El vídeo más tierno de una osa y sus crías en Somiedo y que está enamorando a todos

El avistamiento de una osa con sus crías en Somiedo vuelve a poner el foco sobre la masificación turística en zonas de oso pardo.

Barbara

Lo que durante años fue uno de los grandes símbolos de conservación de la naturaleza en España empieza a generar cada vez más preocupación en Asturias. El turismo de avistamiento de osos en Somiedo se está convirtiendo en un auténtico fenómeno, sobre todo estos últimos veranos.

Algo que está abriendo un debate incómodo sobre dónde están los límites entre el ecoturismo y la presión humana sobre la fauna salvaje.

Y parte de ello es culpa de algunos vídeos difundidos en redes sociales por perfiles especializados en montaña y naturaleza. Lo que ha vuelto a poner la atención sobre una situación que muchos vecinos y expertos llevan tiempo denunciando.

Y es que cada vez las laderas de los valles y montañas que rodean el Parque se encuentran llenas de coches, grupos concentrados con prismáticos durante horas y osos observados a escasa distancia en zonas donde antes apenas había presencia humana.

En algunos puntos del Parque Natural de Somiedo, especialmente durante puentes, festivos y vacaciones de verano, la afluencia de visitantes se ha disparado.

Fuente: Banco de imágenes Canva 

El problema, según denuncian distintas voces vinculadas a la conservación, es que el éxito turístico del oso puede acabar perjudicando precisamente al animal que atrajo a miles de personas hasta la zona.

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El delicado equilibrio entre turismo y conservación

El oso pardo cantábrico continúa siendo una especie vulnerable. Aunque su población se ha recuperado en las últimas décadas, sigue dependiendo de espacios tranquilos y poco alterados para alimentarse, criar y desplazarse.

Cada vez preocupa más que algunos avistamientos se conviertan en auténticas concentraciones humanas. En ciertos casos, incluso se producen persecuciones indirectas para localizar ejemplares o conseguir las mejores imágenes.

Los expertos recuerdan que alterar las rutinas y el hábitat del oso puede generar en ellos estrés y, por ello, incrementar el riesgo de conflictos.

Frente a ello, empresas de ecoturismo y guías especializados defienden que la observación responsable también ha permitido generar empleo y fijar población en zonas rurales que durante años sufrieron despoblación y abandono.

El debate, sin embargo, ya está abierto en Asturias. Porque Somiedo vive ahora una paradoja cada vez más evidente: cuanto más éxito tiene el oso como atractivo turístico, mayor es el riesgo de que pierda precisamente aquello que necesita para sobrevivir, la tranquilidad.

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