Una tormenta solar dejó su huella en los árboles hace 800 años y ahora revela un secreto del Sol
Los anillos de árboles centenarios han permitido descubrir una tormenta solar medieval y un comportamiento del Sol distinto al actual.
Alejandro Riveiro
Un grupo de investigadores ha descubierto una gran tormenta solar que tuvo lugar a principios del siglo XIII, gracias a las huellas que dejó en los anillos de los árboles. No solo eso, han descubierto que el Sol también tenía un comportamiento algo diferente a lo que conocemos hoy en día.
El Sol pasó por una etapa muy activa hace cientos de años
Los anillos de los árboles pueden ser herramientas extremadamente útiles para entender el comportamiento del Sol en el pasado. Puede sonar de lo más extraño, pero es algo posible por los efectos que tienen las grandes tormentas solares.
En el estudio que han publicado, han descubierto que entre los años 1200 y 1204 la Tierra se vio golpeada por muchas ráfagas de protones y eyecciones de masa coronal. El hallazgo ha sido posible gracias al estudio de árboles en Japón.
Es algo muy interesante porque ofrece una oportunidad fascinante de entender cómo se comportaba nuestra estrella hace 825 años. Para entender el valor de este trabajo, tenemos que hablar de los eventos de protones solares (SPE, por sus siglas en inglés).
Estos eventos son ráfagas de protones que se mueven al 90% de la velocidad de la luz, propulsados por las eyecciones de masa coronal y las llamaradas solares. Las SPEs pueden ser peligrosas para los astronautas y las naves.

En la superficie, son inofensivas porque el campo magnético del planeta desvía la inmensa mayoría de esos protones. Pero, en ocasiones, algunos pueden llegar a descender hasta la atmósfera y chocar con los gases de la atmósfera, creando átomos como el carbono-14.
Los anillos de los árboles pueden ser herramientas extremadamente útiles para entender el comportamiento del Sol en el pasado.
Con el paso del tiempo, esos átomos se terminan incorporando a seres vivos y, de esa manera, pueden dejar su huella en los anillos de los árboles. Por si no fuese suficiente, este trabajo además se apoya en el diario de un poeta japonés.
Los relatos de un poeta y los anillos de los árboles
Fujiwara no Teika fue un poeta (y cortesano) japonés que vivió entre los años 1162 y 1241. Entre sus obras dejó un diario llamado Meigetsuki. Ese fue su punto de partida en la búsqueda de episodios de eventos de protones solares que fuesen muy potentes.
En su diario, Fujiwara no Teika recogió que, en febrero de 1204, vio «luces rojas en el cielo al norte de Kioto». Kioto está a una latitud muy alejada como para que las auroras sean un fenómeno frecuente. Aunque, cuanto más fuerte es una tormenta solar, más lejos puede verse la aurora.
Lo hemos vivido en los últimos años, aquí, en España, viendo auroras gracias a algunas tormentas solares que han sido muy intensas. A este testimonio de Fujiwara hay que sumar, también, registros de astrónomos chinos que vieron una aurora roja en la misma época.

Crédito: Wikimedia Commons/Brocken Inaglory
Los SPEs no son los responsables de crear auroras (eso es gracias a las eyecciones de masa coronal). Sin embargo, sí están conectados a esas eyecciones, así que una aurora especialmente fuerte sirve como punto de partida en busca de episodios que fuesen muy intensos.
En su diario, Fujiwara no Teika recogió que, en febrero de 1204, vio «luces rojas en el cielo al norte de Kioto».
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Así, los investigadores pusieron su atención en los árboles asunaro, en el norte de Japón, y el equipo descubrió carbono-14 en los anillos de árboles que se remontaban a esa época. Concretamente, entre el invierno de 1200 y la primavera de 1201.
En realidad, lo que muestran son las huellas de un SPE subextremo. Los propios investigadores explican que no son tan potentes como los SPEs más extremos, pero son más comunes (y tienen entre el 10 y el 30% de la potencia de los episodios más fuertes).
Un ciclo solar más corto
Con la ayuda de la dendroclimatología (el estudio de cómo la separación entre anillos en árboles registra cambios en el clima), los investigadores fueron capaces de determinar que el Sol debió estar muy activo durante aquella época.

Lo sorprendente es que, hasta ahora, se pensaba que el episodio más intenso de actividad solar, en los últimos 9000 años, comenzó en 1940.
Tanto es así que, de hecho, explican que el ciclo solar era más corto. En lugar de durar unos 11 años, como en el presente, duraba entre siete y ocho. Es una muestra de que el Sol, en aquella época, estaba muy activo. Lo más curioso es que la aurora que observaron los astrónomos chinos y Fujiwara sucedió cuando la actividad ya estaba bajando.
La tormenta solar que cambia lo que se sabía del ciclo solar
Por eso, los autores del estudio quieren profundizar en qué fue lo que provocó que, con el Sol camino del mínimo solar de aquel ciclo, fuese capaz de dejar auroras lejos de las regiones habituales. No es la primera vez que se encuentran pistas de que el ciclo solar ha variado con los años.
El estudio del carbono-14 y el berilio-10 muestra que la duración del ciclo solar ha cambiado a lo largo de los últimos 11 000 años. Lo sorprendente es que, hasta ahora, se pensaba que el episodio más intenso de actividad solar, en los últimos 9000 años, comenzó en 1940.
Este trabajo muestra que no es así: hace más de 800 años, el Sol pasó por un período incluso más robusto. Todo esto es muy útil para entender mejor el pasado del Sol y, también, para entender mejor su comportamiento y su actividad.
Algo que será muy útil de cara al futuro, cuando la meteorología espacial será todavía más importante para proteger a los astronautas en la futura base lunar. Es, también, un ejemplo de cómo la astronomía se sirve de todo tipo de fuentes para avanzar: incluso estudiando árboles centenarios de una remota región de Japón.