Un iceberg en la Antártida se desprende y deja al descubierto un ecosistema nunca visto
El desprendimiento de un iceberg en la plataforma George VI permite a los científicos explorar por primera vez un hábitat marino oculto durante siglos.
Redacción
Un iceberg de dimensiones comparables a la ciudad de Chicago se ha desprendido recientemente de la plataforma flotante George VI, en la región de la Antártida conocida como mar de Bellingshausen.
La fractura, ocurrida el 19 de enero de 2025, fue identificada mediante imágenes satelitales y, de forma inesperada, permitió acceder a una zona del lecho marino que había permanecido cubierta por hielo durante siglos.
A bordo de un buque de investigación del Schmidt Ocean Institute, un equipo internacional de científicos se dirigió de inmediato hacia la zona recién expuesta.

Allí, emplearon un vehículo operado remotamente (ROV) llamado SuBastian, que descendió a más de 230 metros de profundidad para explorar el ecosistema oculto.
Lo que hallaron sorprendió incluso a los investigadores más experimentados.
Una comunidad marina intacta bajo el hielo
En un entorno extremo, sin luz solar y con escasos nutrientes provenientes de la superficie, el equipo descubrió una comunidad próspera compuesta por esponjas, anémonas, corales e hidroides, muchos de ellos nunca antes documentados.

Patricia Esquete, co-directora de la expedición e investigadora del Centro de Estudios Ambientales y Marinos (CESAM) y del Departamento de Biología de la Universidad de Aveiro (Portugal), afirmó:
«Aprovechamos el momento, modificamos nuestros planes y nos lanzamos a investigar lo que ocurría en las profundidades. No esperábamos encontrar un ecosistema tan bello y activo».
«No esperábamos encontrar un ecosistema tan bello y activo», comentan las autoras del descubrimiento
Los científicos estiman que muchos de los organismos observados han vivido allí durante décadas o incluso siglos, lo que sugiere una estabilidad notable a pesar del aislamiento extremo.
Vida que crece a ritmo milenario
Una de las imágenes más reveladoras muestra una gran esponja rodeada de anémonas y otros organismos marinos a más de 230 metros de profundidad. Debido a su lento crecimiento, se estima que algunos de estos individuos podrían tener siglos de antigüedad.

Durante varios días, el ROV SuBastian recorrió el fondo marino, recogiendo muestras de sedimentos, fragmentos biológicos y datos cartográficos del área. La complejidad técnica de la operación fue elevada: sin señal GPS bajo el hielo, la navegación del vehículo dependió completamente de sistemas acústicos, en condiciones de presión y temperatura extremas.
«Estos momentos fortuitos son parte del valor de la investigación marina»
Un hito para la ciencia polar
El codirector de la misión, Aleksandr Montelli, de la University College London, destacó que esta es probablemente la primera ocasión en la que se realiza un estudio tan completo y multidisciplinar en un entorno subglacial.
Entre los hallazgos más llamativos se encuentra un coral de aguas profundas localizado a 1.200 metros, y un hidrozoo solitario desplazándose en la corriente a más de 360 metros bajo la superficie.

Ciencia guiada por el azar
Para la directora ejecutiva del Schmidt Ocean Institute, Jyotika Virmani, la oportunidad fue única:
«El equipo científico estaba allí para estudiar la interfaz entre el hielo y el mar. Estar presentes justo cuando el iceberg se desprendió permitió observar por primera vez un ecosistema intacto. Estos momentos fortuitos son parte del valor de la investigación marina».
Aún se desconoce cuántas especies nuevas han sido descubiertas. El proceso de identificación y clasificación llevará años. Pero lo que es seguro es que este hallazgo representa un paso crucial en la comprensión de la vida bajo las plataformas de hielo antárticas, uno de los ecosistemas menos explorados del planeta.