Una tromba de agua transforma Avilés en un escenario absolutamente anegado

Una tromba de agua anegó Avilés y obligó a activar un amplio dispositivo de emergencia.

Javier Castaño

La noche del domingo dejó en Avilés una estampa poco habitual incluso para una comarca acostumbrada a episodios lluviosos. Una célula de precipitación especialmente activa descargó en poco tiempo una cantidad de agua difícil de asumir para el drenaje urbano. Hubo calles convertidas en láminas de agua, garajes inutilizados y un goteo constante de avisos que mantuvo en movimiento a los servicios de emergencia durante horas.

Los registros muestran lo ocurrido con claridad: más de 40 litros por metro cuadrado en apenas una hora, casi 100 entre las 21:00 y la medianoche. Pero sobre el terreno se percibió de otra manera: alcantarillas rebosando sin tregua, vehículos avanzando con cautela y vecinos observando, desde los portales, cómo el agua seguía subiendo unos centímetros más.

La primera señal de alarma llegó pasada la nueve de la noche. La lluvia, intensa y persistente, empezó a acumularse en puntos muy concretos. Calles como José Cueto, Llano Ponte o Valdés Salas llamaron pronto la atención porque allí el agua subía más rápido de lo habitual. En las avenidas más amplias —Conde de Guadalhorce, Lugo, Portugal— la situación no tardó en replicarse. Fue un avance casi simultáneo.

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El alcance de las inundaciones en Avilés

Con ese panorama, el Ayuntamiento activó un puesto de mando en la sede de la Policía Local. Desde allí se coordinaron los desplazamientos del SEPA, la intervención de Bomberos de Asturias y el trabajo más discreto, pero sostenido, de URBASER y Aguas de Avilés, que trataban de reconducir el agua por una red saturada.

El parking del Centro Niemeyer se convirtió en uno de los puntos más delicados. El agua entraba con insistencia y los bomberos tuvieron que actuar casi de inmediato para evitar daños mayores. Lo mismo ocurrió en algunos edificios próximos a la travesía del Cristal, donde varios garajes se inundaron en cuestión de minutos.

Las restricciones de tráfico se sucedieron. La avenida de la Siderurgia, la calle del Muelle, Eduardo Carreño, Llano Ponte y el tramo de la curva Cristalería quedaron cerrados durante la madrugada. Con el amanecer, la situación fue perdiendo intensidad, aunque permanecían equipos de limpieza retirando lodos y asegurándose de que la red de drenaje recuperaba su funcionamiento.