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Niebla


¿Qué es la niebla y cuáles son sus características?

La niebla es un fenómeno meteorológico caracterizado por la aglomeración de pequeñas gotitas de agua líquida en suspensión muy concentradas en una capa de aire en contacto con el suelo, y que reducen considerablemente la visibilidad. El tamaño típico de las gotitas oscila entre 10 y 20 µm.

Por tanto, se trata de nubes que se sitúan muy cerca de la superficie y que no alcanzan gran altura (normalmente, apenas unas decenas o centenares de metros).

Aparecen normalmente en condiciones de alta estabilidad atmosférica y no suelen dejar precipitaciones apreciables, tan solo rocío o escarcha (cuando la temperatura es negativa) en las superficies.

En algunos casos pueden dejar algunas décimas de precipitación cuando la concentración de gotitas de agua en el aire es tal que llegan a precipitar suavemente. Esto se conoce con el término coloquial de niebla “meona” o niebla “llorona”.

Además, cuando esto ocurre con temperaturas bajo cero, aparece la cencellada, consistente en pequeñas agujas o plumas de hielo que dejan las superficies con una fina capa blanca. De esta forma el paisaje es similar al de una ligera nevada.

Sin embargo, en las zonas montañosas, también es frecuente que aparezca niebla con la presencia de nubes asociadas al paso de frentes de lluvias, ya que la base de estas nubes puede situarse por debajo de la altura a la que se encuentran estas zonas. También puede aparecer en otras zonas con el paso de un frente (cálido, principalmente)

Pero, en general, cuando hablamos de niebla, nos estamos refiriendo al fenómeno comentado inicialmente.

Las nieblas impiden que la radiación solar alcance la superficie, por lo que provocan un enfriamiento de las zonas afectadas por este fenómeno. Sin embargo, durante la noche producen el efecto contrario, impidiendo que se escape a la atmósfera parte del calor emitido desde el suelo. En consecuencia, en presencia de niebla, se tienen escasas amplitudes térmicas.

Éstas pueden aparecer ocupando enormes extensiones o de forma más local, formando lo que se conoce como bancos de niebla. Además, cuando reducen el campo de visión a menos de 200 metros de distancia, decimos que la niebla es densa.

¿Cómo se forma la niebla?

La niebla, al igual que todo tipo de nubes, es consecuencia de la condensación del vapor de agua atmosférico. Se distingue de las demás en que, en este caso, la condensación tiene lugar en los niveles más superficiales de la atmósfera. Además, está asociada a la estabilidad atmosférica.

Se forman cuando se alcanza una humedad relativa próxima al 100%, bien por enfriamiento de una capa de aire junto al suelo, o bien por incorporación de vapor de agua a la atmósfera (evaporación).

Para que se produzca la condensación, es necesario también que existan unas partículas higroscópicas (capaces de absorber humedad) en el aire llamadas núcleos de condensación, sobre las que se forman las gotitas.

Normalmente la niebla se genera progresivamente a medida que se va condensando más agua alrededor de los núcleos de condensación, haciendo que aumente su volumen. Primero se forma bruma y después niebla, cuando la gran concentración de gotitas hace que la visibilidad horizontal sea inferior a 1 km.

En ocasiones, las nubes que conforman la niebla pueden ascender ligeramente, desapareciendo la niebla de las zonas más bajas, pero manteniendo un cielo encapotado. Esto recibe el nombre de niebla alta o nubes bajas. Esto es más habitual durante el día, tendiendo de nuevo a descender por la noche.

Tipos de niebla

Según su origen, podemos distinguir 3 tipos principales de niebla:

  • Nieblas de advección

Se forman al pasar aire relativamente templado y húmedo procedente del océano por aguas costeras mucho más frías. En verano son típicas sobre el mar y en invierno más habituales en la costa (por los contrastes térmicos tierra-océano). Ejemplos: costa de California y costa del levante español en los meses de primavera.

  • Nieblas de irradiación o radiativas

Formadas gracias a un enfriamiento del aire en contacto con el aire frío superficial. Propias de situaciones anticiclónicas en invierno, con ausencia de viento, y asociadas a la inversión térmica. Son nieblas continentales, típicas en valles y grandes llanuras. Ejemplo: Valle del Ebro

Se forman por la noche y tienden a desaparecer durante la mañana, aunque pueden ser persistentes en ocasiones.

  • Nieblas de evaporación

Cuando aire relativamente frío se mueve sobre aguas más cálidas. Las nieblas se originan por la mezcla de la fina capa de aire templado y húmedo que se forma sobre el agua y el aire frío que pasa por encima. Se denominan también nieblas de mezcla.

Además de estos tipos fundamentales de niebla, existen otras como las niebla de ladera, a barlovento de las cadenas montañosas cuando el viento sopla perpendicular a éstas (al verse obligado a ascender, se enfría y condensa). También existen fenómenos atmosféricos que no son realmente nieblas, aunque guarden ciertas similitudes con ésta. Por ejemplo, el smog o esmog (originado por la contaminación del aire en algunas ciudades).

¿En qué se diferencia la niebla de la neblina?

La neblina también es un fenómeno de nubes bajas a ras de la superficie. Sin embargo, se diferencia de la niebla en que no es tan compacta. La neblina no reduce tanto la visibilidad como la niebla, siendo esta igual o superior a 1 kilómetro y dejando pasar tenuemente la luz solar.

La neblina también se conoce habitualmente como bruma.

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