Starship se prepara para su décimo vuelo: SpaceX busca redimirse tras meses de tropiezos
El décimo vuelo de Starship despegará desde Texas con rediseños críticos y el objetivo de demostrar avances hacia un cohete reutilizable.
Javier Castaño
El Booster 16 ya descansa en la plataforma de Starbase, en Texas. A su lado, la nave Starship 37 aguarda el que puede ser su lanzamiento más determinante. En la madrugada del lunes 25 de agosto (hora peninsular española), SpaceX intentará por décima vez poner a prueba su cohete más ambicioso.
La expectación es enorme. Y no solo por la magnitud del vehículo —123 metros de acero inoxidable—, sino porque los últimos ensayos terminaron en explosiones o pérdidas de control que obligaron a rediseñar piezas clave.
Un año de fracasos y aprendizaje para SpaceX
En mayo, el vuelo 9 se saldó con la destrucción de la etapa superior, la Nave 35, y del propulsor Booster 14. El despegue había sido exitoso y supuso la primera reutilización de un Super Heavy, pero un fallo en el sistema de presurización del tanque principal de metano arruinó la misión. La telemetría se cortó mientras la nave descendía sobre el océano Índico.
El episodio obligó a la Administración Federal de Aviación (FAA) a abrir una investigación. Semanas después, la agencia cerró el expediente sin registrar daños ni heridos y concedió luz verde para continuar.
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Rediseños en marcha
Con cada percance, SpaceX ha modificado el vehículo. Para este vuelo, las aletas de rejilla del propulsor cambian de cuatro a tres, pero son un 50 % más grandes. El objetivo: estabilizar el descenso y reducir las tensiones que afectaron al Booster 14.
También se han reforzado los tanques de presión compuesta (COPV) y se han incorporado inspecciones no destructivas capaces de detectar microfisuras antes del despegue. En paralelo, ingenieros han ensayado en Texas nuevas variantes de los motores Raptor, cuyo encendido en órbita será una de las maniobras críticas del vuelo.
Los retos del Vuelo 10
El lanzamiento está previsto a las 01:30 de la madrugada del lunes, con una ventana de una hora. La misión persigue varios hitos: abrir y cerrar la compuerta de carga en el espacio, probar el reabastecimiento en órbita y realizar un reingreso controlado tanto de la primera etapa como de la nave.
SpaceX ha introducido incluso un elemento deliberado de riesgo: la retirada de algunas losetas del escudo térmico para observar cómo reaccionan nuevos materiales en condiciones extremas de reentrada.
Mucho más que una prueba técnica para SpaceX
Para Elon Musk, la presión es doble. Por un lado, demostrar que Starship puede convertirse en un sistema totalmente reutilizable. Por otro, cumplir con el calendario de la NASA: en 2027, una versión del vehículo debería servir como módulo de aterrizaje de la misión Artemis 3, que llevará astronautas de nuevo a la Luna.
Cada fallo ha supuesto semanas de titulares. Cada explosión, un escrutinio público creciente. Pero también cada mejora ha dejado aprendizajes que alimentan las siguientes versiones. Musk ha prometido hasta 25 lanzamientos anuales, un ritmo inédito para un cohete de estas dimensiones.