Todo sobre la polémica nueva ruta Ártica entre Rusia y China
Aspectos clave y características de la ruta comercial abierta en el polo norte y océano Ártico entre China y Rusia hacia Europa.
Pablo Ramos
El pasado 13 de octubre, el puerto británico de Felixstowe acogió la llegada de un gran buque mercante. Un buque como tantos otros que surcan los mares cada día. Pero un buque que realizó un viaje único e histórico que puede cambiar para siempre el orden mundial y el comercio global.
El enorme barco comercial Istanbul Bridge, de cerca de 300 metros de largo y 32 de ancho, con una capacidad de cerca de 5.000 contenedores, ha completado por primera vez la denominada ruta ártica, una vía marítima comercial que parte de China y rodea Rusia de suroeste a noreste por el Polo Norte hasta amarrar en el Reino Unido.
La autopista helada que puede reordenar el mapa comercial del mundo
La apertura de la ruta marítima ártica supone la creación de una nueva autopista comercial entre China y Europa, el principal productor y el principal consumidor, respectivamente, de los productos que se fabrican en Asia. Así se reducen los tiempos de viaje en torno a un 50 %.
De hecho, se estima que el viaje por la ruta ártica suele durar alrededor de 20 días, mientras que el viaje por la ruta habitual que cruza el canal de Suez, entre África y Asia, puede prolongarse hasta 40 días.
De este modo, esta apertura de la autopista comercial de la ruta ártica entre China, Rusia y Europa supone una oportunidad para el comercio al reducir los tiempos y, por tanto, los costes, el consumo y las emisiones de gases de efecto invernadero que producen los barcos en sus traslados.
Rusia y China mueven ficha en el tablero ártico
La apertura de esta vía comercial abre un nuevo frente e incrementa los intereses estratégicos tanto de Rusia como de China en el Ártico. Si esta autopista comercial se consolida, puede llegar a convertirse en uno de los principales ejes estratégicos del transporte marítimo, alterando así por completo el transporte y la economía mundial.
Por ello, tanto Rusia como China, dos de las principales potencias a nivel mundial, se encuentran trabajando para poder establecer esta ruta marítima como vía comercial.
Además, hay que tener en cuenta que la consolidación de esta vía comercial también fomentaría el incremento del número de barcos que puedan circular en el entorno del Polo Norte, uno de los puntos del planeta que aún están por explorar y que, según los expertos, puede contener en su fondo marino minerales y materias primas muy valiosas.
A día de hoy se considera uno de los posibles focos de conflicto futuro entre las diferentes potencias que intentan establecerse allí para poder aprovechar los recursos naturales disponibles, entre ellas países como Dinamarca, Noruega, Rusia, China y Estados Unidos.
China acelera su expansión hacia las rutas polares
En el caso concreto de China, en su afán de expansión y de mejora del comercio mundial, del que es uno de los agentes principales, tiene un enorme interés en expandir estas rutas polares.
Por un lado, agilizaría los procesos de movimiento de los barcos, ya que se cruzaría un número muy inferior de países. Por otro lado, también reduciría los tiempos, un aspecto fundamental tanto para la eficiencia y la eficacia como para la reducción de costes del comercio mundial. Y, por último, supondría un espaldarazo a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Impacto económico y logístico de la ruta ártica
En cuanto a los principales beneficios económicos, destacan por encima de todos ellos la reducción de costes, principalmente por la rapidez con la que se haría el traslado desde el sudeste asiático hasta Europa, reduciendo a la mitad los días de transporte.
Esto supondría un ahorro tanto a nivel económico como de tiempo, tanto para la empresa que demanda productos del sudeste asiático como para los propios productores chinos.
Por su parte, en cuanto al nivel de logística, supondría también la centralización de nuevos puertos en el norte de Europa y el aprovechamiento de otros puertos ya consolidados como los del oeste del Reino Unido o los del norte de Europa central, como Róterdam, en Países Bajos.
El Ártico como atajo: ahorro, velocidad y nuevos centros logísticos
De este modo, la apertura de esta nueva ruta marítima ártica entre Rusia, China y Europa alteraría por completo el comercio marítimo global y podría suponer un cambio de paradigma y de modelo en el transporte de mercancías.
Se considera que el transporte marítimo es la columna vertebral del comercio mundial, ya que mueve más del 80 % del volumen de bienes que se intercambian a nivel global. Por ello, se considera una de las cadenas de valor internacionales: lleva materias primas y productos semielaborados a los centros de producción y entrega los productos terminados a los consumidores.
