Una perrita rescatada entre las llamas, símbolo del drama animal en los incendios
Una perrita herida fue rescatada entre las llamas, recordando que los incendios forestales también dejan miles de víctimas animales.
Javier Castaño
En medio de la ola de incendios que este verano asola la península Ibérica, una imagen se ha convertido en reflejo de la tragedia animal: el rescate de una perrita herida por los bomberos. El animal presentaba quemaduras en las patas, lesiones en el cuerpo y daños en los ojos, pero recibió agua, alimento y las primeras curas antes de ser entregada a las autoridades.
Una escena mínima en el conjunto del desastre, pero que pone rostro a un drama que habitualmente queda fuera de los balances oficiales.
Caballos y ovejas entre las víctimas
El mismo incendio que arrasó parte de Tres Cantos (Madrid) dejó tras de sí un panorama devastador: 27 caballos murieron calcinados en un centro hípico y otras 150 ovejas fueron halladas sin vida en explotaciones ganaderas cercanas. Un trabajador que intentaba salvar a los animales perdió también la vida a causa de las graves quemaduras sufridas.
El fuego avanza con rapidez y no distingue entre ganado, mascotas o fauna salvaje. Cada especie responde como puede: algunas huyen hacia zonas abiertas, otras buscan refugio en madrigueras, muchas quedan atrapadas.
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Los animales invisibles
Las llamas afectan también a la fauna silvestre: ciervos, jabalíes, aves, reptiles o pequeños mamíferos que no logran escapar. Imágenes compartidas en los últimos días muestran ovejas carbonizadas, jabalíes rodeados por el fuego o aves desplomadas en pleno vuelo. Son escenas que raramente se contabilizan en las estadísticas, pero que forman parte de la magnitud real del desastre.
Más allá de las muertes directas, los supervivientes enfrentan desorientación, falta de alimento y agua, así como una mayor exposición a depredadores en hábitats desprovistos de cobertura. Los centros de recuperación de fauna reciben cada verano numerosos ejemplares heridos, aunque con recursos limitados.
Incendios más extremos y duraderos
En las últimas décadas, los incendios se han vuelto menos frecuentes pero mucho más virulentos. Los llamados Grandes Incendios Forestales, que superan las 500 hectáreas, son cada vez más habituales. Su propagación rápida deja sin margen de escape incluso a las especies que históricamente habían logrado sobrevivir en entornos adaptados al fuego.
En los ecosistemas menos acostumbrados a las llamas, como los atlánticos, los efectos pueden resultar todavía más graves: desplazamientos hacia otras zonas, mortalidad elevada y alteraciones profundas en las comunidades animales.
Recuperación lenta y protocolos pendientes
Las zonas calcinadas tardan décadas en recuperar su biodiversidad. La regeneración de la vegetación es el primer paso para el regreso de la fauna, pero en muchos casos algunas especies no llegan a volver. Se instalan refugios temporales y puntos de agua, además de limitarse la caza y el pastoreo, aunque estas medidas son solo un alivio parcial.
La Ley de protección animal prevé protocolos de evacuación para ganado y mascotas en caso de catástrofe, pero aún no se han implantado. La realidad es que la protección depende de iniciativas locales y de la improvisación de propietarios y vecinos.
En algunos casos, como en la asociación Burrolandia de Tres Cantos, sistemas de aspersores automáticos y vigilancia remota permitieron salvar animales. Pero son excepciones.