Un plan desesperado para salvar el hielo del Ártico: bombear agua sobre el mar congelado

El Ártico se calienta más rápido que el resto del planeta y ya se estudian métodos para reforzar su hielo marino.

Mario Picazo

El hielo marino del Ártico se ha convertido en uno de los principales indicadores del calentamiento global.

Durante las últimas décadas, su extensión y, sobre todo, su grosor han disminuido notablemente, lo que ha reducido la capacidad de la región para reflejar la radiación solar y ha acelerado aún más el calentamiento del planeta.

Ante esta situación, algunos científicos y empresas tecnológicas están explorando soluciones de geoingeniería que hace apenas unos años parecían propias de la ciencia ficción.

Anomalía de la temperatura del aire en octubre de 2025. El Ártico se calienta más rápidamente que ninguna otra región del planeta. mapa: Copernicus

Un equipo de expertos plantea aumentar artificialmente el espesor del hielo marino durante el invierno.

La idea es relativamente sencilla y consiste en bombear agua de mar sobre la superficie helada para que, con las bajas temperaturas polares, se congele y genere una capa adicional de hielo.

El objetivo es que ese hielo más grueso resista mejor el deshielo estival y permita conservar una mayor superficie helada durante los meses cálidos.

El Ártico, la región que más rápido se calienta del planeta

Hace ya décadas que científicos de todo el mundo manifiestan su preocupación por el deshielo en la región ártica. Actualmente la región que más rápido se calienta en nuestro planeta.

Mientras la temperatura media global ha aumentado aproximadamente 1,3 °C desde la era preindustrial, en amplias zonas del Ártico el calentamiento supera ya los 3 °C e incluso los 4 °C.

Este fenómeno, conocido como amplificación ártica, se debe en gran medida a la pérdida progresiva de hielo y nieve.

El hielo es un gran espejo que refleja gran cantidad de radiación solar. Cuando este desaparece, quedan expuestas áreas más oscuras de océano y tierra que absorben una mayor cantidad de energía.

Esto provoca un calentamiento adicional que acelera aún más el deshielo, generando un círculo vicioso difícil de detener.

Como consecuencia, el Ártico está experimentando cambios sin precedentes en sus ecosistemas, en la circulación atmosférica y en la estabilidad de sus capas de hielo.

En el ärtíco no solo a disminuido la superficie de hielo, aunque algunos años aumente, lo que no se ha recuperado es el espesor de ese hielo que sigue cayendo. foto: Unsplash

Cuál es la técnica propuesta para engrosar el hielo

El método se basa en aprovechar el intenso frío invernal del Ártico. Mediante bombas alimentadas por energías renovables, el agua oceánica se extrae desde debajo de la capa helada y se distribuye sobre la superficie.

Al entrar en contacto con temperaturas muy inferiores a cero grados, el agua se congela y añade espesor al hielo existente.

La técnica no pretende crear hielo nuevo desde cero, sino reforzar el que ya existe.

Diversos equipos de investigación han realizado pruebas piloto para comprobar si este aumento artificial del grosor puede prolongar la supervivencia del hielo durante el verano.

Los primeros resultados son prometedores, pero limitados

Las pruebas realizadas hasta ahora han mostrado resultados mixtos. Algunos experimentos han conseguido aumentar el espesor del hielo y retrasar parcialmente su deshielo estival.

Sin embargo, otros ensayos han observado que el beneficio desaparece relativamente rápido cuando llegan las temperaturas más suaves y la intensa radiación solar propia del verano ártico.

En este proyecto, la principal preocupación es la escala o la dimensión de lo que se pretende cambiar. Conseguir resultados apreciables a nivel regional requeriría actuar sobre superficies enormes.

Algunos cálculos estimanque, para proteger alrededor de un millón de kilómetros cuadrados de hielo marino, serían necesarios cientos de miles de dispositivos de bombeo enfuncionamiento simultáneo. 

El coste anual podría rondar los 10.000 millones de dólares, una cifra elevada pero que algunos defensores consideran asumible frente al coste económico y climático de perder el hielo ártico.

Anomalías en la cobertura de hielo en la región del Ártico desde los años 80 hasta la actualidad.
gráfico: Copernicus

¿Puede realmente salvarse el hielo del Ártico?

La gran incógnita es cuánto tiempo podría mantenerse el efecto de esta intervención. Los científicos coinciden en que engrosar el hielo puede ofrecer una ayuda temporal, pero difícilmente resolverá por sí solo el problema de fondo.

Mientras continúen aumentando las concentraciones de gases de efecto invernadero, la presión sobre el hielo seguirá creciendo.

Además, el hielo actual es mucho más joven y delgado que hace varias décadas. Gran parte del hielo multianual que antes sobrevivía durante varios inviernos ha sidosustituida por hielo estacional más fino y vulnerable.

Esta transformación hace que el océano Ártico sea cada vez más sensible a los episodios de calor extremo y a las tormentas.

Los riesgos y las dudas sobre la geoingeniería polar

Como ocurre con muchas propuestas de geoingeniería climática, la idea genera debate dentro de la comunidad científica.

Algunos expertos consideran que merece la pena investigar cualquier solución capaz de ralentizar la pérdida de hielo mientras avanzan las medidas de reducción de emisiones. 

Otros advierten de que las intervenciones a gran escala podrían tener efectos secundarios imprevistos en los ecosistemas marinos, las corrientes oceánicas o las comunidades indígenas que dependen del entorno ártico.

Por otra parte, el desarrollo de tecnologías como estas, que solo sirven para parchear un problema de fondo y reducir la presión política, no es lo más deseado.

De lo que realmente se trata es de intentar disminuir el uso de combustibles fósiles, cuando la reducción de emisiones sigue siendo la única solución capaz de abordar la causa principal del calentamiento global.

Concentración de hielo y anomalía en septiembre de 2025 sobre el Ártico. mapa: Copernicus

Un parche pero no una solución definitiva

La investigación sobre el engrosamiento artificial del hielo marino demuestra hasta qué punto la comunidad científica está buscando nuevas herramientas para afrontar una crisis climática cada vez más visible en las regiones polares.

Los primeros ensayos indican que es posible aumentar temporalmente el grosor del hielo, pero todavía está por demostrar que la técnica pueda aplicarse de forma masiva, eficiente y sostenible.

De momento, la mayoría de los expertos coinciden en que estas iniciativas podrían actuar como una medida complementaria para ganar tiempo, pero no sustituirán la necesidad de reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

El futuro del hielo ártico seguirá dependiendo, en última instancia, de la velocidad con la que el mundo consiga frenar el calentamiento global.

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