La conformación de una nueva autopista comercial entre dos de los principales ejes económicos del mundo como son Europa y Asia alteraría por completo los juegos de poder y los polos económicos a nivel mundial.
La “Ruta de la Seda Polar”: miedo, poder y una rivalidad que crece
De este modo la apertura de esta nueva ruta marítima ártica entre Rusia China y Europa alteraría por completo el comercio marítimo global y podría suponer un cambio de paradigma y de modelo en el transporte de mercancías.
Se considera que el transporte marítimo es la columna vertebral del comercio mundial, ya que mueve más del 80% del volumen de bienes que se intercambian a nivel global. Por ello, se considera una de las cadenas de valor internacionales: lleva materias primas y productos semielaborados a los centros de producción, y entrega los productos terminados a los consumidores.
Y la conformación de una nueva autopista comercial entre dos de los principales ejes económicos del mundo como son Europa y Asia alteraría por completo los juegos de poder y los polos de Comercio y económicos a nivel mundial.
La “Ruta de la Seda Polar”: miedo, poder y una rivalidad que crece
El impulso de la conocida como nueva “Ruta de la Seda Polar” para conectar Asia y Europa ha levantado también un cierto miedo en el mundo occidental. Principalmente porque existe un temor en que la ruta ártica refuerce el poder estratégico de Moscú y Pekín.
Por otro lado, en la actualidad, el Ártico se ha convertido en un nuevo escenario de rivalidad entre potencias globales. Por ejemplo, los recursos naturales del Ártico alimentan tensiones por su control y explotación de sus recursos naturales.
No obstante, hay que tener en cuenta que Europa ve oportunidades logísticas, pero teme una dependencia estratégica de Rusia y China excesiva. Y en consecuencia, la ruta ártica emerge como un futuro foco de conflicto geopolítico, energético y ambiental.
El precio ecológico de abrir una carretera marítima en un ecosistema frágil
La apertura de la ruta marítima comercial del Ártico tiene también importantes detractores, especialmente por su impacto ambiental. Si esta vía marítima se consolida, puede alterar de manera directa, permanente y constante un entorno y un hábitat que hasta ahora ha permanecido inalterable por la acción humana.
Sin embargo, el paso permanente de barcos puede producir consecuencias irreparables en uno de los puntos más delicados de todo el planeta Tierra, con unas repercusiones prácticamente impredecibles, según los expertos.
De hecho, el Polo Norte y su entorno son considerados uno de los ecosistemas más frágiles del planeta, ya que las condiciones que allí se producen son únicas en todo el mundo.
Igualmente, hay que tener en cuenta que, en un escenario de cambio climático en el que el deshielo en el Polo Norte es cada vez más habitual, esta ruta por el momento es probable que no sea útil todo el año. Sin embargo, si el deshielo se acelera, es probable que el Océano Ártico sea navegable durante buena parte del año, consolidando así la ruta comercial.
EE. UU. observa y calcula: nuevos intereses en el extremo norte
Por el momento, Estados Unidos permanece expectante. Lo que sí es cierto es que tiene importantes intereses estratégicos en la obtención de recursos del Polo Norte. De hecho, el presidente actual, Donald Trump, ya ha señalado a Groenlandia como objetivo para convertirse en el estado número 51 de la nación norteamericana y ha propuesto a Dinamarca la compra de este territorio.
Todo ello con el objetivo de aprovechar los recursos naturales que tiene esta gran isla y poder acceder de manera directa al Polo Norte y a sus recursos, que aún están por investigar pero que se estiman millonarios y cuantiosos.
Un futuro incierto entre la cooperación helada y el conflicto latente
Con respecto al futuro, por el momento no hay una dirección clara por parte de ninguna de las potencias. Sin embargo, todas ellas están posicionándose como naciones interesadas en los recursos naturales que pueda tener el Océano Ártico y su territorio.
Resulta difícil aventurarse y evaluar cuáles serán las consecuencias de estas actividades en los próximos años; sin embargo, lo que sí está claro es que, por el momento, no existe una colaboración.
Actualmente, existe una especie de calma tensa e intereses estratégicos de las distintas naciones, pero no ha pasado más allá. No obstante, hay que tener en cuenta que el camino más probable sea la aparición de un nuevo conflicto geopolítico aún más intenso.