Cuando llega la luz… y se apaga el cuerpo: así golpea la astenia primaveral
Fatiga, somnolencia y desgana: la astenia primaveral afecta a miles de personas con la llegada del buen tiempo y los cambios de luz.
Pablo Ramos
La llegada de la primavera suele asociarse con más luz, temperaturas suaves y una sensación general de renovación.
Sin embargo, no todo el mundo vive este cambio de estación de la misma forma. Para una parte importante de la población, este periodo trae consigo un fenómeno menos visible pero muy extendido: cansancio persistente, falta de energía y dificultad para concentrarse.
No es casualidad. Este conjunto de síntomas tiene nombre: astenia primaveral, un proceso que aparece justo cuando el organismo intenta adaptarse a un entorno que cambia con rapidez.
Qué es realmente la astenia primaveral
Lejos de tratarse de una enfermedad como tal, la astenia primaveral se define como un proceso de adaptación del cuerpo a los cambios ambientales. Así lo recogen entidades como la Sociedad Española del Médico General y de Familia (SEMG), que la describe como una respuesta del organismo ante variaciones en la luz, la temperatura o los ritmos diarios.
En la práctica, se traduce en una sensación general de fatiga física y mental, acompañada en muchos casos de somnolencia, irritabilidad o falta de motivación.
Desde la Asociación para el Autocuidado de la Salud (ANEFP) apuntan además a que este fenómeno está relacionado con las dificultades del organismo para reajustarse cuando se produce el paso de una estación a otra.
Aunque suele ser pasajera, su impacto en el día a día puede ser notable.
Un desequilibrio interno que pasa factura
Detrás de esta sensación de agotamiento hay un mecanismo biológico claro. El aumento de las horas de luz y la subida de las temperaturas provocan alteraciones en los ritmos circadianos, es decir, en el reloj interno del organismo.
Esto afecta directamente a dos hormonas clave:
- Melatonina, vinculada al sueño
- Serotonina, relacionada con el estado de ánimo
Cuando estos niveles se desajustan, el cuerpo necesita tiempo para volver a equilibrarse. Durante ese proceso, aparecen síntomas como somnolencia diurna, falta de energía o dificultades para dormir por la noche.
A este escenario se suma otro factor: la primavera coincide con el repunte de alergias y con el reciente cambio de hora, dos elementos que también alteran el descanso y aumentan la sensación de fatiga.
Los síntomas: mucho más que cansancio
Aunque el síntoma más evidente es el agotamiento, la astenia primaveral puede manifestarse de muchas formas. Entre las más habituales destacan:
- Cansancio constante, incluso sin esfuerzo físico
- Debilidad generalizada
- Apatía y desmotivación
- Irritabilidad o cambios de humor
- Problemas de concentración
En algunos casos, también pueden aparecer dolores de cabeza, pérdida de apetito o incluso ansiedad leve.
Quiénes la sufren más
No todas las personas reaccionan igual ante estos cambios. Se estima que hasta un 20% de la población puede experimentar este tipo de síntomas en primavera.
Entre los grupos más sensibles destacan las personas alérgicas, ya que la coincidencia con el aumento de polen intensifica el malestar general.
Cuándo deja de ser algo pasajero
La clave para diferenciar la astenia primaveral de otros problemas de salud está en el tiempo. En la mayoría de los casos, los síntomas desaparecen por sí solos en una o dos semanas.
Si el cansancio se prolonga más allá de ese periodo o aparecen señales como fiebre, congestión o malestar intenso, es probable que se trate de otra afección, como un resfriado o un proceso alérgico más severo.
Cómo aliviar sus efectos en el día a día
Aunque no existe un tratamiento específico, sí hay hábitos que pueden facilitar la adaptación del organismo:
Mantener horarios regulares de sueño, con entre 7 y 8 horas de descanso, es fundamental. También lo es cuidar la alimentación y asegurar una hidratación adecuada.
La exposición a la luz natural por la mañana ayuda a reajustar el reloj biológico, mientras que el ejercicio físico, especialmente al aire libre, contribuye a mejorar el estado de ánimo.
Reducir el consumo de cafeína y alcohol y mantener una rutina estable son otras medidas que pueden marcar la diferencia.
Un fenómeno en debate
Pese a su popularidad, la astenia primaveral no está exenta de controversia. Algunos estudios recientes cuestionan su base científica y sugieren que podría tratarse, en parte, de una percepción subjetiva influida por factores culturales.
Investigaciones como las publicadas en BioRxiv apuntan a que muchas personas reportan fatiga en primavera sin que existan patrones estacionales claros, lo que abre el debate sobre si realmente se trata de un síndrome como tal.