Un brillo inesperado sobre Groenlandia captado por la NASA intriga a los científicos
Sergio Delgado Martorell
Groenlandia nunca dejará de sorprendernos. De hecho, muchos científicos opinan lo mismo: apenas sabemos los secretos que esconde esta gélida parte del planeta y todo lo que sobre ella concierne.
Uno de los últimos fenómenos ha ocurrido hace apenas un mes, el pasado 16 de febrero. Fue captado por el satélite meteorológico Suomi NPP -una plataforma de observación terrestre operada por la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos-.
Las imágenes muestran un extenso resplandor sobre Groenlandia. Un episodio inusual de actividad geomagnética, que ha permitido ver de forma muy clara una aurora boreal en una franja enorme del hemisferio norte. Más o menos desde el este de Canadá hasta el Atlántico Norte.
Una especie de foco gigante con escala de grises y verdes con tonalidades rojas y púrpuras, sobre esta superficie helada que ha dejado anonadados a los científicos.
La importancia del sensor VIIRS en la detección del fenómeno
Este acontecimiento polar ha sido identificado gracias a un sensor llamado Visible Infrared Imaging Radiometer Suite, o VIIRS según sus siglas en inglés. Ojo, no es cualquier sensor; es de los más avanzados para la observación nocturna del planeta Tierra.
VIIRS incluye un canal capaz de detectar emisiones de luz muy débiles tanto en la superficie como en la atmósfera. Analizando longitudes de onda que van desde el espectro visible, especialmente el verde, hasta el infrarrojo cercano.
O lo que es lo mismo, ve varios tipos de iluminación que serían incapaces de ser vistos por el ojo humano y tanto en incendios, fenómenos atmosféricos, sobre las ciudades, reflejos sobre la luna o sobre el propio hielo, por ejemplo.
Para ello, utiliza unos algoritmos que filtran señales con la finalidad de separar las emisiones producidas por la actividad humana, de aquellas originadas por la atmósfera. E incluso en lugares tan indómitos como Groenlandia.
Entonces, ¿qué es lo que se vio?
Gracias al sensor VIIRS, los científicos lo han tenido muy claro: se trata de una intensa manifestación de aurora boreal. Un tormento geomagnético de nivel G1, según ha concretado la NOAA, la Oficina Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU.
Pese a su espectacularidad, se trata del nivel más bajo dentro de una escala que se extiende hasta el nivel G5. Pese a ser de nivel G1, como ocurrió en la madrugada del 16 de febrero, este fenómeno fue capaz de intensificar la actividad auroral en regiones cercanas al círculo polar.
Tras unos primeros minutos, los indicadores magnéticos llegaron a mostrar un aumento de la perturbación hasta el nivel G2 o de intensidad moderada. Esto ocurre cuando hay corrientes de viento solar más rápidas procedentes del Sol.

En este caso, los especialistas apuntan a la influencia de un agujero coronal, una región de la atmósfera solar donde el plasma escapa con mayor facilidad hacia el espacio interplanetario.
Cuando estas corrientes alcanzan la magnetosfera terrestre, interactúan con el campo magnético del planeta y generan las auroras en latitudes altas.
El estudio del clima espacial se ha acelerado en los últimos tiempos
Esta observación coincide con la puesta en marcha de nuevas investigaciones sobre el clima espacial. Se trata de estudios que analizan de forma pormenorizada cómo la actividad del Sol puede afectar al entorno magnético y atmosférico de la Tierra.
De hecho, unos días antes, el 10 de febrero la misión científica Gneiss lanzó dos cohetes de sondeo desde el Poker Flat Research Range, un centro de investigación situado en Alaska.
Estos vehículos transportaban instrumentos diseñados para medir corrientes eléctricas generadas durante episodios aurorales.
El objetivo de este experimento es reconstruir con mayor precisión la estructura tridimensional de las corrientes que se forman cuando las partículas solares penetran en la magnetosfera.