Un “lobo olímpico” irrumpe en la meta y se cuela en la fotofinish de Milano-Cortina
El “intruso” de Milano-Cortina 2026 fue Nazgul, un perro lobo checoslovaco. Se coló en Tesero, entró en la fotofinish y la prueba siguió sin daños.
María Rivas
Hay imágenes que rompen cualquier guion, incluso en unos Juegos Olímpicos. En Milano-Cortina 2026, el esprint femenino por equipos de esquí de fondo vivió una de esas escenas: un perro lobo apareció en la recta final y corrió pegado a las deportistas hasta la línea de meta.
Ocurrió durante la clasificación disputada en el Tesero Cross-Country Skiing Stadium, en Tesero (Italia), en un momento de máxima tensión competitiva. El animal entró en el circuito como si también estuviera en carrera. Ni anuncio previo, ni margen para reaccionar. Las esquiadoras siguieron. El público miró. La organización se activó.
Un “competidor” inesperado en los últimos metros
El perro irrumpió justo cuando la griega Konstantina Charalampidou y la croata Tena Hadzic apuraban los últimos metros del recorrido. Fue un esprint real, con respiración al límite y mirada fija en la llegada. Y, detrás, el animal.
La escena dejó un contraste potente: el rigor milimétrico de una prueba olímpica y un cuerpo ajeno, libre, atravesando la recta final. Nazgul no solo entró en plano. Se metió en la fotofinish.
No hubo contacto con las deportistas. Tampoco señales de agresividad. El perro se mostró tranquilo, sin amagos de ataque, aunque su presencia generó desconcierto inmediato en pista.
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Collar, control rápido y una dueña a 500 metros
Un detalle fue clave para que todo quedara en una anécdota: el animal llevaba collar. Eso facilitó su retención y retirada por parte del personal de la organización, que actuó con rapidez para que no volviera a aparecer en las siguientes mangas.
Con el paso de las horas se conoció su identidad. Se trata de un perro lobo checoslovaco llamado Nazgul. Su dueña es Alice Varesco, exesquiadora italiana de fondo. Vive a unos 500 metros del lugar donde se disputaba la prueba.
En ese momento, Varesco no estaba en Tesero. Seguía el programa olímpico desde otra sede, en Antholz, donde se celebraba biatlón. Reconoció a Nazgul al verlo en televisión y trasladó un mensaje de calma: el perro era suyo y no era peligroso. La competición continuó sin alteraciones en el resultado.