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Sequía


¿Qué se entiende por sequía?

Una sequía consiste en una situación anormal que se da durante un periodo prolongado y sobre un área más o menos grande caracterizada por la escasez de precipitaciones respecto al comportamiento habitual.

Esta ausencia de precipitaciones se considera anómala cuando sucede en el período habitual de precipitaciones para una determinada región geográfica. De esta forma, para afirmar que existe sequía en una región, deben analizarse en primer lugar sus condiciones climatológicas.

No existe un criterio único universal para determinar el momento de inicio, final e intensidad de una sequía, pues depende del clima de cada lugar e incluso del usuario del agua que pueda verse afectado. Por ejemplo, un periodo de 2 o 3 meses sin apenas precipitación en una región semidesértica como puede ser el desierto de Tabernas (Almería) no supone el mismo impacto que si sucede en Galicia.

Hay diversos indicadores que se pueden usar, como es el caso del SPI (Índice Estandarizado de Precipitación) o el SPEI (Índice Estandarizado de Evapotranspiración).

Se considera una sequía absoluta, para un lugar o una región, cuando en un período de 15 días, en ninguno se ha registrado una precipitación mayor a 1 mm. Una sequía parcial se define cuando en un período de 29 días consecutivos la precipitación media diaria no excede 0.5 mm. Se precisa un poco más cuando se relaciona la insuficiente cantidad de precipitación con la actividad agrícola y el agua no es suficiente para satisfacer las necesidades de humanos, animales y plantas.

La causa inicial de toda sequía es la insuficiencia de precipitaciones (sequía meteorológica) lo que puede derivar en una escasez de recursos hídricos necesarios para el abastecimiento de la demanda existente (sequía hidrológica). A su vez, si el fenómeno afecta al nivel de demanda de agua existente tanto para uso humano como uso industrial estamos ante una situación de escasez de agua.

¿Por qué se producen sequías?

Estos eventos duraderos de ausencia o escasez de precipitaciones suelen estar asociados a situaciones de estancamiento atmosférico, con altas presiones (anticiclones) que se van continuamente renovando e impiden el paso de cualquier perturbación.

Las causas que dan lugar a este tipo de situaciones pueden tener un origen natural o antropogénico.

Las causas de origen natural se representan mediante los cambios en los patrones de la circulación atmosférica, variaciones en la actividad solar o los diferentes fenómenos de interacción atmósfera-océano.

El cambio climático actual, inducido por las actividades antropogénicas, también supone un impacto en la aparición de sequías. De hecho, se espera que estos fenómenos extremos aumenten su frecuencia y duración en numerosas regiones durante los próximos años.

Todas estas causas provocan un reparto anómalo de las precipitaciones, con zonas con superávit de precipitaciones y otras zonas con déficit. De forma paralela siempre tenemos regiones del planeta sufriendo sequías y otras con anomalías positivas de precipitación.

Tipos de sequías

  • Sequía meteorológica. Antecesora de los otros dos tipos. Tiene lugar cuando durante un periodo prolongado de tiempo hay menor cantidad de precipitación que lo que le corresponde a una zona según su media climática. Suele abarcar grandes extensiones.
  • Sequía hidrológica. Consecuencia de la primera, ocurre cuando las reservas de agua en fuentes como acuíferos, ríos, lagos y presas están por debajo de la media estadística. Esta sequía aparece de forma más gradual al tratarse de agua almacenada que se utiliza regularmente.
  • Sequía agrícola. Afecta a los campos de cultivo y a la ecología de un área geográfica concreta cuando las condiciones de usos y atmosféricas generan un déficit en el agua disponible para los cultivos.

Consecuencias de una sequía

Las sequías son, posiblemente, el fenómeno climatológico extremo que más problemas está dando y se espera que dé a lo largo de las próximas décadas, aumentando su frecuencia e intensidad por el cambio climático.

Históricamente, las sequías siempre han constituido una seria amenaza para la supervivencia de poblaciones, provocando migraciones masivas, hambrunas y conflictos bélicos.

Sus efectos pueden notarse en distintos ámbitos: agricultura, ganadería, producción energética (hidroeléctrica), medio ambiente (aumento de la contaminación y de los incendios forestales), etc. Todos ellos desembocan en un impacto socio-económico que puede afectar a millones de personas.

¿Cómo combatir las sequías?

Ante un fenómeno que parece inevitable como son las sequías meteorológicas, se pueden llevar a cabo acciones para mitigar las consecuentes sequías hidrológicas y agrícolas. Entre las más destacadas estarían la construcción de embalses, la optimización del consumo de los recursos hídricos (tanto superficiales como subterráneos) o la reutilización de las aguas residuales mediante su tratamiento. Otra medida también podrían ser los trasvases.

Desde 1994, cada 17 de junio se celebra el Día Mundial para Combatir la Desertificación y la Sequía con el objetivo de concienciar acerca de las iniciativas internacionales puestas en marcha para lidiar con estos fenómenos extremos.