Sirenas, caos y calles anegadas: Tokio sufre lluvias intensas como no se veían en años
La capital japonesa, paralizada por aguaceros que transformaron avenidas en canales. Se teme por desbordamientos, corrimientos y tornados.
Javier Castaño
En Tokio, el cielo se cerró de repente. Como si alguien hubiese abierto una compuerta sobre la ciudad. Y las sirenas. Un sonido agudo, intermitente, que se coló entre el murmullo de pasos acelerados y paraguas torcidos por el viento.
Este jueves, la capital nipona quedó atrapada en un aguacero extraordinario. Las lluvias llegaron sin tregua y en apenas una hora los distritos de Suginami y Nerima registraron cifras difíciles de procesar: cerca de 90 mm. En Shinjuku, centro neurálgico del comercio, 57 mm.
Pero más allá de los números, las imágenes. Alcantarillas desbordadas escupiendo agua a presión. Cables eléctricos salpicados por torrentes improvisados. Comercios con el agua hasta las rodillas. En uno de ellos, un hombre empuja con una escoba mientras el agua le llega a la cintura. La corriente no cede.
Una atmósfera fuera de control
Todo comenzó horas antes, con un aire denso y pegajoso. Demasiado calor. Demasiada humedad. Un frente activo cruzó la isla y todo reventó. La Agencia Meteorológica de Japón habló de inestabilidad extrema, de masas cálidas y húmedas que colisionaron sobre Tokio como si ese fuera el único punto posible.
No fue solo la capital. Prefecturas como Saitama, Nagano, Gunma y Yamanashi también encendieron alertas. Riesgo de deslizamientos, avisos por vientos violentos, granizo y posibles tornados. Un catálogo completo.
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La ciudad dejó de moverse
En cuestión de minutos, el transporte entró en pausa. Algunas líneas de alta velocidad dejaron de operar, lo mismo que varios servicios locales. Los accesos a estaciones de metro se inundaron. No hubo forma de evitarlo. Ni previsión ni sistema que lo aguantara.
En redes sociales, los vídeos lo dicen todo: calles convertidas en ríos, coches atrapados y un cielo gris que no se abría. También una panorámica desde un edificio alto: apenas se ve más allá de dos manzanas. Solo lluvia y sirenas.
Los vecinos compartieron advertencias, algunos sacaron bolsas de arena, otros se limitaron a mirar por la ventana. Todo pasó muy rápido.
Más que un episodio aislado
Los meteorólogos no lo califican como DANA, pero se parece. Y mucho. La temperatura llevaba días siendo anormalmente alta. El aire, saturado. El ambiente, propicio para explosiones atmosféricas como esta.
Se espera que la situación continúe inestable durante las próximas horas. Tal vez incluso hasta el fin de semana. Las autoridades han pedido prudencia y han recordado que el riesgo no es solo el agua: los corrimientos de tierra, invisibles y súbitos, son una amenaza en varias zonas montañosas del país.