estival cuando el agua se calienta más.
Más energía para subir la sensación de calor y bochorno
Un mar Mediterráneo más cálido influye de forma clara en el clima de España durante el verano, intensificando las temperaturas, el bochorno y la intensidad de las tormentas. Al aumentar la temperatura del agua, el mar libera más calor hacia la atmósfera, especialmente durante la noche, lo que provoca que las temperaturas mínimas no desciendan lo suficiente.
Esto da lugar a un incremento de las llamadas noches tropicales, en las que no se baja de los 20 °C, e incluso noches ecuatoriales, con mínimas superiores a 25 °C, sobre todo en las zonas costeras y en algunas áreas del interior.

Además, el calor acumulado en el mar dificulta que las olas de calor se disipen, haciendo que estas sean más duraderas y persistentes. El contraste térmico entre el día y la noche se reduce, lo que agrava el estrés térmico tanto en personas como en ecosistemas.
Por otro lado, la mayor temperatura del agua incrementa la evaporación y, con ella, la cantidad de humedad en el aire. Esta humedad eleva notablemente la sensación térmica también conocida como la ¨sensación de bochorno¨. Aunque el termómetro marque 32 o 33 °C, la sensación real puede acercarse los 40 °C debido al alto contenido de vapor de agua en el aire.
Esto genera un ambiente más opresivo, especialmente en la costa y en las regiones del este y sur peninsular, dificultando la evaporación del sudor y, por tanto, el enfriamiento natural del cuerpo. El resultado es un bochorno constante que incrementa el malestar y eleva el riesgo de golpes de calor y problemas de salud, sobre todo en personas vulnerables.

Más energía para formar tormentas más intensas
El exceso de calor y humedad se convierte en combustible para que las tormentas sean más intensas. Cuando se produce una entrada de aire frío en altura, algo más habitual al principio o final del verano, el contraste con la masa de aire cálido y húmedo procedente del mar genera una gran inestabilidad atmosférica.
El escenario atmosférico es favorable para que crezcan tormentas muy potentes, con lluvias torrenciales que pueden provocar inundaciones, especialmente en el litoral Mediterráneo. Esas lluvias, como hemos visto este mes de junio, pueden ir acompañadas de granizo que cada vez es más grande.
El registro de este tipo de fenómenos muestra que los picos de actividad tormentosa en España suelen concentrarse a finales de primavera entre mayo y junio y en el inicio del otoño entre septiembre y octubre.
Históricamente las tormentas más intensas han llegado siempre en el segundo de esos periodos cuando el Mediterráneo está más caliente pero ahora con el calentamiento prematuro pueden aparecer antes.

¿El calentamiento del Mediterráneo afecta los episodios de calima?
Hay estudios que han mostrado como el calentamiento de las aguas del Mediterráneo puede afectar la dinámica atmosférica de la región. Una de ellas favorece el aumento de situaciones de vientos del sur con más calima en España. Al elevarse la temperatura del agua, lo que puede intensificar ciertos patrones meteorológicos que favorecen la llegada de masas de aire cálido y seco desde el norte de África.
Estos vientos del sur arrastran partículas de polvo sahariano, dando lugar a episodios de calima, especialmente en el sur, el este peninsular y en Canarias. Además, el calentamiento global está asociado a una mayor persistencia de condiciones atmosféricas que favorecen la subsidencia o el descenso del aire, lo que estabiliza la atmósfera y mantiene el polvo en suspensión durante más tiempo.
A esto se suma la creciente aridez del norte de África, también relacionada con el Cambio Climático. A mayor desertización del entorno mayor es la emisión de polvo que luego se transporta hacia la península.

¿Tendremos más medusas en verano?
Con el agua del Mediterráneo más cálida también hay que contar con un impacto significativo en la proliferación de medusas, favoreciendo su aumento tanto en número como en extensión geográfica. Destaca especialmente la presencia de especies como la conocida Pelagia noctiluca, una de las más comunes y urticantes en esta región.
El aumento de temperatura acelera su ciclo de vida, facilita la reproducción y reduce la mortalidad de las formas jóvenes. Además, el calentamiento del mar puede alterar el equilibrio ecológico, reduciendo la presencia de depredadores naturales y competidores, lo que les da una ventaja adicional. Además, con el paso de los años la sobrepesca en el Mediterráneo ha disminuido las poblaciones de peces que compiten con las medusas por alimento o que se alimentan de ellas.
Este año hay que añadir un factor extra, el de las copiosas lluvias registradas en la península que aportan agua poco salina al litoral. Aunque una buena parte de las precipitaciones han aportado agua a las cuencas Atlánticas, un importante volumen también ha sido para los ríos que desembocan en el Mediterráneo.
El aumento de agua dulce procedente de los ríos al mar suele reducir la presencia de medusas en las costas. Sin embargo, hay otros factores que hay que considerar como las corrientes predominantes a lo largo del verano. Veremos que factores pesan más y que nos encontramos en cuanto a poblaciones de medusas estos meses de verano.